LUNES, 27 DE MAYO DE 2013
Reforma fiscal y progreso económico (XX)

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Arturo Damm







“A más impuestos, a mayores tasas impositivas, y mayor complicación en su cálculo y pago, menor competitividad, y a menor competitividad menos inversiones directas, y a menos inversiones directas menor progreso económico.”


En los últimos diecinueve Pesos y Contrapesos he presentado los argumentos y los números a favor del Impuesto Único a las Ventas, el IUV, y ha llegado el momento de hacer un resumen, cuya conclusión es: el IUV, tanto por los números, como por los argumentos, conviene.

Argumentos. El progreso económico, definido como la capacidad para producir más (dimensión cuantitativa) y mejores (dimensión cualitativa) bienes y servicios, para un mayor número de gente (dimensión social), depende de las inversiones directas, que son las que abren empresas, producen bienes y servicios, crean empleos, y generan ingresos, inversiones directas que dependen de la competitividad del país, definida como la capacidad de una nación para atraer (que los capitalistas decidan invertir en el país), retener (que los capitales invertidos en el país se queden invertidos en el país), y multiplicar (que las ganancias generadas por los capitales invertidos en el país se reinviertan en el país) inversiones directas, competitividad que depende de docenas de variables, entre las que se cuentan los impuestos y, en concreto, lo siguiente: 1) cuántos impuestos se cobran; 2) a qué tasas se cobran; 3) qué tan fácil o difícil resulta calcularlos y pagarlos. La relación es clara: a más impuestos, a mayores tasas impositivas, y mayor complicación en su cálculo y pago, menor competitividad, y a menor competitividad menos inversiones directas, y a menos inversiones directas menor progreso económico. ¿Qué sistema tributario contribuye de mejor manera al progreso económico? El que está integrado por un solo impuesto, bajo, y de fácil cálculo y pago, tal y como es el caso del IUV.

Números. En 2012 el Gobierno Federal cobró 15 impuestos distintos: 1) impuesto sobre la renta; 2) impuesto empresarial a tasa única; 3) impuesto al valor agregado; impuesto especial sobre producción y servicios 4) a gasolinas y diesel para combustión automotriz; 5) a bebidas alcohólicas; 6) a cervezas y bebidas refrescantes; 7) a tabacos labrados; 8) a juegos con apuestas y sorteos; 9) a redes públicas de telecomunicaciones; 10) a bebidas energetizantes; 11) impuesto sobre automóviles nuevos; 12) impuesto a los rendimientos petroleros; 13) impuestos al comercio exterior; 14) impuesto a los depósitos en efectivo; 15) impuestos accesorios, y con ellos recaudó $1,314,465,000,000.00. El año pasado, según los datos del INEGI, el consumo privado (compras de las familias) y las inversiones de las empresas (compras de las empresas) sumaron $13,719,314,000,000.00, de tal manera que con un IUV del 9.6 por ciento se hubiera recaudado lo mismo que se recaudó con los 15 impuestos cobrados, siendo ésta, desde el punto de vista de la “mercadotecnia” del IUV, su principal ventaja: ¡el Gobierno Federal seguiría recaudando lo mismo!, y la gran mayoría de los contribuyentes pagaríamos mucho menos de lo que pagamos como consecuencia del engendro tributario que padecemos.

Dicho lo anterior, no faltará quien se pregunte si con un IUV del 9.6 por ciento realmente se hubiera recaudado lo mismo que se recaudó, en 2012, con los 15 impuestos cobrados, pregunta que surge de la posibilidad de evadir.

Continuará.

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