El Econoclasta
Mar 3, 2006
Isaac Katz

Gobierno o individuo

Quedan cuatro largos meses de campaña electoral y en este tiempo seguiremos escuchando a los cinco candidatos a la presidencia lo que el gobierno hará por los individuos.

Dos son las constantes en las campañas electorales hacia la presidencia de la República, no importa de cual candidato estemos hablando. La primera es la persistente solicitud por parte de individuos y/o grupos para que el gobierno les resuelva casi cualquier problema, no importa que ese problema en particular no caiga en el ámbito federal. La segunda es la promesa por parte de los candidatos que el gobierno sí les resolverá esos problemas, que ellos cuentan con la “varita mágica” que pondrán en acción cuando asuman la presidencia. Este juego de “te pido y te ofrezco”, natural en casi cualquier campaña electoral dado que se trata de un mercado de votos, en el caso particular de México refleja la herencia histórica, realmente desde la época prehispánica, de la subordinación del individuo al gobierno, refleja la poca importancia que se le ha dado en nuestro país a la libertad individual. Esta relación de subordinación individual al gobierno, no se ha tratado de una política de corte socialista en donde el gobierno se haya encargado del individuo “desde la cuna a la tumba”; se ha tratado, en realidad, de una relación en la cual el gobierno ha favorecido a determinados individuos o grupos con un arreglo institucional que les ha permitido a estos apropiarse de rentas extraordinarias a costa del bienestar de la mayoría a cambio, generalmente, de un sucio apoyo político. Esta política gubernamental que ha coartado la libertad individual explica, en gran medida, porqué México es un país subdesarrollado, porqué existe tanta pobreza y porqué la tan inequitativa distribución de la riqueza y del ingreso.

 

Históricamente el gobierno, en lugar de otorgarle a los individuos de un ámbito institucional en el cual, gozando de entera libertad para elegir y emprender, puedan prosperar, ha seguido una política de protección a dueños de empresas, que no empresarios en el sentido shumpeteriano de aquél que está dispuesto a arriesgar, ha favorecido a sindicatos con enormes prebendas a cambio del apoyo político que los “líderes” sindicales puedan ofrecer, ha favorecido a una enorme y destructiva burocracia que puede de manera impune apropiarse de parte de las utilidades de los proyectos de inversión privados mediante el chantaje. En todo este “juego” los individuos, como individuos, prácticamente no ha contado.

 

Políticas comerciales proteccionistas que le impiden a los individuos ser enteramente libres para elegir a quién le van a adquirir los bienes que desean consumir y que, de igual manera, le impiden a muchas empresas elegir libremente a sus proveedores de insumos, no importa en qué lugar del mundo estén. Políticas de protección a sindicatos y “líderes” sindicales que coartan la libertad individual para decidir dónde emplearse, dónde enviar a sus hijos a estudiar o dónde atenderse los problemas de salud. Políticas gubernamentales, en todos los niveles de gobierno, que imponen bizarras barreras de entrada a los mercados y que le coartan a los individuos la libertad para elegir en qué sector de actividad económica invertir sus recursos. En suma, políticas gubernamentales que, sin llegar al extremo de la esclavitud comunista en donde el individuo es solamente un engrane más en el aparato estatal, sí se constituyen como elementos que nos hacen ser menos libres para perseguir, de acuerdo con nuestras preferencias y respetando siempre los derechos de propiedad de terceros, nuestra prosperidad y felicidad.

 

Quedan cuatro largos meses de campaña electoral y en este tiempo seguiremos escuchando a los cinco candidatos a la presidencia lo que el gobierno hará por los individuos. Nunca escucharemos de ninguno de ellos siquiera una vaga promesa de que su política, en caso de ser ungidos por el voto popular, se encaminará a derruir todo el tinglado proteccionista que nos oprime, no escucharemos de ninguno de ellos, porque al final de cuentas le otorgan muy poco valor a los individuos, que buscarán modificar el arreglo institucional para dotarnos de mayor libertad. Algunos incrédulos seguramente estarán muy contentos de escuchar esas vacuas promesas de soluciones mágicas a sus problemas que los candidatos están repartiendo a diestra y siniestra. Con certeza, en algunos años estos mismos individuos terminarán decepcionados y desilusionados porque el gobierno no les resolvió nada excepto, claro está, quienes se vean favorecidos por la protección y las prebendas gubernamentales. Y mientras tanto, México seguirá siendo pobre e inequitativo.



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