VIERNES, 21 DE ABRIL DE 2006
Poca recaudación y muchos impuestos

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“Los impuestos y nuestro complejo sistema fiscal provoca tantas distorsiones, eleva tanto los costos y hace tan difícil la vida de los contribuyentes que el resto de los avances pierde su eficacia.”


Un reciente estudio de la Organización para la Cooperación y el desarrollo Económico (OCDE), revela que en México existen muchos impuestos, las tasas son muy variables y sin embargo se recuda poco. Parece el peor de los mundos, y de acuerdo con todas las medidas e índices de que comparan la eficiencia económica de nuestro país, muchas veces conocida como competitividad, pues resulta que los impuestos y nuestro complejo sistema fiscal provoca tantas distorsiones, eleva tanto los costos y hace tan difícil la vida de los contribuyentes que el resto de los avances pierde su eficacia.

 

Y es que el gobierno se mete tanto en la vida de las empresas en este país que se ha vuelto la carga de las cargas, el azote de la competitividad y el que decide cómo se hacen las cosas. Cuando no es por el lado de los impuestos, que tienen tasas no tan altas, pero que son tantos y tan complicados de administrar, que llevan tantas obligaciones adjuntas que una gran parte del esfuerzo empresarial se va en pagar un ejército de contadores y abogados, es decir, la burocracia que lidia con los impuestos está de los dos lados, del gobierno y de las empresas. Por el lado del gasto, pues las distorsiones que generan los múltiples subsidios que existen también afectan el funcionamiento de las empresas y por último y lo más complicado por la acción de las empresas gubernamentales en la economía, pues lo precios administrados de PEMEX o CFE hacen que las cosas se salgan de cálculo más de una vez. Por ejemplo, estas empresas tienen precios de combustibles y de la energía, en general, determinados por las necesidades de recursos fiscales y no por las de eficiencia; por ello, determinar estos precios es un ejercicio de proporciones épicas, pero no sirve de mucho, pues a fin de cuentas el mercado siempre está un paso o varios por delante de lo que las iluminadas mentes del gobierno pueden estar.

 

Pero la cosa no acaba ahí, los trámites y los costos de los mismos pueden volver loco al más plantado de los empresarios. Y es que cambian de ciudad a ciudad, de estado a estado y muchas veces de si se trata de una zona federal o no. Pueden ustedes imaginarse lo que es depender de funcionarios que obedecen a diferentes regulaciones y que no se hablan entre sí, por ejemplo, para abrir algo tan sencillo como un hotel, y ni pensar en lo que significa hacerlo con un banco o un hospital.

 

Por ello el gobierno hinca los dientes en los causantes cautivos y en los impuestos al consumo o en todos aquellos que son recaudados de manera indirecta, como el caso de la tenencia, un absurdo impuesto que nos hace pagar cada año un impuesto sobre el uso de vehículos. No basta con tener unas calles espantosas que deterioran el valor del vehículo mucho más que cualquier otra cosa o una seguridad pública que nos hace campeones en robo de autos y por ello pagamos un dineral de seguros o tener carreteras de cuota muy caras, sino que tenemos que pagar por el uso de los vehículos.

 

El caso es que con tanto trámite, tanta distorsión, tanta tasa, tanto régimen, tantas obligaciones, no es extraño que lo que haya sean pocos causantes, muchos evasores, muchos elusores fiscales y un ejército enorme de informales, que lo único que hacen es erosionar las bases de recaudación y con ello, pues por más mano firme, se recauda poco.


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