MARTES, 2 DE SEPTIEMBRE DE 2014
Incentivos

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Isaac Katz







“Todo se resume en incentivos y si estos no son los correctos, el resultado será inferior al deseado.”


El INEGI informó la semana pasada que durante el segundo trimestre del año, PIB tuvo un crecimiento anual de 1.6% (influido por el hecho de que durante 2014 hubo menos días laborales porque Semana Santa fue este año en abril mientras que el año pasado fue en marzo), por lo que en el primer semestre el crecimiento fue de 1.7%. Una buena noticia es que con cifras ajustadas por estacionalidad, el crecimiento en el segundo trimestre del año, respecto del primer trimestre fue de 1.04%, que anualizado arroja un crecimiento de 4.2%. Por sectores de actividad económica, también con cifras ajustadas por estacionalidad, el crecimiento trimestral del sector primario fue de 0.90%, el secundario de 1% y el terciario de 1.07%. Marginalmente es clara la mejoría respecto de lo que se observó en el primer trimestre.

Ya con la información del primer semestre, para lograr el pronóstico de la Secretaría de Hacienda de 2.7% de crecimiento para todo el año, el crecimiento durante los dos últimos trimestres del año, debería promediar 3.7%, por lo que es de esperarse que finalmente éste se sitúe un poco por debajo de este pronóstico. La recuperación sigue siendo relativamente débil, como lo muestra la evolución de la tasa de desempleo.

Así, el INEGI también informó que la tasa de desocupación nacional, como porcentaje de la PEA se situó en julio en 5.47%, superior a la observada en el mismo mes de 2013 cuando fue de 5.12%, a pesar de una menor participación laboral. Más significativo aun, es que la tasa de desempleo urbano, que refleja mejor las condiciones del mercado laboral, aumentó en 0.87 puntos porcentuales respecto del mes de julio del año pasado, llegando a 6.83% (destaca que entre los hombres la tasa de desocupación fue de 7.14%, un incremento de 1.40 puntos porcentuales). Sin que este aumento marque una tendencia, es claro que la economía no repunta de manera sólida.

El gobierno apuesta que con las reformas estructurales que se han hecho, se alcancen en el mediano plazo mayores tasas de crecimiento, a tasas anuales de alrededor de 4.5% (suponiendo, gran supuesto, que éstas se implementen correcta y eficientemente). Un crecimiento sostenido a estas tasas sería bienvenido, sobre todo al compararse con el crecimiento promedio de los últimos 32 años pero, dada la significativamente alta incidencia de pobreza, esto no es suficiente; hay que ir más allá y alcanzar tasas sostenidas cercanas o inclusive superiores al 6% anual y para lograrlo se requiere tener, integralmente, un arreglo institucional que provea los incentivos correctos para la acumulación de capital humano, la inversión y el cambio tecnológico, tal que deriven en una mayor productividad de los factores de la producción.

Al respecto, una de las características de la economía mexicana son los altos costos de transacción derivados de una regulación excesiva y muy ineficiente de los mercados, tanto de bienes como de servicios y de factores de la producción. Tener una deficiente regulación no solamente deriva en una asignación ineficiente de recursos, sino que también inhibe la acumulación de capital (físico y humano) y la introducción de nuevas y más productivas tecnologías de producción, la principal fuente de crecimiento económico, además de generar una alta incidencia de corrupción, fenómeno que carcome a la economía y a la sociedad (cabe señalar que la corrupción en México no es cultural, como afirmó el presidente Peña; es el resultado de un deficiente arreglo institucional).

Todo se resume en incentivos y si estos no son los correctos, el resultado será inferior al deseado.


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