SÁBADO, 11 DE MAYO DE 2013
La toma de Rectoría ¿vergüenza para autoridades?

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“15 porros violentos tuvieron más peso para el rector que ciento quince mil estudiantes, académicos y trabajadores de la UNAM, que firmaron cartas pidiendo que los desalojaran.”


El grupito de radicales que “tomaron” rectoría son provocadores que buscaban represión para dar excusas a otros grupos de realizar actos de protesta y unirse con los maestros radicales de izquierda de Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Independientemente de que se deba actuar con prudencia, no se debe permitir que con el argumento de que son provocadores que buscaban víctimas y acusar a las autoridades de represión y violación de sus derechos humanos, se les otorgue impunidad para invadir la rectoría de la UNAM.

Las autoridades universitarias no asumieron su responsabilidad de desalojarlos y dieron pie para que otros grupos de activistas o malvivientes, lleguen nuevamente a robar, destruir y defecar en la oficina del Rector, salgan cuando quieran y nadie los detenga. Esos radicales, que representan menos del 00.1% de los estudiantes universitarios, mangonearon a las autoridades de la universidad más grande de América Latina debido a su pasividad y decisión de no meterse en problemas.

Como egresado de un doctorado y maestro por dos décadas de la UNAM, me entristece que las autoridades universitarias sigan el principio burocrático de “no hacer nada para que no nos pase nada”. Su obligación, con base en la ley, era pedir a la policía que los desalojara inmediatamente, poner solo una denuncia no es el camino cuando los delincuentes están en flagrancia, a menos que no se quiera tomar el riesgo de asumir responsabilidades ¿lo mismo harían esas autoridades si al regresar a su casa ven ladrones adentro? ¿Llamarían a un abogado para poner una denuncia o a la policía para que los saquen y los detengan.

Con base en el Artículo 16 Constitucional, cualquier ciudadano o autoridad los podía haber desalojado. Las autoridades de la UNAM no cumplieron con el párrafo III de ese artículo. 15 porros violentos tuvieron más peso para el rector que ciento quince mil estudiantes, académicos y trabajadores de la UNAM, que firmaron cartas pidiendo que los desalojaran. Durante el ejercicio de la docencia en esa casa de estudios, comprobé que la mayoría de estudiantes de la UNAM son pacíficos y respetuosos, los violentos vienen de fuera, y hacen y deshacen por falta de cumplimiento de su deber de las autoridades universitarias.

• Impunidad

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