MARTES, 30 DE OCTUBRE DE 2012
La Cofradía del Ombligo Perpetuo

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Hay una costumbre vernácula muy extendida, que practican demasiados de los cercanos a todo poder público: vivir de él.”


Hay una costumbre vernácula muy extendida, que practican demasiados de los cercanos a todo poder público: vivir de él. Para que no suene feo, buscar chamba. Y para que suene aún menos feo: buscar la oportunidad de servir. Es decir: acercarse al gobierno y a los negocios que de él emanan. Todos, desde el Siervo de la Nación hasta la criada de un sindicato, ejercen a cargo del bolsillo ajeno.

Observó tempraneramente ese mexicano fenómeno el gran liberal José María Luis Mora (1794-1850):

“La propensión insaciable del hombre a mandarlo todo, y a vivir a costa ajena con el menor trabajo posible… con el aumento progresivo de los puestos públicos y la creación de nuevos empleos a qué aspirar… ha hecho de la administración un campo abierto al favor, a las intrigas y a los más viles manejos, introduciendo un tráfico escandaloso e inmoral entre los dispensadores de las gracias y los más viles cortesanos… La empleomanía, por la creación de los empleos, pone a disposición del poder, siempre enemigo de la libertad, una gran masa de fuerza con qué oprimirla, y al mismo tiempo degrada a los ciudadanos, los envilece y desmoraliza.”

Pocas cosas más duraderas que el carácter de los pueblos. Agradezco a Armando Ayala Anguiano haberme dado ese texto. Escribió así él sobre los albores de nuestra independencia:

“Para muchos fue una sorpresa que, lejos de enriquecerse, México cayera desde el primer decenio de su vida independiente en un estado de miseria y degradación que horrorizaba contemplar… los hombres que heredaron el reino de la Nueva España no estaban capacitados para hacer nada distinto de lo que hicieron. Por la educación contraria al desarrollo de las actividades productivas que se impartía (y se sigue impartiendo) en el país, no habían aprendido a trabajar la tierra, ni a explotar las minas, ni a administrar industrias o comercios en los que hubieran podido hacer fortuna o por lo menos encontrar algún trabajo. La ‘clase ilustrada’ mexicana estaba integrada básicamente por abogados, tinterillos, poetastros o periodistas vitriólicos sin más aspiración que incrustarse en la única fuente importante de empleo que tenían a su alcance: el gobierno”.

La Cofradía del Ombligo Perpetuo (COP) es harto “progresista” y exige empleo tan permanente e intocable como sus “conquistas”. Una de ellas: aunque ya no exista Luz y Fuerza del Centro, los contribuyentes aportaremos 36,000 millones sólo para las conquistas y salarios vencidos del SME, obligados a entrar a la CFE. Y un líder enchamarrado, a todas luces vitalicio, flanquea al Peje para hablar de ¡democracia sindical!

La COP sólo conoce exigencias, derechos y “justas demandas”, siempre con cargo a impuestos. La empleomanía de Luis Mora sigue vigente vía derechos irrenunciables. Imprescriptibles. Indispensables. Jamás disminuibles o suprimibles. Ajenos a toda realidad, tiempo, circunstancia económica o social o política; inmunes a la universal ley del ensayo y el error; impermeables a las tormentas económicas reales, e inmunes hasta a la crítica: los fines “sociales”, fuente de todo bien, son incriticables. Sí, aunque sacrifiquen a muchos contribuyentes para provecho de pocos parásitos.

¡Ay de mí, imprudente practicante de la incorrección política! Pero aunque me critiquen los correctos, seguiré clamando contra esa privilegiada casta, fundamentalmente ajena a la realidad del mundo, de las empresas, de la economía. ¡Vivimos en Utopía! proclamarán. Vivimos para mantener utopías ajenas, diremos quienes los mantenemos.

Además su financiamiento es invisible. ¿O alguien piensa de dónde saca dinero el gobierno para mantenerlos? Vía ingresos actuales (impuestos), impuestos futuros (deuda) o impuestos disparejos (inflación vía “moneda” de papel). El dinero sale de un barril que nunca se agota, porque los gastos laborales tienen prioridad. “¡Que te mantenga el gobierno! ¡Agarra mientras haiga! ¡Ustedes ya comieron, nos toca a nosotros!” Porfirio Díaz elevó nueve veces la nómina de la burocracia y así neutralizó a sus enemigos, bajo el inmortal apotegma “perro con hueso en la boca, ni ladra ni muerde”. El régimen revolucionario no dejó de repartir huesos a sus cachorritos; hasta un partido inventó para pacificar sin balas, a base de generar demanda a la oferta de chambas.

Sin embargo, no todo se ha perdido. Hay una clase ilustrada capaz, y México es infinitamente más competitivo y respetable, libre y tolerante que en cualquier pasado. El mérito no ha sido del gobierno sino de una sociedad que ha crecido, se ha hecho más adulta, y ha exigido ser respetada en sus genuinos derechos y libertad de acción. México ha crecido por sus ciudadanos y a pesar de los gobiernos.

El remedio contra la ley del ombligo no figura en el orden del día de los cofrades de la COP sino en la sociedad civil libre, que no existía en tiempos de José María Luis Mora: una burguesía de profesionistas competitivos, académicos inteligentes, periodistas libres, amas de casa, asociaciones cívicas, educadores de verdad y gente sencilla que ejerce su libertad a riesgo propio, con la dignidad de no tener el cobijo de ombligo alguno.

Estamos ante un nuevo régimen, y se renueva la esperanza. Recuerdo que en 1996 en Cancún me dijo Hernán Büchi, uno de los artífices de la resurrección económica de Chile, que para llegar al Primer Mundo, todo país necesitaba 30 años de no hacer tonterías económicas y seguir políticas sensatas. En ese entonces su país llevaba unos 17, y ya ha cumplido esos 30. México lleva como la mitad. ¿Podrá Peña sacudirse por fin el fardo de la empleomanía, que tanto lastre nos ha dado y que nos ha impedido salir adelante? ¿Logrará liberar nuestra energía creadora para llegar, por fin, a ser México una potencia? ¿Tendrá los tamaños para poner coto a la COP?

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