MIÉRCOLES, 9 DE MARZO DE 2011
¿Y ahora por dónde?

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“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“¿Y ahora por dónde nos vamos? Hace cinco años nos espantaba la posibilidad de un país en manos de la demencia perredista. Ahora nos debe de espantar la posibilidad de regresar al priísmo tan elocuentemente descrito por Sócrates Rizzo. ¿Podemos pensar en que el PAN salga de su modorra?”


En Noviembre de 1993 los mexicanos iniciamos un vía crucis totalmente desconocido. Después que la mano divina favoreciera a Luis Donaldo Colosio con la candidatura a la Presidencia, por primera vez emanaban agresivos borbotones de inconformidad en la otrora disciplinada familia tomando a todo país por sorpresa, pero en especial al mismo ejecutor del celestial dedazo—el Presidente.

Durante los siguientes meses explotaría un volcán de pasiones políticas que pondría a prueba nuestras temblorosas instituciones, el poder omnipotente del mandatario, la frágil estructura económica que se pretendía reformar y, con la muerte de Colosio, llegaría luego el doloroso corolario. Diciembre nos servía una devaluación como tiro de gracia para una enfermiza banca, para millones de raquíticos negocios lo que le costarían al país más de 500,000 millones de dólares.

Moría una época, pero lo grave era que el intestado difunto no dejaba instrucciones en un país en el cual la estructura total dependía de eso; de la línea. Entre los empujones el dedo ahora ungía a un oscuro funcionario ubicado en las finanzas nacionales; Ernesto Zedillo. Los conspiradores nunca imaginaron que, con sus acciones, finalmente le abrían el zaguán de los Pinos a la sedienta oposición. El Pacto de Calles presentaba profundas grietas y los priistas tradicionales, “todos con el Presidente,” se sumaban a una manada sin caponera.

La bitácora presidencial listaba el plan iniciado por Salinas cinco años atrás con la tercera versión del Liberalismo. La primera fue de Juárez, pero se corrompía cuando se transformó en una visceral persecución de la Iglesia. La segunda emergía con el sello de Porfirio Díaz para darle su tono muy personal con un liberalismo económico—encabezado por los científicos y como religión el positivismo de Comte— pero con una tremenda autocracia política que lo atornillara en la silla casi 40 años. Salinas zarpaba con una tercera pero, para no dejar sentidos, le daba también su tono personal para convertirlo en el Neoliberalismo.

En Diciembre de 1994 Salinas entregaba el poder en medio de una seria crisis. Era claro el que su gestión “liberadora” había producido el destete de la familia revolucionaria, pero con 70 años de retraso. Por ello, en lugar de presentar un desahíje de becerros dos añeros listos para invadir los mercados mundiales, mostraba una partida de novillones centenarios portando cornamentas que no les permitían abordar el tren de la modernidad. Ante tal dilema, esos prehistóricos torunos simplemente buscaron los copiosos mezquitales para amogotarse en los ramajes del partido esperando tiempos mejores.

En Diciembre de 1994 Zedillo se aferraba al timón de un barco a punto de naufragar. Los novillones celebraban su anticipada victoria y emergían de los mogotes. Nunca imaginaron que Zedillo, ante la crisis, crecería a nivel de estadista enfrentando los problemas con galanura. Los libertarios formados en las filas del priismo, eran ahora los apestados y con histeria renegaban de su filiación. Pero Zedillo nivelaba el barco para al final de su ruta anclarlo en puerto seguro y entregando el timón, con claridad confesaba su filiación liberal.

El mando de la nave recaía en el nuevo Rey de la mercadotecnia quien, con un guión de primera, lograba seducir a esa avalancha de votantes desesperados por el cambio. Fox era elegido Presidente en acto histórico y, la noche de su victoria, el pueblo embriagado de esperanza le gritaba: “No nos falles Vicente.” Los escasos liberales en las filas del PRI, se retiraban en silencio luego de una humillante derrota cuando presentaran un insípido candidato de presencia e ideas nebulosas.  

Pero a casi once años de distancia del arribo del ruidoso Capitán y su chiquillada, los cambios prometidos no se han hecho realidad y ya nadie apuesta a que se harán. Los panistas no encuentran cómo justificar el grave estado de inmovilidad. Los más fieles se consuelan enviando remembranzas de las pasadas barrabasadas del PRI, para luego invitar a conformarse con lo mediocre novedoso para no regresar a lo malo conocido.

Pareciera que el PAN de Clouthier en el poder ha dejado de ser aquel partido de luchadores idealistas, de los bárbaros del norte gritando: “Síganme o hágase a un lado”. Pero si dirigimos la mirada al nuevo PRI el panorama es aun más preocupante. Los novillones no sólo han emergido de los mogotes, de nuevo se han adueñado del partido y se alistan para tomar el campo luego de que Fox dejara desierta su trinchera.

Ante las elecciones del año entrante, se inicia el dibujo de un nuevo y preocupante mapa político. El born again PRI en boca de Don Beltrone, asegura haber aprendido de sus errores encontrando la luz, la verdad, la ética, la moral, el secreto de gobernar con visión de estadistas simplemente pidiendo borrón y cuenta nueva. Olvidar los más de 70 años de mercantilismo, robos, estafas, agrarismo, populismo, devaluaciones, expropiaciones porque, como ellos mismos afirman, seremos todo eso pero sabemos gobernar y ahí tienen a Sócrates Rizzo presentando nuestro caso.

“El petróleo es nuestro,” grita el presidente legítimo cuando se reporta una pérdida de Pemex de casi $3,000 millones de dólares cuando los precios llegan a niveles record. Alguien lo inquiere preguntando. “Siendo usted el presidente legítimo, ¿cómo es posible que se quiera reelegir sin respetar el mandato constitucional?” El Peje se esconde entre esa nebulosidad cantinflesca siempre acudiendo a su chupacabras como el demonio de los mexicanos. Salta luego su posible Secretario de Relaciones Exteriores, Gerardo Fernández la Roña, definiendo su plan de trabajo al vestir el manto de guerra de Moctezuma y el cuchillo de Tetabiate.

El PAN parece inhabilitado para lavar el mal sabor de boca en los mexicanos por tantas promesas incumplidas. El honorable congreso de la unión se ha estacionado para ser la línea defensiva de los vaqueros de Dallas saboteando al ejecutivo y anclando las reformas que son las que pueden salvar al país.

Los verdaderos problemas de México continúan ocultos representados por deudas impagables incluyendo el heredero de FOBAPROA, los fondos ausentes del Seguro Social, los del Infonavit, innumerables pensiones y algo muy grave: La bancarrota en que se encuentran todos los estados de la república ahora en manos de reyecitos regionales. México continúa ocupando el sitio número 60 en la escala mundial de libertades económicas, frenado por la actitud del congreso para implementar reformas.

¿Y ahora por donde nos vamos? Hace cinco años nos espantaba la posibilidad de un país en manos de la demencia perredista. Ahora nos debe de espantar la posibilidad de regresar al priismo tan elocuentemente descrito por Sócrates Rizzo. ¿Podemos pensar en que el PAN salga de su modorra? Porque si no desciframos el crucigrama, como afirma Zabludovtansky ante las rebeliones del medio oriente, vale más poner las barbas a remojar.

• Problemas económicos de México • Democracia mexicana

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