LUNES, 24 DE ABRIL DE 2006
Y todo por no estudiar...

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“Si las tendencias siguen como van Calderón será el triunfador y López podría irse hasta el tercer lugar. Y lo más chistoso de todo es que López y su equipo están haciendo todo lo necesario para que eso suceda.”


El lunes 17 de abril el columnista y director de Milenio, Carlos Marín, lanzó a los cuatro vientos una predicción que “suena” muy razonable y que cito textual:

 

            "A menos que sus adversarios hagan una revelación mortal de necesidad (desde luego mucho más grave que las que fulminaron a sus ex secretarios particular y de Finanzas con la baraja en Las Vegas y los fajos de dólares), la campaña presidencial terminará de facto este mes y Andrés Manuel llegará caminando y sin sudar a Palacio Nacional."

 

Se equivoca Carlos Marín, excelente periodista, al hacer su “razonable” pronóstico. Y, he de confesarlo, me alegra que se equivoque y que el propio AMLO y asesores que lo acompañan también se equivoquen al compartir ese pronóstico.

 

Vamos por partes. Primero, ¿por qué se equivocan?, y segundo ¿por qué me alegro que se equivoquen?

 

Respondo la primera pregunta: A finales de marzo AMLO encabezaba la inmensa mayoría de las encuestas con una ventaja relativamente cómoda respecto de su más cercano competidor, Felipe Calderón; pero a mediados de abril, esa ventaja se ha acortado porque, puntos más o puntos menos, Calderón ha subido y, puntos más o puntos menos, López ha bajado. En algunas encuestas López sigue a la cabeza pero descontando –como debe hacerse- el margen de error de las propias encuestas no hay resultados concluyentes (en los medios les encanta decir, con inexactitud pero con envidiable capacidad de síntesis, que hay un “empate técnico”) y en términos científicos –suponiendo que todo esté correcto en la encuesta (muestra, cuestionario, levantamiento de datos en campo, recopilación y ordenación de los datos, cálculos estadísticos y demás)– el resultado, con tan poco margen de diferencia y dado el margen de error, no se considera concluyente.

 

Pero más importante que eso es qué nos dice el resultado en términos comparativos con otras encuestas –levantadas con la misma metodología- a lo largo del tiempo, en términos de tendencia. Y ahí, en términos de tendencia, los resultados sí son concluyentes en todas las encuestas: Si todo permanece igual de ahora a la fecha de las elecciones eso significa que López seguiría cayendo y Calderón seguiría subiendo –en proporciones más o menos equivalentes, como sucedió con las últimas encuestas respecto de sus inmediatas anteriores- y en el lapso de más de dos meses que faltan para el 2 de julio, eso es suficiente para que –de seguir todo igual, de no haber un evento extraordinario, como dice el propio Marín- Calderón se sitúe a la cabeza y López, por tanto, sea desbancado del puesto de líder en las encuestas.

 

Nótese, por favor, que no estoy pronosticando necesariamente que eso vaya a pasar, sino que estoy indicando que Marín y otros “analistas” (entre los que están el propio López y su equipo) hacen una inferencia totalmente errónea de lo que sucedería de seguir la misma tendencia y de no haber ningún elemento lo suficientemente relevante para modificar la tendencia. Las encuestas, y los ingenieros entenderán bien esto, miden de forma estática un fenómeno dinámico, de la misma manera –si se me permite el símil- que un físico en el laboratorio trata de inferir la trayectoria futura de un electrón partiendo de un solo dato conocido con certeza (la posición hoy y ahora del mismo electrón) y suponiendo “razonablemente” la otra variable necesaria para pronosticar la trayectoria, que es la velocidad del electrón, y a cuyo conocimiento tiene que renunciar el científico porque –recuérdese el principio de incertidumbre de Heisenberg- es imposible conocer al mismo tiempo la posición y la velocidad (variables indispensables para predecir la trayectoria) de un electrón.

