Práctica económica
Mar 7, 2006
Juan Carlos Leal

Malas leyes, malas autoridades, malos mexicanos

¿Será que lo que nos hace falta es educación cívica? O ¿será que no nos gusta la libertad, el estado de derecho, la legalidad y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos?

Me sigue resultando indignante la “resolución” del caso Sheraton en dos días y después de pleitos, periodicazos y amenazas. Y es que hace unos días un amigo se preguntaba ¿quién manda o quien gobierna en México? Y la respuesta no es sencilla, ya que una primera aproximación al caos que hoy vivimos diríamos: nadie, una segunda nos podría llevar a decir, los caciques de cada estado o ciudad importante imponen su ley, léase una colección de engendros que incluye a Jaramillos, Marines y bestias de esa especie que creíamos en extinción pero que cada vez más parecen decir aquí sólo mis chicharrones truenan y lo peor es que así es. Una tercera aproximación podría decir que reina la apatía, legisladores pensando en su próxima chamba, autoridades pendientes de cómo va a ser el reparto nuevo, jueces viéndola pasar, empresarios extendiendo la mano, y ciudadanos hartos de ver eso y observando telenovelas o relamiéndose por un mundial de fútbol que prometa más que las tristes campañas políticas y un candidato que siente que ya ganó y da instrucciones y sustos a diestra y siniestra. Se puede uno preguntar ¿falta más?, pues sí, también están los sin ley, desde narcotraficantes a ladrones, pasando por informales y taxis pirata a los que nadie toca, acuerdan con autoridades y hacen reinar su ley: el desorden y el terror.

 

Pero entonces ¿qué pasa?, que seguimos viviendo en un régimen de reglamentos, leyes, circulares y todo un amasijo de regulaciones que se acumulan a tal grado que la gente prefiere evadirlas o arreglarse con las autoridades del nivel más bajo, las que tiene contacto con la gente y de esta forma operar de forma irregular o regular pero no del todo regular. Y es que según los cálculos de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria el costo de esta regulación pude llegar al 15% del PIB, y por ello mejor nos arreglamos con 500, mil, 10 mil o 50 mil pesos, tu te haces ojo de hormiga y así nos la llevamos, hasta que alguien haga preguntas o le diga a la prensa, entonces clausuramos, nos arreglamos y santo remedio, nadie sabe, nadie supo, pero eso es nuestro gobierno.

 

Y es de esta forma como el policía de transito, el inspector de Profeco, el jefe de permisos o el ministerio público gobiernan y los de arriba, pues ni se enteran o están coludidos. Parece que eso es más eficiente que cumplir con todo lo que marca la Ley, cuando no muchas veces se ignora y se opera, con irregularidades, pero así es nuestra cultura o ¿cuántas veces ha visto a la gente negociando el papel que le falta o pidiendo un plazo perentorio para cumplir? Y lo peor es que la “autoridad” se los concede, Nos hemos hecho expertos en estirar las Leyes, que como el chicle en el algún momento se pegan y a ver cómo salimos de ella, pues muy simple, el costo de desprenderlo y dejarlo como estaba se incrementa pero no se regresa a su envoltorio, es decir, no se cumple, se estira, se estira y se estira, hasta que llegue el nuevo encargado y a ver cuáles son sus condiciones.

 

Esto no es otra cosa que inseguridad jurídica para el ciudadano, el inversionista y la autoridad, pues vivimos en el país de la interpretación. Con ello se impide la inversión, el desarrollo y la generación de empleo, es más el modelo ya lo estamos exportando. En los últimos tiempos hemos oído de las empresas étnicas en los Estados Unidos, donde se vende Coca–cola de verdad, traída de contrabando desde México o se expenden medicinas de venta libre en México pero que en aquel país requieren recetas como el Mejoral, de las cantinas mexicanas, que operan sin licencias y sin planes de emergencia, y una larga lista de etcéteras, ¿entonces el modelo funciona?

 

Queda claro que no basta con pasar las leyes de reforma, nunca mejor dicho y haciendo clara referencia a nuestra historia, sino hacer una reforma de los que pasan las leyes y de los que deberán operarlas. Eso parece remitirnos al principio de todo, ¿será que lo que nos hace falta es educación cívica? O ¿será que no nos gusta la libertad, el estado de derecho, la legalidad y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos? A ver si alguno de los candidatos será capaz de responder a estas preguntas.



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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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