Pesos y contrapesos
Abr 6, 2011
Arturo Damm

¿Ignorancia? ¿Mala fe? ¿Prejuicio?

En materia de economía con frecuencia leemos u oímos en los medios barbaridades que atentan, no contra las leyes universales de la economía, sino contra los principios básicos de la lógica (sin olvidar que muchas de las leyes de la economía no son más que la aplicación práctica, ante el fenómeno de la escasez, de los principios de la lógica).

En materia de economía con frecuencia leemos u oímos en los medios barbaridades que atentan, no contra las leyes universales de la economía, sino contra los principios básicos de la lógica (sin olvidar que muchas de las leyes de la economía no son más que la aplicación práctica, ante el fenómeno de la escasez, de los principios de la lógica).

Muestra de lo anterior es el siguiente párrafo, leído en la edición del martes 5 de abril del periódico El punto crítico, y que transcribo tal cual: “…poco más de 120 millones de mexicanos (según el censo 2010, al momento de su levantamiento, entre el 31 de mayo y el 25 de junio, éramos 112 millones 336 mil 538 de mexicanos, lejos todavía, tanto en aquel entonces como hoy, de los 120)1 están sentenciados (¡Sentenciados!)2 a consumir productos cárnicos y pecuarios importados de los Estados Unidos…”, como si el consumo de tales productos fuera, tal y como lo quiere hacer creer el responsable del artículo, cuyo nombre desconocemos ya que no aparece firma alguna, una sentencia, en el sentido de la resolución, condenatoria y castigadora, emitida por un juez.

Al margen de la razón (que puede ser desde el libre comercio, sin intervención alguna del gobierno, hasta un mercado distorsionado, precisamente por la manipulación gubernamental) por la cual los mexicanos consumimos cada vez más, más carne importada, el hecho es que ese consumo es, sin duda, la mejor opción y, al serlo, contribuye a elevar el bienestar de los mexicanos, que eso, elevar el bienestar de quienes participan en él, es el principal objetivo del comercio entre persona de distinta nacionalidad, como lo son, por un lado, los oferentes de carne y productos pecuarios estadounidenses y, por el otro, los consumidores mexicanos de tales mercancías, de tal manera que afirmar, como se hace en el artículo de marras, que millones de mexicanos estamos sentenciados, ¡en el sentido negativo del término!, a consumir cada vez más, más productos estadounidenses, no pasa de ser una tontería, producto de…, ¿de qué? ¿Ignorancia? ¿Mala fe? ¿Prejuicios?

¿Pensará, quien tal barbaridad escribió, que lo ideal es que los mexicanos consumamos solamente lo hecho en México, razón por la cual el consumo de cualquier mercancía importada es tanto como una sentencia? Si es así, hay que recordarle que, con relación a las mercancías, lo importante es el precio, la calidad y el servicio, no el país de origen, y que si se ha de elevar el bienestar de la gente la opción de consumo debe ser la de menor precio, mayor calidad y mejor servicio, independientemente de dónde se haya producido la mercancía.

¿O pensará, el incógnito articulista, inspirado en el mercantilismo, que toda importación, por el hecho de serlo, es mala? Si fuera el caso hay que recordarle que, por cada dólar de mercancía importada, ayer, hoy o mañana, hay un dólar de mercancía exportada, como que dos más son cuatro.

La barbaridad mencionada, ¿de qué es consecuencia? ¿De ignorancia? ¿De mala fe? ¿De prejuicios?

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1 Paréntesis mío.

2 Idem.



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