MIÉRCOLES, 3 DE MAYO DE 2006
En torno al populismo autoritario II

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Históricamente, nuestra región sabe que los autoritarismos atentan contra el periodismo mientras que la gobernabilidad y consolidación democrática están en directa relación a su libre ejercicio”


La historia latinoamericana del siglo XX y comienzos del XXI se ha caracterizado por una constante inestabilidad reflejada en democracias frágiles, dictaduras y populismos que en definitiva lo único que consiguieron fue retrasar el desarrollo de nuestra región coartando su libertad, ya sea en su dimensión política, económica, social y de expresión.

En ese sentido, los populismos tienen en común con las dictaduras que ambas tienen una política comunicacional similar destinada a menospreciar el ejercicio del periodismo, es decir, restringen su libertad utilizándolo como arma política y construyendo "ejércitos mediáticos" al servicio de su causa. Se autoproclaman un gobierno popular que interpreta la voz del pueblo y que por tanto cree poder "fabricar" una verdad, decretada como verdad única.

Los populismos analizan los medios de comunicación exclusivamente como un campo de batalla política y definen estrategias al estilo "batalla de las ideas", "ejércitos de periodistas", "combates comunicacionales" o "terrorismo mediático", cargando el discurso de un sentido bélico que no deja espacio para la crítica libre, la oposición, la discrepancia y con ello la expresión libre de las ideas, cuestión propia de la democracia deliberativa. Es decir, al igual que las dictaduras, construyen ejércitos mediáticos organizados en forma centralizada que poseen un discurso homogéneo destinado a fortalecer al caudillo que está en el poder. Y cuando no es expresamente atacado, ya sea en forma directa o indirectamente, de manera física o verbal, la violencia implícita en el sistema genera autocensura y restringe en forma dramática la agenda sobre la cual el periodismo trabaja limitando así la calidad de la información que los ciudadanos reciben.

Históricamente, nuestra región sabe que los autoritarismos atentan contra el periodismo mientras que la gobernabilidad y consolidación democrática están en directa relación a su libre ejercicio. Es de esperar entonces que, de cara a los procesos electorales que se avecinan en el vecindario, la preocupación de los analistas no sólo este centrada en los "ofertones electorales", las orientaciones de izquierda o derecha de los candidatos, o los indicadores de crecimiento económico y bienestar socioeconómico, sino que también, y principalmente, en los grados de libertad, tolerancia y responsabilidad que ellos defiendan y promuevan.  

Que tan tolerante y democrático es, por lo ahora visto y oído, el Peje?

 


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