MARTES, 7 DE JULIO DE 2015
La única deuda que se justifica

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“¿Con qué debe financiarse la construcción de escuelas gubernamentales?”


La única deuda que deben contraer los gobiernos es la que se invierte productivamente, por lo que produce bienes y servicios, cuya venta a los consumidores genera ingresos, con los cuales irla liquidando. Se vale, por ejemplo, que el gobierno pida prestado para construir una carretera en la cual cobrará peaje, generando así un ingreso, con parte del cual ir pagando. No se vale, por ejemplo, que pida prestado para construir escuelas gubernamentales, en las cuales no cobrará colegiaturas, por lo que no generará ingresos. Entonces, ¿con qué debe financiarse la construcción de escuelas gubernamentales? Con impuestos.

Este principio, de prudencia en el manejo de las finanzas gubernamentales, está reconocido en la Constitución, en cuyo artículo 73 leemos que “ningún empréstito podrá celebrase sino para la ejecución de obras que directamente produzcan un incremento en los ingresos públicos, salvo los que se realicen con propósitos de regulación monetaria, las operaciones de conversión y los que se contraten durante alguna emergencia declarada por el Presidente de la República”. Según esto solamente se podrá contraer deuda gubernamental para invertirla en proyectos productivos (algo muy distinto a meramente gastarla) que, precisamente por ser tales, generen los ingresos suficientes para, con parte de ellos, irla liquidando, salvo los tres casos de excepción ya señalados: regulación monetaria, operaciones de conversión, atención a emergencias, que son eso, caso excepcionales.

Lo contrario de este principio de prudencia en el manejo de las finanzas gubernamentales ocurre cuando el gobierno ha llegado al callejón sin salida de tener que pedir prestado hoy para pagar la deuda de ayer, deuda de hoy que pagará (¡si le siguen prestando!) con la deuda que contraerá mañana, y así una y otra vez hasta que llegue el momento (¡que inexorablemente llega!) en el cual ya no haya más crédito. Entonces el ajuste se hace inevitable: más impuestos (pagan los contribuyentes) y/o menos gasto (pagan las clientelas presupuestarias), tal y como ha sucedido en Grecia.

En México, ¿el gobierno respeta este principio de prudencia? Ya lo veremos.

• Política fiscal

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