Jaque Mate
Nov 4, 2011
Sergio Sarmiento

Sin reelección

La reelección legislativa habría modificado de inmediato los incentivos de actuación de diputados y senadores. Habría impulsado una mayor rendición de cuentas del Congreso. Quizá ésta fue la razón que llevó a los diputados a eliminar la reelección de la reforma política.

Al final la Cámara de Diputados aprobó una reforma política pero sin la reelección de legisladores y presidentes municipales, que era la parte fundamental de este esfuerzo. Lo curioso del caso es que los senadores, incluso los del PRI, habían aprobado antes la reelección. En la cámara baja los priistas de la vieja escuela ganaron la batalla.

La reelección de legisladores es considerada por los especialistas como uno de los factores fundamentales para lograr una verdadera rendición de cuentas del poder legislativo. Es un proceso que existe en virtualmente todos los países democráticos del mundo; Costa Rica y México son las únicas excepciones. La falta de reelección hace que los legisladores dependan completamente de los dirigentes de sus partidos; cuando los diputados y los senadores pueden ser reelectos, acuden en cambio a los ciudadanos, que tienen con su voto la posibilidad de castigar a los malos y premiar a los buenos.

La reelección de presidentes municipales permitiría la realización de proyectos, particularmente de obra pública, de más largo plazo. En la actualidad los gobiernos se ven restringidos a realizar proyectos con un máximo de tres años de duración. Pero si tomamos en cuenta que se requiere un período largo para simplemente tomar el control de un gobierno municipal, más lo que se necesita para obtener financiación y desarrollar proyectos ejecutivos, el tiempo real para realizar obras suele reducirse a uno o máximo dos años. No es suficiente para los trabajos que requiere una ciudad moderna.

Los diputados del PRI bloquearon la reelección fundamentalmente para mantener el control del partido sobre los diputados en un momento en que ven ya inminente el retorno de su partido a Los Pinos. No sorprende que el aspirante más fuerte a la presidencia, el ex gobernador del Estado de México Enrique Peña Nieto, se haya opuesto a la reelección de legisladores. Si es presidente, buscaría tener el mayor control posible del Congreso.

Otras propuestas innovadoras de la reforma política sí se han preservado. Están ahí, por ejemplo, las candidaturas independientes y la consulta ciudadana. La experiencia nos dice, sin embargo, que éstas tendrán poca o ninguna consecuencia concreta en la vida política de nuestro país. Las candidaturas ciudadanas deben ser legales por una razón de principio: no se puede negar a un ciudadano buscar un cargo de elección popular simplemente porque no es miembro de un partido político. La actual discriminación a los independientes es inaceptable. Pero la experiencia internacional nos dice que rara vez una candidatura independiente a los partidos tendrá éxito.

La reelección legislativa, en cambio, habría modificado de inmediato los incentivos de actuación de diputados y senadores, quienes habrían tenido una mayor motivación para mejorar su trabajo y para mantener un contacto real con sus electores. Lo más importante es que habría impulsado una mayor rendición de cuentas del Congreso. Quizá ésta fue la razón que llevó a los diputados a eliminar la reelección de la reforma política.



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