VIERNES, 7 DE JUNIO DE 2013
Reforma fiscal y progreso económico (XXV)

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“La reforma fiscal debe empezar de cero, no enmendar, una vez más, el engendro tributario que ya padecemos”


Terminé la entrega anterior planteando la siguiente pregunta: ¿a cuánto hubiera ascendido el presupuesto del Gobierno Federal en 2012 si, además de sus cuatro legítimas funciones –garantizar la seguridad contra la delincuencia; impartir justicia; proveer los bienes y servicios públicos, que realmente sean públicos, y que verdaderamente deban proveerse; ordenar la convivencia en los espacios públicos–, hubiera redistribuido a favor de la alimentación, la salud y la educación de los pobres? ¿Con qué Impuesto Único a las Ventas, IUV, se hubiera financiado?

Recordemos que, si en 2012, el gobierno se hubiera limitado a la realización de sus cuatro legítimas tareas, se hubiera necesitado un presupuesto de 355,391 millones de pesos, que se hubiera financiado con un IUV del 2.6 por ciento. ¿A cuánto hubiera ascendido el presupuesto si, además, hubiera redistribuido a favor de la alimentación, la salud y la educación de los pobres? Veámoslo.

Las dependencias gubernamentales involucradas en las tareas de redistribución, con sus respectivos presupuestos, para 2012, fueron: Secretaría de Desarrollo Social, 84,860 millones de pesos; Secretaría de Educación Pública, 251,765 millones; Secretaría de Salud, 113,480 millones, todo lo cual suma 450,105 millones de pesos que, sumados a la cantidad de 355,391 millones, la que hubiera sido necesaria para financiar las legítimas tareas del gobierno, da un total de 805,496 millones de pesos.

Si en 2012 el Gobierno Federal se hubiera limitado a 1) garantizar la seguridad contra la delincuencia; a 2) impartir justicia; a 3) proveer los bienes y servicios públicos, que realmente sean públicos, y que verdaderamente deban proveerse; a 4) ordenar la convivencia en los espacios públicos; y a 5) redistribuir a favor de la alimentación, la salud y la educación de los pobres,  se hubiera necesitado un presupuesto de 805,496 millones de pesos, ¡solamente el 28 por ciento de lo que fue el presupuesto de egresos de la Federación el año pasado, 2,869,583 millones de pesos! ¿Con qué impuesto se hubiera financiado tal presupuesto? Con un IUV del 5.6 por ciento.

Resumo. Con solamente un impuesto (ni uno más), homogéneo (la misma tasa en todos los casos), universal (sin ninguna excepción), a las ventas (y por lo tanto a las compras: lo cobra el vendedor y lo paga el comprador), ¡del 5.6 por ciento!, hubiera alcanzado, el año pasado, para financiar las cinco tareas mencionadas en el párrafo anterior, lo cual quiere decir que sí hay tela de donde cortar para eliminar y bajar impuestos, y que el gobierno cumpla con sus cuatro tareas esenciales, y con aquella que se considera políticamente correcta, por más que suponga quitarle a unos para darle a otros: redistribuir a favor de los pobres, en los tres renglones ya mencionados: alimentación, salud y educación, debiéndose eliminar cualquier otro gasto, que supone redistribuir, no para satisfacer necesidades básicas, sino para defender intereses, algo que resulta inaceptable.

Para terminar esta advertencia. La reforma fiscal debe empezar de cero, no enmendar, una vez más, el engendro tributario que ya padecemos. ¿Será? Claro que no. Por ello, ¡a seguir insistiendo!

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