MARTES, 26 DE JUNIO DE 2012
La alianza secreta entre Peña y López

Con la eventual independencia, a los catalanes les irá...
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“El capitalismo venció, pero no convenció.”
John Manuel Silva

Aníbal Basurto Corcuera









“Uno de los grandes éxitos de la campaña electoral de Peña Nieto es haber hecho creer a millones de mexicanos que López Obrador representa una verdadera oposición al PRI.”


Uno de los grandes éxitos de la campaña electoral de Enrique Peña Nieto, del que los priístas no pueden presumir por razones tácticas, es haber hecho creer a millones de mexicanos que Andrés Manuel López Obrador representa una verdadera oposición al PRI.

Nada más falso. La fraudulenta “izquierda” mexicana (PRD, PT y demás membretes y grupúsculos) es la oposición más dócil y manejable que el PRI pudo haber soñado dentro de su gran proyecto para volver a Los Pinos. López y personajes que lo acompañan (Ricardo Monreal, Manuel Camacho, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Juan Ramón de la Fuente, Cuauhtémoc Cárdenas y una larga lista de políticos acomodaticios) no sólo son priístas de origen, sino que responden a la misma lógica de cooptación, corporativismo y complicidad que ha sido el cemento que mantiene unidos, pese a todo, a quienes se consideran “herederos de la revolución mexicana”.

Si se piensan bien las cosas, para el proyecto de restauración del corporativismo y de la red de complicidades del PRI desde la Presidencia de la República, proyecto cuya cabeza visible es Peña Nieto, no puede haber oposición más dulce y favorable que la que encabeza López Obrador.

Es por ello que, desde el inicio de la campaña electoral, los estrategas de Peña (que podrán ser detestables desde un punto de vista ético, pero a quienes nadie debe acusar de tontos) han estado dándole oxígeno y vitaminas a la campaña de López al tiempo que atacan sin piedad a la candidata del PAN y al gobierno del Presidente Felipe Calderón.

Faltando a la verdad sin empacho, Peña Nieto y sus jilgueros se han dedicado a repetir que la economía mexicana está paralizada, que no crece, que es la vergüenza de las economías latinoamericanas. Todos los datos duros y todas las opiniones de quienes día con día tienen que lidiar con asuntos económicos dicen exactamente lo contrario, pero la capacidad de mentir sin ruborizarse y con aplomo de actor teatral consagrado es ilimitada en el PRI. Y todo ese discurso es, casi letra por letra, el discurso que durante años (con la necedad característica de los iluminados que no se toman la molestia de voltear a ver la realidad) ha esgrimido la izquierda mexicana bajo sus distintos membretes. En especial, es el discurso de la izquierda que se aglutina alrededor de López como los fieles de las sectas místicas y esotéricos se adhieren a sus profetas.

Parecería que Peña abreva en La Jornada o en Proceso, o en otras hojas parroquiales de la retro-progresía vernácula, para forjarse alguna idea de la marcha de la economía mexicana, en lugar de acudir a los indicadores sólidos y a las fuentes de irreprochable seriedad que el asesor de Peña, el economista Luis Videgaray, debe conocer muy bien. No es un error casual, ni siquiera es un error desde el punto de vista de la táctica electoral (despojada de cualquier vestigio de ética), es un discurso deliberado para desprestigiar al gobierno de Calderón y a los doce años de gobierno del PAN, a la vez que es un guiño de entendimiento tácito con el señor López y su pandilla.

Durante el segundo debate de los candidatos presidenciales, el señor Peña y el señor López no se tocaron ni con la menor insinuación de una crítica, de un reproche o de un contraste. Así, tanto el incoherente señor Gabriel Quadri como el señor López fueron, para todo efecto práctico, dos fieles escuderos de Peña Nieto quien sólo padeció ante los inteligentes embates de Josefina Vázquez Mota (quien, por cierto, hasta el segundo debate recordó que su partido, el PAN, ostenta un abrumador récord de sensato y juicioso manejo económico frente al rosario de crisis económicas, despilfarro, irresponsabilidad fiscal, manipulación monetaria y cambiaria, errática política comercial y regulación opresiva y discrecional que caracterizó a los gobiernos del PRI).

¿Por qué resulta tan idónea para Peña y para el PRI la oposición de López y su pandilla?

Muy sencillo: son manejables. Tienen mucha cola que les pisen y dentro del PRI les conocen historias y mañas. Hablan el mismo lenguaje que siempre utilizó el PRI para alinear voluntades, por la buena o por la mala. Esto es: “¿quieres un hueso o quieres que saque a la luz tu expediente?”.

López es una versión alambicada de la dócil oposición lombardista (por Vicente Lombardo Toledano), de los “rabanitos” (rojos por fuera, blancos por dentro) a la que alimentó con tantos favores y prebendas el PRI de siempre. López y sus partidos adocenados son el PPS de nuestros días.

Pero además, los típicos y más representativos personajes de la izquierda mexicana actual tienen otra característica muy apetecible para los fines del PRI: son estridentes y asustan con gritos y sombrerazos, lo cual –a la postre– le arrima al costal de Peña los votos de los miedosos, el “voto útil” de aquellos a quienes López y su pandilla inspiran temor, no por razón de principios, sino a causa de que ven peligrar sus intereses y su comodidad.

Ya lo decía Jesús Reyes Heroles, el viejo: “Lo que resiste, apoya”.

Hoy, la única forma realista de frenar esta restauración de un PRI bicéfalo, sin oposición ni contrapeso efectivos, es hoy no darle ni un solo voto a este engendro. Ni un voto a Peña, ni un voto a López.


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