LUNES, 10 DE JUNIO DE 2013
Un ejemplo de la estupidez del Socialismo Chavista

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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“Si usted es una persona normal no está dispuesto a perder su dinero porque comprometería el bienestar suyo y de su familia. Pero si usted es un burócrata...”


Si usted es una persona normal y dispusiera, digamos, de unos 200,000 dólares para invertir en un negocio que sea rentable para usted y su familia, imaginemos que se decide por abrir una pizzería para realizar ventas a domicilio (delivery). Para ello alquila o compra un local. Adquiere mobiliario, el horno, un refrigerador, motocicletas para repartir las pizzas y otras cosas. Se aseguraría el suministro de materia prima, tales como harina, salsa de tomate, queso, etc.

Eso lo haría usted que es una persona normal porque, además, el dinero es suyo y le duele. Y, por tanto, no está dispuesto a perderlo, ya que, de ese modo, comprometería el bienestar suyo y de su familia.

Pero sucede que si usted es un alcalde, el primer burócrata del municipio, que, además, profesa las ideas socialistas de Chávez; muy probablemente usted montaría la pizzería y hasta la inauguraría, sin preocuparse de que va a contar con un suministro adecuado de materia prima, en este caso, harina. O de que va a tener a su disposición las motocicletas indispensables para realizar la entrega de las pizzas a domicilio de sus clientes.

Bueno, esto resulta absurdo. Impensable de que suceda si estamos hablando de invertir el patrimonio privado de cada quien. A un burócrata, a un planificador, a un gobernante, tal cosa, le tiene sin cuidado. Son capaces de invertir altas sumas en emprendimientos sin importarles mayor cosa si tales inversiones de dinero van a dar frutos o van a ser rentables.

Pero como a veces la realidad supera la ficción, esto que pudiera parecer un cuento rebuscado para ridiculizar a un gobernante o idolología, en realidad sucedió algo peor y con una mayor cuantía de dinero.

El alcalde chavista de Girardot (Edo. Aragua, Venezuela) Pedro Bastidas no monto una pizzería sin preocuparse de si iba o no a contar con harina para hacer las pizzas o si luego iba a tener motocicletas para repartirla a los clientes. Hizo algo mucho peor. Instaló e inauguró una planta de asfaltado a un costo de 1.200.000 dólares (ver aquí) sin contar con el suministro apropiado de piedras picada, que es materia prima indispensable para producir el asfalto. Y sin contar con camiones volteos para distribuir el asfalto producido (ver aquí pag. A2), en el caso de que la planta produjera al total de su capacidad. Cosa que no hace. Tan solo produce al 10% de capacidad instalada.

Un gobernante que sigue las ideas socialista-chavistas y que, por tanto, es enemigo del capitalismo, que aborrece de la economía de mercado, de posiciones antiempresariales, uno pensaría que, en esa situación, se cuidaría mucho a la hora de iniciar un emprendimiento, dado que ellos al ofrecer un modelo distinto de desarrollo y prosperidad, sus acciones deberían estar marcadas por la excelencia, sus acciones deberían tener el sello demostrativo de la nueva manera de hacer las cosas. Salvo que el modelo que ofrezcan los socialistas–chavistas sea la chapuza y la mediocridad. Porque tal cosa es la que ha hecho con la instalación de la planta de asfaltado.

Si su iniciativa “empresarial” es una muestra del modelo que pretenden dejar atrás y del nuevo que vendrá, creo que el alcalde Bastida no le hace un gran favor a su ideología socialista-chavista. Tanta mediocridad y torpeza no creo que gane el respeto y el respaldo de la gente. Además, que salta a la vista lo antieconómico que dicha forma de hacer las cosas entraña.

Creo que con el tiempo en las universidades el alcalde Bastidas se ganará un dudoso puesto de honor cuando en las escuelas de administración y economía su nombre designe la manera chapucera o inepta de instalar una fábrica sin prever el suministro de materia prima y los medios para distribuir lo que produzcan.

• Venezuela

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