Reflexiones libertarias
Mar 7, 2012
Ricardo Valenzuela

Conversaciones con el tío Gilberto (X)

Tu padre en esa época durante los veranos en los que gozaba de vacaciones ahora ya en la Universidad de Bruselas, los pasaba con nosotros en Londres. El también siendo intelectualmente muy inquieto, se daba a tomar clases en el London School of Economics y fue ahí en donde primer él, y luego yo, conoceríamos a ese hombre extraordinario que fue Hayek. El todavía no se mudaba a Inglaterra, que lo haría poco antes de que estallara la guerra, pero ya era Profesor visitante precisamente durante los veranos. El encuentro con ese hombre marcaría mi vida y también la de tu padre para siempre.

Era viernes y con entusiasmo llegaba a casa del tío Gilberto. Me recibe con el afecto de siempre, pasamos a su especial salita en la cual ya nos habían refaccionado de café y las sonorenses coyotas de Villa de Seris, para de inmediato entrar en el tema.

Habla don Gilberto: “Al inicio de su administración, el Presidente Harding de los EU pronunció estas sabias palabras: “En estos momentos las necesidades de los EU no son de acciones heroicas, sino de conciliación; no requiere panaceas, sino normalidad; ni revolución, sino restauración; no requiere agitación, sino ajuste; no necesita cirugía, sino serenidad. El mundo necesita se le recuerde que no todos los problemas y enfermedades humanas pueden ser curadas con legislación, la cantidad de burocracia y exceso de gobierno, nunca será substituto para la calidad ciudadana.”

Sin embargo, esta afirmación definía totalmente lo contrario que el nuevo presidente Calles se proponía llevar a cabo en México. Desde el inicio de su administración flotaba en el ambiente su ya clara intención de implementar su propia agenda, pero fuera del script que la hegemonía desde los orígenes que el Plan de Agua Prieta había dibujado. Se hablaba ya del Pacto de Calles y la figura de Obregón se desvanecía cuando el nuevo presidente presionaba para formar una sociedad de corporativismo. El ambiente se enrarecía aun mas cuando en los EU, ante la súbita muerte del presidente Harding, asumiera el poder su Vicepresidente, Calvin Coolige, quien se distinguiría en su lucha por dar reversa a la agenda progresista de sus antecesores.

El General Obregón se había refugiado en su rancho de Sonora pero, como siempre lo hacía, con microscopio miraba no solo lo que acontecía en nuestro país, sino en los EU especialmente, obviamente en Europa y el mundo entero. La hegemonía sonorense mostraba sus grietas aun más graves que la rebelión de don Adolfo, y mi responsabilidad al frente de la Secretaría de Gobernación, cada día se hacia una tarea más difícil y complicada. El presidente Calles, como yo lo había anticipado, establecía un control draconiano del país, pero no con los objetivos que yo con idealismo pensaba: el respeto del estado de derecho y el desarrollo de la ansiada democracia.

Esto hacia mi relación con el Presidente muy tensa puesto que él conocía perfectamente mis intenciones al ocupar la Secretaria. Sin embargo, la gota que derramara el vaso fueron las elecciones para gobernador en el Estado de México en las cuales, el presidente apoyaba a un Sr. Carlos Riva Palacio. Después de celebrada una fraudulenta elección, con toda la documentación comprobando que a pesar de sus anormalidades el Sr. Riva Palacio había sido el perdedor, me entrevisté con el presidente para informarle el resultado. Calles entonces me manifestó que su información era diferente y pensaba el ganador había sido su candidato. Ante esa actitud ahí mismo le presenté mi renuncia. El presidente entonces me respondió diciéndome que no la aceptaba, puesto que no me había perdido la confianza. “Pero yo se la he perdido a usted Sr. Presidente,” le respondo.

