MIÉRCOLES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2011
Peña y los fantasmas del pasado

¿Usted apoya la suspensión de la aplicación de la Ley Federal de Remuneraciones ordenada por la Suprema Corte?
No
No sé



“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Isaac L. Sánchez







“La historia del PRI en el poder se encuentra más que documentada, lo que somos hoy se lo debemos a dicho partido. Durante todos los años de gobiernos tricolores se sentaron y fortalecieron las bases de nuestro actual subdesarrollo. Por supuesto, que no todo fue negativo, se tomaron decisiones acertadas y crearon instituciones que hoy son indispensables, pero en la balanza fueron mayoría los daños.”


El día domingo, en la sede nacional del PRI, Enrique Peña Nieto se registró como único precandidato a la Presidencia de la República y a mediados del mes de diciembre se convertirá oficialmente en el candidato de ese partido. Debido a que era domingo y no tenía otra cosa mejor que hacer, decidí ver la ceremonia de formalización de su precandidatura por la televisión y quedé sorprendido al ver como rituales políticos que datan de 1928 siguen vigentes. Muy mala señal fue que el lugar donde estaban reunidos se llamara Auditorio Plutarco Elías Calles.

Los cientos de asistentes, la mayoría de ellos funcionarios públicos y políticos (también había actores, periodistas, académicos y hasta deportistas) no se cansaban de vitorear y adular a su precandidato único o de “unidad” según dicen ellos. La verdad es que desde hace dos años ya se sabía que el ahora ex gobernador del Estado de México sería el suspirante. La forma en la que casi se convierte en candidato (debe esperar a diciembre) es reflejo de los mecanismos de operación de un partido que habla de democracia, pero que no la ejerce. En un partido que se jacta de tener tantos militantes, ¿quién decidió que él tenía que ser el candidato de unidad?

La ciudadanía, como resultado de tanta violencia e inseguridad por todos los rincones del país, está harta, o como dice el poeta Javier Sicilia: “¡Estamos hasta la madre!”, por ello quiere un cambio, desea incluso un regreso a las condiciones anteriores al 2006, supone que el México del pasado era mejor y asocia ésta idea con el PRI. En función de esto ­–y de el bajo crecimiento, desempleo y pobreza–, las encuestas de preferencia electoral indican que Enrique Peña Nieto puede ser, de mantenerse la tendencia al día de la elección, el próximo Presidente de México.

Si nos ceñimos a lo que el PRI y sus gobernantes fueron de 1928 al 2000 no podemos esperar nada bueno, el cambio sólo sería para magnificar las condiciones de pobreza, desempleo, violencia, inseguridad y crisis. Le advierto que no tengo preferencia electoral, todos los pre-candidatos me dan lo mismo, todos mienten, son unos megalómanos que pretenden saberlo y controlarlo todo, demostrando con ello una tremenda ignorancia.

La historia del PRI en el poder se encuentra más que documentada, lo que somos hoy se lo debemos a dicho partido. Durante todos los años de gobiernos tricolores se sentaron y fortalecieron las bases de nuestro actual subdesarrollo. Por supuesto, que no todo fue negativo, se tomaron decisiones acertadas y crearon instituciones que hoy son indispensables, pero en la balanza fueron mayoría los daños: la ausencia de un sistema de avance social y de distribución de beneficios basado en el mérito, la creación y fortalecimiento de los grupos de búsqueda de rentas, el paternalismo, el no respeto del Estado de derecho, la débil aplicación de los contratos, la no exclusividad del régimen de propiedad privada en el país y la rampante corrupción.

Existe, desde mi personal punto de vista, un riesgo de regreso al autoritarismo y dispendio si el PRI retoma nuevamente la administración federal. A Peña lo rondan los fantasmas del pasado. Dadas las lecciones de la historia, considero que con un gobierno de extracción priista no es posible tener un México pacífico, democrático y competitivo. Estuvieron 70 años en el poder y no lo lograron, ¿qué puede hacernos creer que ahora si lo lograrán? Definitivamente sólo una pasión ingenua.

Situación difícil la nuestra, porque los otros partidos tampoco ofrecen lo que buscamos, el azul ofrece continuidad, o sea más de lo mismo (más de 50 mil muertes y más de 13 millones de personas en la informalidad). El amarillo ofrece un modelo muy semejante al del PRI de los cuarentas, cincuentas y sesentas, en un mundo que ya no es el de aquella época. Nuestra negra realidad: ningún partido es opción.

Poniéndome romántico, tendría que decirle que no confiáramos en ninguno de estos líderes, que nos concentráramos en los marcos institucionales, pero al final, el día de la elección tenemos que hacerlo, tenemos que decidirnos por alguien. No podemos eludir nuestra responsabilidad democrática de votar. En este sentido, más vale conocer sus trayectorias, sus propuestas y analizar la congruencia. Al final votar por el menos fementido.

En el caso de Enrique Peña Nieto, ha indicado en diversos foros que tienen claro que de llegar a la presidencia pondría su esfuerzo en diez principios económicos: 1) mantener la estabilidad macroeconómica; 2) fomentar la competencia económica; 3) impulsar a México como una potencia energética; 4) invertir en capital humano; 5) aumentar el nivel de crédito; 6) duplicar la inversión en infraestructura; 7) reducir la economía informal; 8) diseñar una nueva estrategia de comercio exterior para competir con China y la India; 9) tener una nueva política económica; y 10) realizar una reforma fiscal integral.

En esencia, este decálogo que Peña ha mencionado en sus presentaciones, me parece adecuado. Aunque existen puntos que se tendrían que agregar, como el fomento al funcionamiento eficiente de los mercados, el incremento de la productividad y de forma vital, el reconocer que el Estado y sus administradores no lo pueden resolver todo en materia económica, que muchas veces es mejor mantenerse apartado, pero eso sí, crear las condiciones para un juego limpio para todos los actores.

No obstante lo pertinente de su discurso en materia económica, por su origen y compromisos, tengo dudas sobre el grado de cumplimiento de sus promesas en caso de ganar, por ejemplo, ¿fomentará la competencia en el sector de las telecomunicaciones? ¿Reducirá la concentración de mercado en el caso de la televisión abierta? ¿Eliminará los monopolios públicos en el sector energético? ¿Dejará a un lado la alianza que sostiene con el sindicato de profesores y los obligará a comprometerse con la calidad? ¿Podrá duplicar la inversión en infraestructura y a la vez mantener la estabilidad en las finanzas públicas?

Por mi parte aquí termino, le invito a informarse y tomar la mejor elección desde su espacio personal de libertad. No se deje engañar por discursos, frases emotivas y toda clase de estrategias que ya están llevando a cabo para ganar su voto. Si es posible cuestiónelos, proponga y demuestre que en México ya no estamos dispuestos a seguir tolerando la mentira. Actué, sea todo menos indiferente.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus