LUNES, 21 DE MARZO DE 2016
Contaminación e impuestos correctivos (I)

Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota



“La democracia totalitaria cree que el poder de la mayoría (que nunca es la voluntad de todos) es absoluto y que ella, por definición, actúa por el bien del conjunto, representa la verdad y no puede errar. Dicho poder público no tiene limitaciones.”
Lucía Santa Cruz

Arturo Damm







“La contaminación es un buen ejemplo de externalidad negativa, definida como la consecuencia negativa, no intencional, de la conducta humana, por la cual quien perjudica no asume el costo.”


La contaminación es un buen ejemplo de externalidad negativa, definida como la consecuencia negativa, no intencional, de la conducta humana, por la cual quien perjudica no asume el costo.

Cuando nos subimos al coche y transitamos por la ciudad no tenemos la intención de contaminar sino de llegar a algún sitio. Pero la consecuencia de esa conducta es, entre otras (pienso por ejemplo en el tráfico), la contaminación, que perjudica a todos (nosotros incluidos), y por la cual no asumimos el costo: perjudicamos sin enfrentar la responsabilidad por el daño causado. Se trata de una externalidad negativa, que no es ni delito (la intención no es dañar a alguien en su vida, libertad o propiedades), ni accidente (no se trata de un evento fortuito cuyas consecuencias no conocemos sino de una conducta regular de cuyos efectos sí tenemos noticia).

Con relación a las externalidades negativas existen tres posibilidades: eliminarlas, reducirlas o hacer que quien perjudique pague. En el caso de la contaminación, ¿qué supondría cada una de estas posibilidades? Eliminarla supondría, o prohibir el uso de vehículos con motores de combustión interna, o sustituirlos por vehículos cuyos motores funcionen con otro tipo de energía, distinta de la proveniente del petróleo. Reducirla supondría, por ejemplo, prohibir, algunos días de la semana, la circulación de un determinado porcentaje del parque vehicular. Hacer que quien la genera asuma el costo supondría (esta es la propuesta más socorrida) cobrar un impuesto especial (impuesto verde le llaman algunos) a la compra de gasolinas, impuesto que, al aumentar el precio del combustible, y dada la ley de la demanda (ceteris paribus, a mayor precio menor cantidad demandada), generaría una menor compra de gasolina, lo cual ocasionaría un menor uso del automóvil, lo cual reduciría la contaminación. Con este impuesto, ¡si realmente tiene los efectos esperados!, se logra un doble objetivo. Primero: quien contamina paga. Segundo: se reduce el uso del automóvil y, ceteris paribus, la contaminación.

Así las cosas, ante las contingencias ambientales, ¿que se cobre el impuesto verde?

Continuará.


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