MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2011
Y volver, volver, volver

¿Usted considera que la propuesta de otorgar una renta de 10 mil pesos al año a cada ciudadano es una buena idea para erradicar la pobreza?
No
No sé



“La inflación no es una catástrofe de la naturaleza ni una enfermedad. La inflación es una política.”
Ludwig von Mises

Ricardo Valenzuela









“¿Qué le responderíamos al Prof. Harrison en estos momentos? Pues no se pudo y ahora, ante una nueva elección, entonamos a ronco pecho el “Volver, volver, volver, al rentismo otra vez.””


Desde que en semanas recientes se diera la noticia de una población mundial contabilizando los 7,000 millones, se ha reiniciado el viejo debate al que diera vida Malthus hace 200 años: “El globo se está echando una carga que ya no puede soportar, la sobrepoblación mundial, advirtiendo el que en pocos años no se podrá tan siquiera alimentar y tal vez tampoco se pueda asentar.”

Los apocalípticos recurren a las imágenes de un África azotada por el hambre y la pobreza. Los optimistas nos invitan a revisar la historia de países como los EU, Canadá, Japón, Alemania, Corea del Sur etc. Los primeros señalan un panorama de canibalismo y hambruna, los segundos acuden a otro de países nadando en sabiduría, riqueza y bienestar. Unos miran el aumento de población como el gran problema, los otros la ven como la gran oportunidad.

Un debate similar ocupó mi mente dese que era niño y siendo estudiante en el Tecnológico de Monterrey, durante vacaciones viajábamos en auto Monterrey-Laredo, después atravesábamos los estados de Texas, Nuevo Mexico y Arizona por la vieja carretera que bordeaba la frontera con EU para luego bajar a Sonora. El panorama era realmente triste, una sola cerca dividía la prosperidad de la pobreza, la modernidad con un doloroso pasado. El pasado con el futuro.

Esa interrogante me persiguió durante muchos años por lo que me di a la tarea de encontrar la respuesta. Esa jornada me llevó inclusive a conocer al legendario Milton Friedman, una experiencia inolvidable. Me ha llevado a una serie de análisis de aspectos políticos, religiosos, antropológicos, educativos y, sobre todo, nuestras herencias mentales, con desenlaces que me dejan impresionado.

En esta exploración he encontrado infinidad de argumentos, sin embargo, el más convencedor lo rescaté en un par de libros del autor, Lawrence Harrison, titulados: “El sueño Panamericano” y “Subdesarrollo es un Estado Mental.” Harrison acaba de publicar la segunda versión de uno de sus libros: “Subdesarrollo es un Estado Mental,” puesto que la primera edición se originó en 1985, y es sumamente interesante analizar los resultados del regreso de la pluma inquisidora del autor, en donde crucifica nuestras conductas ante un mundo completamente confundido que parece haber perdido el mapa y el compás.

En sus obras originales Harrison hace causa común con Octavio Paz para explicar el contraste entre las dos Américas, la heredera de Inglaterra y la heredera de España y Portugal, cuando afirma: “Una, en la que se habla inglés, es la hija de la tradición que fundó el mundo moderno, La Reforma, con sus consecuencias sociales y políticas, democracia y capitalismo. La otra, en la que se habla español y portugués, es la hija de la monarquía católica universal y de la contra Reforma.” Los legados Anglo protestantes e Ibero católicos. Es decir, identifica las causas del progreso y desarrollo en una, y el subdesarrollo en otra, con la herencia protestante Calvinista y la democracia inventada por los padres de la patria americana por un lado, y en la herencia católica—enemiga del capitalismo—y la autocracia política de la corona de España.

En pocas palabras; Mientras los EU se embriagaban de mercados y democracia liberal con base a las ideas de Adam Smith y John Locke, luego implementadas por Jefferson y todos los presidentes elegidos democráticamente en su primer siglo de vida republicana, en México nos sumergíamos en una serie de sangrientas guerras entre militares sedientos de poder, que nos produciría la dictadura Porfirista y después la revolución que arruinó el país. Mientras en los EU los partidos federalista, demócrata y republicano iniciaban una competencia política feroz, en México el PRI establecía su dictadura perfecta en la que el estado escogería a los ganadores y perdedores, para colgar una piedra en el cuello del país durante los siguientes casi 100 años.

Sin embargo, el libro de Harrison fue publicado hace más de 25 años, el mundo luce muy diferente en estos momentos. La Unión Soviética ya no existe. La mayoría de los países de América Latina son ahora democracias. Los nuevos líderes latinoamericanos “trataron” de erradicar las políticas estatistas para instalar nuevas estructuras basadas en los mercados. En México podemos comparar la época en la que Echeverría constantemente insultaba a los EU, con esta nueva era en la que nos hemos convertido en socios y, por segunda vez en los últimos casi 100 años, un presidente democráticamente electo ajeno al fatídico pacto de Calles.

A veinticinco años de distancia—con otra elección en puerta—la gran duda para el autor es si realmente México ha resuelto el problema más importante que le impedía lograr un verdadero desarrollo económico, político, social—“sus estructuras mentales”. En un país como el nuestro en el cual la producción, la política y la educación habían sido estructuradas para mantener al partido en el poder, en el cual de nuevo una medieval iglesia católica participa en la formación mental de la sociedad, realmente se dudaba que esas estructuras hubieran cambiado.

Finalmente el autor asegura que cuando en México se presenten estas siete condiciones que siempre han sido saboteadas por el establishment priista, será cuando verdaderamente se inicie nuestro desarrollo:

1) La creación de un ambiente en el cual la gente espere y reciba un tratamiento justo. Desaparezca la familia revolucionaria. Desaparezca la visible mano del Estado para escoger ganadores y perdedores.

2) Un sistema educativo efectivo y accesible: uno que ofrezca herramientas intelectuales y vocacionales básicas; nutra la curiosidad e inquietud intelectual, las facultades criticas, el disentir, y la creatividad y, sobre todo, proporcione las herramientas para resolver nuestros propios problemas, para de esa forma deshacernos de las cadenas del estatismo y la dependencia.

3) Un sistema de salud que proteja a la gente de las enfermedades que debilitan su intelecto y matan. Un sistema de salud preventivo que realmente proteja nuestro capital más importante, el capital humano.

4) La creación de un ambiente que promueva la experimentación y la crítica. Un ambiente que promueva la formación de exploradores, que promueva la formación de tomadores de riesgos.

5) La creación de un ambiente en el que se ayude a la gente a descubrir sus talentos, sus intereses, y conjugarlos con una actividad profesional adecuada que tenga la demanda que sólo los mercados libres producen.

6) Mediante la creación de un sistema de incentivos que premie el mérito y los logros, y castigue nepotismo, irresponsabilidad, la dependencia etc.

7) La creación de la estabilidad y la continuidad que haga posible el planear el futuro con confianza.

¿Qué le responderíamos al Prof. Harrison en estos momentos? Pues no se pudo y ahora, ante una nueva elección, entonamos a ronco pecho el “Volver, volver, volver, al rentismo otra vez.”


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