MIÉRCOLES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2011
Economistas al poder

¿Usted está de acuerdo en que los mexicanos debemos consumir sólo los granos producidos en el país?
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“Hay gente que se opone al libre comercio pero le parece normal poder ir a la tienda de su elección a comprar los bienes que consume y hasta se enojaría si le prohibieran ir a una tienda en particular.”
Isaac Katz

Arturo Damm







“Tras los políticos irresponsables, que generaron una crisis sobreendeudamiento, llegan los economistas sensatos. Ya veremos qué logran Monti y Papademos”


Lo ha señalado Ricardo Medina: tras los pirómanos llegan los bomberos, es decir, tras los políticos irresponsables, que generaron una crisis sobreendeudamiento, llegan los economistas sensatos (ojo: este adjetivo - sensato -, es el que hace toda la diferencia) a resolver el problema (con todos los problemas, sobre todo políticos, que ello supone, comenzando por los costos inherentes a las medidas de ajuste fiscal) y a proponer las medidas necesarias para que ese tipo de problema no vuelva a darse (con la resistencia que ello genera entre los políticos irresponsables, comenzando por los legisladores de corte populista).

Ya lo estamos viendo. En Grecia sale George Papandreu y entra Lucas Papademos, economista, considerado sensato. En Italia otro tanto: sale Silvio Berlusconi y entra Mario Monti, otro economista, también considerad sensato. Ambos enfrentan un doble reto, el urgente y el importante. El primero consiste en poner orden en las por demás desordenadas finanza gubernamentales griegas e italianas. El segundo tiene que ver con los cambios necesarios, en las reglas del juego fiscal, para evitar que, una vez puesto orden en las finanzas gubernamentales, el desorden vuelva a aparecer. Me queda claro que la intención de ambos – Papademos y Monti -, es enfrentar el primer reto. Lo que no me queda claro es si tan siquiera han considerado el segundo.

La solución al primer problema, el del desorden en las finanzas gubernamentales,  supone, en esencia, dos líneas de acción. La primera consiste en aumentar ingresos por la vía del cobro de más impuestos, a lo cual se oponen los contribuyentes, sobre todo si son cautivos. La segunda consiste en la reducción del gasto gubernamental, a la cual se oponen las clientelas presupuestarias, es decir, todos los grupos de interés que se benefician del gasto del gobierno, comenzando por quienes administran dichos presupuestos, los burócratas. Ya se ve que la solución de este primer problema genera problemas políticos, por la reacción de los afectados, ya sean los contribuyentes, ya las clientelas presupuestarias.

La solución al segundo problema, el de modificar las reglas del juego fiscal para evitar problemas de sobreendeudamiento, supone que, por ley, se prohíba financiar gasto gubernamental con deuda, de tal manera que todo ese gasto se financie (como al final de cuentas sucede) con impuestos, medida a la que se oponen, de entrada, los legisladores populistas y su contraparte práctica, los políticos irresponsables, los que han hecho de la deuda una manera común y corriente de financiar gasto, con las consecuencias que estamos viendo en Grecia e Italia, ¡sin olvidar a los Estados Unidos, cuyos últimos gobiernos, en la materia, no han cantado mal las rancheras!

Existe una tercera opción: la venta de activos, suponiendo, uno, que se cuente con ellos y, dos, que contándose con ellos se puedan vender, lo cual puede no ser el caso, sobre todo si esos activos se consideran propiedad de la nación o de alguna otra entelequia por el estilo, como puede ser el pueblo.

Por lo pronto ya veremos qué logran Monti y Papademos.


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