LUNES, 21 DE ENERO DE 2013
Deuda gubernamental: Un error

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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El punto sobre la i
“Por mucho que nos duela a los liberales, ninguna Constitución es garantía de la libertad.”
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“¿Por qué se endeudan los gobiernos? En primer lugar porque les conviene y en segundo porque pueden, y si se puede hacer lo que conviene ¡adelante!”


¿Por qué se endeudan los gobiernos? En primer lugar porque les conviene y en segundo porque pueden, y si se puede hacer lo que conviene ¡adelante!

¿Cuál es la ventaja de financiar parte del gasto gubernamental con deuda? Que el gobernante en turno no tiene que cobrar impuestos para financiar esa partida presupuestaria, por lo cual queda bien con los contribuyentes –no les cobra más impuestos– y con las clientelas presupuestarias –gasta más en su beneficio–, sin olvidar que, en la gran mayoría de los casos, la deuda contraída por el gobierno X la tendrá que pagar el gobierno Y, por lo que, estrictamente hablando, el gobernante X no se endeuda sino que endeuda al gobernante Y. ¿Por qué se endeudan los gobiernos? En primer lugar porque les conviene: piden prestado a cuenta de otros, gastan a favor de las clientelas presupuestarias, a cuyos integrantes no les cobran más impuestos, todo lo cual, sobre todo en las democracias que han degenerado en mercados electoreros, abona  a su favor (de los gobernantes).

Dicho lo anterior hay que puntualizar. Estrictamente hablando, el gobernante X, al contraer una deuda pagadera en un plazo mayor que el de su periodo de gobierno, no endeuda al gobernante Y, en cuyo periodo de gobierno habrá que liquidar esos pasivos. Entonces, ¿a quiénes endeuda? A los contribuyentes. Para entenderlo hagamos la siguiente pregunta: si hoy el gobierno –el que sea: el Federal, los estatales, los municipales– quisiera liquidar su deuda, ¿qué tendría que hacer? Una de cuatro: 1) vender activos, lo cual supone que los tiene y que los puede vender, y con los ingresos así generados liquidar sus pasivos; 2) aumentar impuestos y con la diferencia entre lo que recaudaba ayer y lo que recauda hoy, es decir: con lo que se ahorra, pagar lo que debe; 3) reducir gasto y con la diferencia entre lo que gastaba ayer y lo que gasta hoy liquidar sus deudas; 4) combinar el aumento de impuestos con la reducción de gasto, y destinar la mayor recaudación y el ahorro al pago de sus deudas.

Salvo el primer caso, la venta de activos, son los contribuyentes, pagando más impuestos y/o recibiendo menos bienes y servicios gubernamentales, quienes acaban pagando las deudas contraídas por los gobernantes, lo cual muestra que la deuda gubernamental de hoy se transformará en más impuestos mañana, ya sea porque se cobren más impuestos sin una mayor oferta de bienes y servicios gubernamentales: me quitas más y me das lo mismo; ya sea porque se cobren los mismos impuestos pero se ofrezcan menos bienes y servicios gubernamentales, lo cual, para todo efecto práctico, es igual a un mayor cobro de impuestos: me quitas lo mismo y me das menos; ya sea porque se cobren más impuestos y se ofrezcan menos bienes y servicios gubernamentales: me quitas más y me das menos. Al cobro de más impuestos reaccionarán los contribuyentes, a la reducción en el gasto del gobierno, y por ello en la oferta de bienes y servicios gubernamentales, reaccionarán las distintas clientelas presupuestarias, integradas por muchos grupos de intereses, que van desde los pobres hasta los empresarios, desde los artistas hasta los científicos, desde las madres solteras hasta los deportistas, grupos que reciben, en efectivo o en especie, ayuda del gobierno.