 

Marín es un excelente periodista pero no sabe mucho de estadística, ni de cómo hay que “leer” las mediciones científicas. La razón por la que los encuestadores suelen hacer muchas encuestas periódicas con las mismas preguntas, el mismo método, el mismo tamaño y tipo de muestra, es que comparando los resultados finales de cada una de esas mediciones a lo largo del tiempo pueden, con cierta verosimilitud, inferir tendencias: Hacia donde va Fulano y hacia donde va Mengano y más o menos a qué velocidad está yendo cada cual hacia ese sitio. Marín y en general los periodistas y los políticos suelen confundir las encuestas con los pronósticos o, peor aún, con los horóscopos. Pronósticos y horóscopos pretenden decirnos lo que va a suceder. Las encuestas nos dicen lo que ya pasó.

 

Pongámoslo de otra forma. Tenemos una escalera de diez escalones y dos sujetos en la misma escalera: A y B. El día uno de nuestro experimento, que habrá de durar diez días, “medimos” dónde está A y dónde está B respecto de esa escalera que va de 1 a 10. Obtenemos que el día uno A está en el escalón 8 y B está en el escalón 4. Bien, A va ganando cómodamente la carrera hacia la cumbre –que es el escalón diez- y le lleva una ventaja de 4 escalones a B. El día dos A ya está en el escalón 7 y B ya está en el escalón 5. El día tres A está en el escalón 6 y B ya lo alcanzó en el mismo escalón. ¿Qué pasará el día cuatro si nada cambia y sigue la misma tendencia? Muy sencillo: Que B estará en el escalón 7 y A habrá bajado al escalón 5.

 

Me parece que el ejemplo anterior –esquemático para facilitar la exposición- muestra dónde está el error de Marín: Que todo siga más o menos igual, en el caso de las tendencias electorales, significa sobre todo que los actores sigan la misma tendencia que han mostrado en las encuestas recientes: Que quien ha estado bajando siga bajando, y que quien ha estado subiendo siga subiendo. Si Marín calcula que Calderón ha subido y López ha bajado, lo que debería hacer –para hacer una inferencia razonable de lo que puede pasar en el futuro- suponiendo, repito, que todo sigue igual, es calcular en cuánto tiempo –dadas las tendencias observadas de cada uno de los sujetos- Calderón alcanzaría y rebasaría a López. Si ese tiempo es igual o menor al que falta para el 2 de julio, López perderá irremediablemente (en el supuesto, vuelvo a repetir, que todo siga igual, ¡que es precisamente el supuesto que postula Marín en su columna!).

 

Ni Marín, ni López, ni los cercanos consejeros de López (if any) parecen saber esto. Y eso me alegra, porque significa que NO harán nada para modificar las tendencias detectadas y muy a su pesar, para López y compañía (ya que no conocemos las preferencias electorales de Marín), se encaminarán a una segura derrota.

 

Marín no tiene por qué ser un experto en estadística ni en métodos de medición científica; vaya, es un buen periodista político ajeno por completo a los rigores de las matemáticas (lo digo con conocimiento de causa y habiéndole oído decir a Marín mismo que los asuntos de numeritos están muy lejos de ser su fuerte). Sin embargo, López y sus consejeros cercanos –digamos un Manuel Camacho Solís, un Ricardo Monreal o hasta un Federico Arreola- sí deberían saber esto y sí deberían saber “leer” mejor las encuestas y las tendencias que arrojan (Nota: El lector habrá notado, a estas alturas, que nuestra palabra de la semana es “tendencia”) para tomar decisiones inteligentes. Para eso sirve la educación formal –que al menos Camacho tuvo en algún momento de su vida hasta el nivel de posgrado- y por eso son importantes hasta los jueguitos de habilidad mental y los examencitos de “cultura general” –con preguntas típicas del juego de mesa “Maratón”-  a los que López les tiene tanta aversión o miedo.

 

Ni modo, si las tendencias siguen como van Calderón será el triunfador y López podría irse hasta el tercer lugar. Y lo más chistoso de todo es que López y su equipo están haciendo todo lo necesario para que eso suceda, mientras creen que están siendo muy astutos “conservando” una supuesta ventaja que ya perdieron o están a punto de perder. Y todo, entre otras cosas, por no estudiar. ¡Me encanta esta “justicia poética”!


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