VIERNES, 11 DE ABRIL DE 2014
La historia de dos Méxicos

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“Si se viola una ley injusta lo único que se viola es esa ley, no algún derecho de alguien. Por el contrario, si se viola una ley justa se viola la ley y algún derecho de alguien.”
Othmar K. Amagi

Manuel Suárez Mier







“En los últimos 20 años en México, un segmento de la sociedad ha crecido y aumentado su productividad, mientras otro ha caído como plomada.”


El Instituto Global de McKinsey (IGM), think-tank de la firma consultora del mismo nombre, acaba de publicar un excelente análisis sobre el crecimiento económico de México en los últimos 20 años[1] en el que destaca que un segmento de la sociedad ha crecido y aumentado su productividad, mientras otro ha caído como plomada.

Si bien cualquier observador cuidadoso de la realidad de nuestro país llegaría a la misma conclusión, la gran virtud del estudio de McKinsey es que cuantifica el fenómeno de la terrible dualidad que ha caracterizado su crecimiento económico desde que entró en vigor el tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994.

El trabajo aludido identifica a un segmento de la economía como tradicional, usando mano de obra de manera intensiva y con una productividad bajísima, coexistiendo con un sector ultra moderno compuesto por medianas y grandes empresas domésticas y transnacionales, tanto mexicanas como extranjeras, y miles de otras firmas que se ubican entre estos dos extremos.

Subrayan los analistas del IGM la dicotomía entre la economía formal, que cumple con leyes y regulación gubernamental, paga impuestos y registra a sus trabajadores cabalmente, y una gigantesca y creciente economía informal que no hace nada de los anterior, vive en la clandestinidad y en lugar de impuestos paga mordidas para poder operar, aunque identifica que también hay muchas empresas “semi-formales.”

Uno de los hallazgos más preocupantes de este trabajo es que lo que podríamos calificar como la esquizofrenia de la economía mexicana, se está agravando: mientras la productividad del sector moderno crece rápidamente, la del segmento tradicional compuesto por empresas medianas y pequeñas, se desploma, pero al mismo tiempo crea más empleos, con lo que la fracción de trabajadores poco productivos aumenta.

Las cifras de este análisis son aterradoras. La productividad del sector moderno avanzó en 5.8% anual y la del tradicional cayó en 6.5% cada año. Las empresas tradicionales tenían casi la cuarta parte de la productividad de las modernas en 1999 mientras que una década después apenas llegaban al 8%.

La productividad promedio de la industria manufacturera es de menos de la cuarta parte de la correspondiente en Estados Unidos aunque las mejores empresas mexicanas se encuentran en niveles comparables, e inclusive superiores, a sus contrapartes del vecino del norte.

La dicotomía entre estos dos pedazos de la economía nacional es lo que ha mantenido su crecimiento en niveles tan decepcionantes desde que se iniciaron las reformas económicas que prometían un brillante futuro económico para nuestro país, que no ocurrió precisamente porque esos cambios nunca llegaron al sector tradicional.

La gran pregunta que hacen los expertos del IGM es si las reformas emprendidas por el gobierno de Enrique Peña Nieto lograrán dar el impulso que requiere el segmento económico atrasado para salir de su marasmo y ponerlo en una trayectoria de rápido crecimiento y aumento en su productividad, sin lo cual México no saldrá adelante.

Con tacto y diplomacia, los autores de este trabajo no emiten un juicio de las reformas actuales pero iluminan el camino señalando que “hay que replantear las políticas y prácticas que desalienten la formalización de las empresas tradicionales, de manera que califiquen para recibir crédito e invertir para crecer.”

Es necesario que más empresas y trabajadores se incorporen al sector moderno de la economía, creando así un “vibrante segmento de empresas medianas y pequeñas que sean competitivas a nivel global,” mientras el sector moderno sigua expandiéndose y elevando su productividad como lo ha venido haciendo.

“Quienes formulan las políticas públicas deben combatir los numerosos obstáculos que se interponen para que las empresas accedan al sector formal de la economía y que impiden su crecimiento, mejorando la educación y la infraestructura, facilitando su acceso al financiamiento y abatiendo los elevados costos de la energía.”

Quiero pensar que las reformas de Peña Nieto serán exitosas pero la parsimonia con la que se trabaja en las leyes para implementar algunas, más su no aplicación a nivel estatal –como es el caso de la educativa-, en adición a otras que desvirtúan a la enmienda constitucional –como la de telecomunicaciones-, no son buenas noticias.

Si a ello se suma que la contrarreforma tributaria promueve la informalidad al poner obstáculos y elevar los costos de las empresas para salir de la clandestinidad, que para colmo se anuncia que no se modificará en el resto del sexenio, lleva a concluir que no vamos en camino a superar los retos planteados en el buen estudio del IGM.

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