Pesos y contrapesos
Abr 17, 2013
Arturo Damm

Reforma fiscal y progreso económico (IV)

Ya se ve que sí hay tela de la cual cortar para llevar a cabo una reforma tributaria correcta. ¿Qué falta? Voluntad para meter tijera.

El objetivo de la reforma fiscal no debe ser, como lo propone Videgaray, que pague más el que más tenga, sino elevar la competitividad de la economía mexicana, para lo cual se requiere del Impuesto Único a las Ventas, IUV, cuyas ventajas, tanto desde el punto de vista recaudatorio, como desde la perspectiva de la competitividad, son considerables, como veremos a continuación.

En 2012 el Gobierno Federal cobró 15 impuestos distintos: 1) impuesto sobre la renta; 2) impuesto empresarial a tasa única; 3) impuesto al valor agregado; impuesto especial sobre producción y servicios 4) a gasolinas y diesel para combustión automotriz; 5) a bebidas alcohólicas; 6) a cervezas y bebidas refrescantes; 7) a tabacos labrados; 8) a juegos con apuestas y sorteos; 9) a redes públicas de telecomunicaciones; 10) a bebidas energetizantes; 11) impuesto sobre automóviles nuevos; 12) impuesto a los rendimientos petroleros; 13) impuestos al comercio exterior; 14) impuesto a los depósitos en efectivo; 15) impuestos accesorios, y con ellos recaudó 1,314,465,000,000.00 de pesos (un millón de millones 314 mil 465 millones de pesos).

El año pasado, según los datos del INEGI, el consumo privado (compras de las familias) y las inversiones de las empresas (compras de las empresas) sumaron 13,719,314,000,000.00 de pesos (13 millones de millones 719 mil 314 millones de pesos), de tal manera que con un impuesto único a las ventas del 9.6 por ciento se hubiera recaudado lo mismo que se recaudó con los 15 impuestos distintos mencionados en el párrafo anterior.

Repito: con un impuesto único (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin excepción de ningún tipo, incluidos alimentos y medicinas), a las ventas (no al ingreso, no al patrimonio), de solamente el 9.6 por ciento, el Gobierno Federal hubiera recaudado lo mismo que recaudó con el engendro tributario que padecemos, integrado por los 15 impuestos ya señalados, que, tal y como lo demuestran los números, y tal y como corresponde a cualquier engendro, no tiene forma, ni proporción, ni simetría, ni estructura, resultando ineficaz en la recaudación, e inhibiendo la competitividad de la economía mexicana, definida como la capacidad del país para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, inversiones sin las cuales no hay progreso económico que valga, definido como la capacidad de producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, competitividad que depende, entre otras variables, pero de manera muy importante, de la cantidad de impuestos que se cobran, pudiendo establecer la siguiente relación, por demás lógica: A más impuestos, menor competitividad; a menor competitividad, menos inversiones directas; a menos inversiones directas, menor progreso económico, lo cual, en un país con el 50 por ciento de la población sobreviviendo en la pobreza, resulta inaceptable.

Ya se ve que sí hay tela de la cual cortar para llevar a cabo una reforma tributaria correcta. ¿Qué falta? Voluntad para meter tijera.

Continuará.



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Me resulta muy difícil votar por alguien que va a tener poder sobre mí.

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