A pesar de mi respuesta y al ver mi determinación, Calles me ofrecía de inmediato la Embajada en Inglaterra por lo que en unas semanas viajaba a Londres. Regresaba a Europa para encontrar el ambiente aun más tenso. El nuevo presidente Coolige en los EU trataba agresivamente de revivir las ideas liberales que le dieran vida al país, y ya estábamos enterados que no veía con simpatía lo que acontecía en México. Luego de presentar mis credenciales en Londres, se me ofreció un banquete de bienvenida al cual asistían industriales, empresarios, financieros, políticos quienes mostraban un genuino interés ante la reputación de nuestro país, en realmente saber si en México todavía privaba la fuerza sobre el imperio de la ley. El regresar a Inglaterra me daba también la oportunidad de ver de nuevo a tu padre quien todavía continuaba sus estudios en Bélgica.

Me llegaban las noticias de México en el sentido de que Calles de forma ya muy agresiva, iniciaba la construcción de lo que después seria conocido como el maximato mediante el cual, se convertiría en el poder absoluto durante los siguientes diez años. Calles estrenando la política que luego prevalecería en México, la del maquiavelismo, poco a poco le agregaba ladrillos al edificio corporativo que construía para la consolidación de su poder. El diseño de este México post revolucionario, se construía de forma totalmente opuesta al modelo americano; se iniciaba de la punta de la pirámide hacia abajo mediante lo que después se conocería como la ingeniería social. Las nuevas organizaciones campesinas, obreras, y de forma especial los negociantes estatistas, girarían alrededor del gobierno para controlarlas.

“El negocio del gobierno son los negocios,” exclamaba Coolige en los EU mientras que en México Calles parecía exclamar; “el negocio del gobierno es mas gobierno.” Los años 20 serian un periodo de grandes definiciones a nivel mundial y como te lo he comentado, nuestra vecindad con los EU era un ingrediente muy importante en ese México que ahora emergía. No podía ser más contrastante las figuras de Calles y Coolige. Mientras que Calles ciego de poder aprisionaba cada día más el país, Coolige definía su estilo expresando cómo él creía ciegamente en honestidad, trabajo fecundo, ahorro, sacrificio y espíritu de servicio. Defendía el sistema económico que siempre se había basado en las ganancias privadas en mercados libres, de forma visceral repudiaba el socialismo y pensaba el que el gobierno no debía intervenir en la economía ni en la vida de los ciudadanos.

Mis actividades como embajador en Inglaterra, quedarían sembradas en mi memoria como una de las etapas más auto realizadora de mi vida. Siempre con mi inquietud intelectual me daría a establecer contactos con pensadores quienes en las siguientes décadas, a través de sus ideas, sentarían las bases para importantes transformaciones mundiales. No había duda de que a pesar de que los EU portaban un presidente como Coolige, el mundo ya de forma clara abandonaba el liberalismo ante la avanzada de esa capirotada de ideas que, en diferentes grados, todas convergían en el crecimiento del estado con más poder para intervenir en las vidas de los ciudadanos.

Tu padre en esa época durante los veranos en los que gozaba de vacaciones ahora ya en la Universidad de Bruselas, los pasaba con nosotros en Londres. El también siendo intelectualmente muy inquieto, se daba a tomar clases en el London School of Economics y fue ahí en donde primer él, y luego yo, conoceríamos a ese hombre extraordinario que fue Hayek. El todavía no se mudaba a Inglaterra, que lo haría poco antes de que estallara la guerra, pero ya era Profesor visitante precisamente durante los veranos. El encuentro con ese hombre marcaría mi vida y también la de tu padre para siempre.”

Sin tener la menor idea de quién era Hayek después de infinidad de clases de economía en el Tec. de Monterrey, nervioso miraba mi reloj puesto que era viernes y había quedado de reunirme con mis amigos en el bar del Hotel Presidente. Mi tío se da cuenta y me dice; ya vete, es viernes de pachanga para la juventud. Luego seguimos con Hayek.



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El punto sobre la i

Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

Miguel Ángel Boggiano
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