Se puede argumentar que antes de llegar a tales extremos –cobrar más impuestos y/o ofrecer menos bienes y servicios públicos: quitar más y/o dar menos– los gobiernos pueden renegociar sus deudas (buscando la ampliación del plazo para pagar, y/o la reducción de la tasa de interés, y/o la quita de principal) y, consecuencia de esa renegociación, contraer deuda nueva para pagar deuda vieja, lo cual es cierto, pero hasta cierto punto, punto que siempre, antes o después, de una u otra manera, se alcanza, siendo el caso más sonado el de Grecia. Además hay que tener muy claro, en primer lugar, que una cosa es renegociar la deuda, y contraer deuda nueva para pagar deuda vieja, y otra muy distinta liquidar pasivos, es decir, realmente desendeudarse. Renegociada la deuda sigue habiendo deuda. Contraída deuda nueva, para pagar deuda vieja, sigue habiendo deuda. En segundo lugar hay que tener presente que la estrategia de renegociar deuda para poder contraer deuda nueva, con la cual pagar deuda vieja, tiene fecha de caducidad, fecha que se acerca con cada nueva renegociación y con cada nueva contracción de deuda, fecha a partir de la cual al gobierno le queda una de estas opciones: 1) venta de activos; 2) aumento de impuestos; 3) reducción de gasto; 4) aumento de impuestos y reducción de gasto, todo ello con la consecuente reacción de los contribuyentes y las clientelas presupuestarias quienes, ¡obviamente!, se opondrán a tales aumentos y recortes.

¿Por qué se endeudan los gobiernos? En primer lugar porque les conviene y, en segundo término, porque pueden, es decir, porque las leyes, y por lo tanto los legisladores, se los permiten, permiso que debe eliminarse, salvo en el caso en el cual los pasivos contraídos se inviertan de manera productiva, de tal manera que generen un ingreso con el cual liquidarlos, inversiones productivas que suponen la producción de algún bien o servicio por el cual cobrar –¿de qué otra manera se generaría el ingreso necesario para liquidar los pasivos? –, inversiones productivas que no son la regla cuando del gasto gubernamental se trata.

Al final de cuentas, y salvo en el caso de la venta de activos, que más que la regla es la excepción, la deuda del gobierno se transforma en más impuestos, ya sea porque el gobierno quite más y de lo mismo, ya porque quite lo mismo y de menos, ya porque quite más y de menos, momento de preguntar si no conviene que, desde el principio, todo el gasto gubernamental se financie con impuestos, lo cual tendría, de entrada, tres ventajas: 1) ceteris paribus, limitaría el gasto del gobierno a lo que el gobierno pudiera recaudar sin que los contribuyentes reclamen y, por ello, aumentaría el gasto de los particulares, que siempre resulta mucho más eficaz que el gubernamental; 2) ceteris paribus, al dejar de ser el gobierno demandante de crédito, se reduciría la demanda por el mismo, y la tasa de interés bajaría, lo cual podría traducirse en más inversiones productivas del sector privado, que son la clave del progreso económico; 3) ceteris paribus, se evitarían las crisis financieras del gobierno, por las que acaban pagando justos por pecadores, crisis que bajo ciertas circunstancias generan presiones recesivas sobre la actividad económica (menor producción de mercancías, menor generación de ingreso, mayor desempleo).

Deben de ser los impuestos, no la deuda, ¡y mucho menos la emisión primaria de dinero!, la manera ordinaria de financiar los gastos del gobierno, cuyo endeudamiento se justifica si, y sólo si, esos pasivos se invierten de manera productiva, inversiones productivas que no son el fuerte del gobierno (para eso está el sector privado). Me pregunto si ahora que se está discutiendo “la crisis de deuda” de estados y municipios, y que se está buscando una solución (que no puede ser otra, si realmente es la solución y no un mero paliativo, más que el quitar más y/o dar menos) y que no se vuelva a repetir (para lo cual hay que hacer de los impuestos el medio ordinario del financiamiento del gasto gubernamental), se está tomando en cuenta todo lo aquí escrito. ¿Será? Lo dudo mucho.

• Política fiscal

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