MIÉRCOLES, 15 DE MARZO DE 2006
Embates a la transparencia (II)

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Cristina Massa







“La política mexicana está plagada de desazones. Hoy, sin embargo, podemos festejar el que la sociedad civil haya impuesto su voluntad.”


Con la colaboración de Edgar Moreno

 

La legitimidad y respeto de las autoridades finales exige un cuidadoso diseño institucional. La colegiación suele ser una respuesta evidente: es más difícil que se equivoquen o corrompan muchos que uno. El escalonamiento de posiciones es otra: la colusión se dificulta cuando entran nuevos actores. Una más es la profesionalización y la especialización: el sujeto a las resoluciones las respetará y acatará de mejor grado si quienes las toman tienen (o parecen tener) cualidades técnicas. Una adicional es un proceso de designación plural y transparente, que normalmente se resuelve dando a un órgano el derecho de proponer candidatos, y a otro el de ratificarlos. Una última, es un procedimiento claro para destituir a el o los integrantes que actúen de manera irregular.

 

Todas estas características las tiene el IFAI. Sin duda, algunos comisionados son más capaces, honestos, solventes moralmente, expertos en transparencia, que otros. Pero el conjunto es positivo, si bien seguramente perfectible. (Muchos abogan por la autonomía constitucional del IFAI, para equipararlo al IFE, a la Comisión de Derechos Humanos y al Banco de México). Aún así, francamente no veo razones de que sus resoluciones no deban ser al mismo tiempo expeditas y finales para la autoridad, cuya libertad e integridad no se pone en riesgo por una decisión de este órgano, incluso si resultara equivocada en ocasiones.

 

Todavía falta por hacer: aunque las resoluciones del IFAI tienen el carácter de inatacables para la autoridad, los mecanismos para obligarla a acatarlas son menos categóricas. Aunque la ley prevé que los funcionarios en desacato puedan ser sancionados administrativamente, la longevidad de este último recurso y la dificultad de monitorear el proceso debilitan el carácter de la resolución. En este sentido, debe destacarse el papel de los medios como vehículo del instituto y actor coadyuvante al presionar a las autoridades en el cumplimiento de los mandatos originados en el IFAI. En última instancia han sido ellos el complemento del instituto para obligar la observancia de sus resoluciones.

 

La intensa participación de académicos, periodistas y organizaciones civiles en el combate a la iniciativa propuesta en el senado, se explica en los beneficios que la efectividad del IFAI ha traído a la democracia mexicana y en el papel de colaboración que se ha mantenido entre el instituto y la ciudadanía. De hecho, estas acciones deben ser vistas como una señal de la correcta labor del IFAI como promotor de una cultura de la transparencia. El nivel de conocimiento de la Ley Federal de Transparencia pasó de 22% en 2003 a 43% en 2005 y el del IFAI de 12 a 41 % en los mismos años. En el mismo sentido los recursos de revisión recibidos por el IFAI, pasaron de 636 a 2442. Si bien el avance ha sido moderado, también es claro que se ha caminado en la dirección correcta.

 

La política mexicana está plagada de desazones. Hoy, sin embargo, podemos festejar el que la sociedad civil haya impuesto su voluntad, al echar para atrás las ambiciones de opacidad de un trío de senadores cuya decisión de desistir no encuentra más explicación que una simple lectura en las preferencias de los ciudadanos: sostener la transparencia.


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