MIÉRCOLES, 17 DE ABRIL DE 2013
Sí, es la economía presidente Peña

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“Las causas del poder en los gobiernos expansivos son demasiado importantes para la clase de perfectos idiotas mundiales, de ellas depende su sobrevivencia, su vida misma.”


El presidente Peña Nieto de gira por oriente en su escala en Tokio, hizo una afirmación por demás interesante: ”México no se va a conformar con los crecimientos económicos raquíticos que hemos tenido. México debe crecer al doble del promedio que ha experimentado los últimos 40 años.” Bien dicho presidente pero ¿Cómo lo haremos? Aquí van algunas reflexiones que vale la pena considerar.

Como consecuencia de la muerte del comunismo, el mundo ahora se debate entre quienes abogan por los crecimientos económicos agresivos permitiendo a los mercados funcionar libremente. En el otro lado de la mesa los Keynesianos que prefieren un crecimiento controlado, manoseado, supuestamente por miedo al fenómeno que fue el coco de los economistas durante los años 60 y 70; la inflación.

Sin embargo, las políticas económicas keynesianas siguen infectando el debate público a pesar de que ya, por décadas, en el campo intelectual han sido desprestigiadas por economistas de las diferentes escuelas de pensamiento y, finalmente, por la misma realidad.

En estos momentos el debate se centra en la siguiente cuestión: ¿pueden las economías crecer demasiado rápido? Las respuestas tradicionales siempre bordan en lo siguiente:

A) Sí, y los bancos centrales deben adoptar políticas restrictivas para prevenir inflación. B) No, las economías como tradicionalmente han crecido, todavía tienen mucho campo para expandirse antes de las presiones inflacionarias. C) Sí, pero el reducir la inflación no justifica el precio traducido en desempleo.

El que este enfrentamiento aun sobreviva, inclusive en los EU, prueba el que muchos segmentos de la sociedad permanecen esclavos del economista John Maynard Keynes. La premisa fundamental del debate, es la noción Keynesiana de que los planificadores gubernamentales pueden provocar aumentos en la producción y reducir el desempleo, pero a costa de también crear aumentos en los procesos inflacionarios, o, que ellos pueden provocar bajas en la producción reduciendo la inflación, pero teniendo como costo un aumento en el desempleo.

De hecho uno de los argumentos más interesantes presentado en las elecciones pasadas en los EU, fue el de Steve Forbes quien, como buen Supply—Sider, les demostró a los candidatos cómo los EU pueden crecer a niveles de 7 y 8% sin inflación, simplemente reduciendo impuestos y terminando el proceso de liberación iniciado por Reagan.

La premisa Keynesiana es totalmente falsa. No hay esa relación entre producción, inflación y desempleo. Lo único que los planificadores pueden provocar y provocan, es caos. La producción depende del trabajo, capital, información, y lo más importante, depende de libertad. El empleo depende de una serie de factores institucionales incluyendo las destructivas políticas de los gobiernos en los mercados de trabajo. Inflación es la consecuencia de políticas monetarias irresponsables. La intervención gubernamental distorsiona las señales del mercado impidiendo la coordinación de la actividad económica. El mundo fue Keynesiano desde la avenida de Roosevelt hasta que, en los años 70, fue enviado a una espiral de inflación con recesión que desestabilizó los mercados llevando al poder a la Thatcher y a Ronald Reagan.

Entonces, ¿por qué ante el fracaso Keynesiano sus políticas continúan en el debate público? Por una simple razón; poder, control. Los miembros del establishment buscan el control a través del activismo gubernamental. Hay burócratas que sí creen en la planeación gubernamental. Ellos no piensan que una virtuosa sociedad resultará cuando sus miembros tienen la libertad para interactuar. Pero la mayoría lo saben perfectamente, las políticas Keynesianas fallaron en producir prosperidad, pero no han fallado para mantenerlos en control. 

Al establishment mundial no le interesa una sociedad libre y responsable porque se les terminan sus cotos de poder, el control y la mina de corrupción. Mientras más dependiente sea la sociedad, más se justifican sus intervenciones, los subsidios, los bancos de promoción, las aduanas, las empresas descentralizadas, las miles de dependencias oficiales que son los focos de corrupción.

En los mismos EU cuando la economía empieza a crecer agresivamente, de inmediato meten el freno vía aumento de los tipos de interés argumentando; “ahí viene la inflación.” Cuando se les va la mano provocan recesiones como la actual, y dan reversa inundando el mundo con dinero Fiat, dinero sin respaldo alguno… la bomba de tiempo que pronto deba detonar.

Especialmente a los gobiernos demócratas no les interesa que la economía crezca más de lo previsto, se les acaba la industria de la pobreza. Una tercera parte del presupuesto de los EU se destina a “gasto social.” Los políticos norteamericanos jamás van a permitir que esos miles de millones de dólares ya no tengan aplicación. Jamás van a permitir que toda esa burocracia que vive del manejo de la “distribución de la riqueza,” se quede sin modus vivendi. Hay demasiados intereses de por medio. 

La economía mexicana no solo puede crecer al 8% anual como lo afirma el presidente Peña. Puede crecer a un 10, 12% sin problemas inflacionarios. Son los crecimientos que han tenido Hong Kong, Chile y de hecho México lo llegó a tener en los 60s. Pero eso era atentar contra el control absoluto de la burocracia que nos ha oprimido durante nuestra vida independiente. La economía mexicana puede crecer a los niveles que experimenta China en estos momentos, pero a los revolucionarios se les acaba la mina de explotación más importante, se les acaban los pobres.

Peña Nieto se muestra resuelto pero le espera un verdadero vía crucis. De la misma forma que bloquearon a Fox y a Calderón, se levantará la barrera del idiotismo y las marchas de maestros en sociedad con “ciudadanos armados” es solamente la muestra. Los macheteros de Atenco están en la reserva y la explosión de Pemex fue un aviso.

La clase gubernamental nunca estará dispuesta a llevar el Keynesianismo a los archivos. Sus políticas se seguirán desarrollando así como el marxismo evolucionó a la “corrección política” y socialismo en lo que ahora llaman “la tercera vía”—pero no las dejarán morir. Las causas del poder en los gobiernos expansivos son demasiado importantes para la clase de perfectos idiotas mundiales, de ellas depende su sobrevivencia, su vida misma.

Entonces, Keynes vive y vivirá hasta que los pueblos hartos de los controles y la opresión se rebelen contra sus verdugos. Cuando los pueblos se den cuenta del poder de una sociedad civil para reclutar a las damas y caballeros de hierro estilo Thatcher capaces de enfrentar la mafia política, que no dialoguen con criminales, los pueblos se habrán liberado. ¿Tenemos en Peña Nieto un presidente de hierro? Pronto lo sabremos.

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