VIERNES, 12 DE MAYO DE 2006
Resequedad

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“El gran triunfo del liberalismo es lo que ha logrado en relación a la limitación del poder.”
Guillermo Cabieses

Edgar Piña







“Muchos países han construido competitividades capaces de desplazar a nuestros productos en los supermercados locales. Aquí seguimos aferrados a modelos productivos tecnológicamente obsoletos, depredadores de los recursos y empobrecedores de la sociedad.”


Voy manejando por la carretera Hermosillo-Ures y debo bajar la velocidad pues estoy en el kilómetro quince y en unos segundos más habrá de aparecer el señalamiento que indica la entrada a la presa “Rodolfo Félix Valdés”, mejor conocida como El Molinito.

 

Al llegar al kilómetro 16 abandono la carretera y tomo la polvorienta terracería que conduce al poblado Molino de Camou y al ejido Fructuoso Méndez. Estamos en los últimos días de abril y el paisaje es miserable, por llamarle de alguna manera. La resequedad es evidente y la escasa flora del desierto, esto es, chollas, nopales y mezquites muestran una condición gris, marchita, grotesca.

 

No es la primera vez que recorro este minúsculo trozo del mapa sonorense. De hecho tengo más de 15 años transitando por el lugar y es fácil percatarse del deterioro constante, lento pero seguro, del paisaje. Al llegar al poblado Molino de Camou, la modestia de las viviendas y los corrales completamente vacíos de animales, son muestra de la ausencia casi total de actividades productivas.

 

Ya dentro del poblado continúo hacia el oriente, es decir, hacia la cortina de la presa El Molinito. Antes de llegar se observa una poderosa bomba extractora de agua del acuífero subyacente en la región y pequeñas áreas verdes de alfalfa y trigo. Esta bomba de acuerdo a los cálculos de los lugareños tiene funcionando, día y noche, algunos meses y el líquido ha venido siendo usado en el riego de los cultivos mencionados.

 

Al subir a la cortina de la presa la visión no corresponde con lo que cualquier persona espera encontrar en un embalse de agua: No hay agua. Lo único que se observa es un charco a punto de desaparecer en un lecho de lodo de unos cuantos cientos de metros cuadrados.

 

Los habitantes de la zona y los pocos rancheros que utilizan pozos para su propio consumo y el de unos cuantos animales, coinciden todos en el hecho de que el verano todavía no empieza y ya los pozos están “arrastrados”. Es inevitable que tengan que gastar en escarbar las norias para que sus pequeñas bombas no vayan a quemarse y, sobre todo, para que puedan continuar extrayendo la poca agua que requieren para vivir.

 

En otros tiempos, dicen las personas mayores de la región, el río Sonora llevaba agua, las acequias funcionaban y los pobladores podían sembrar trigo, maíz, calabazas, alfalfa y otros cultivos. Todas las familias tenían ganado y las casas y granjas contaban con huertas y hortalizas.

 

Hoy el paisaje es de desolación, excepto por las pequeñas áreas de trigo que unos cuantos pueden cultivar, no importa que sea un producto cuya falta de competitividad tiene varias décadas de haberse evidenciado, ante la competencia de países que disponen de abundancia de agua, tierras aptas para la agricultura extensiva, agro-insumos a bajo precio y tecnología de avanzada.

 

Sin embargo aquí, en la misma forma que en otras regiones agrícolas del estado, la indiferencia de la población y el vale-madrismo de las instancias gubernamentales supuestamente creadas y mantenidas para cuidar, administrar y controlar los recursos naturales –tierras y aguas-, todas juntas están llevando los ecosistemas hacia su agotamiento definitivo.

 

Difícil, realmente difícil, más bien imposible será que la presa y el tramo sur oeste del río Sonora, vuelvan alguna vez a tener agua. Las extracciones millonarias de agua provenientes de pozos localizados alrededor de Hermosillo, están provocando en el acuífero un agotamiento tal que para reponerlo se necesitarían lluvias abundantes y de una persistencia que hace años no se ven sobre el territorio sonorense.

 

Mientras que allá en puntos distantes, pero a la vez cercanos, de la geografía mundial muchos países han construido competitividades capaces de desplazar a nuestros productos en los supermercados locales, aquí seguimos aferrados a modelos productivos tecnológicamente obsoletos, depredadores de los recursos y empobrecedores de la sociedad.

 

Mientras que allá en el lejano oriente, los antiguos campesinos ahora son poderosos empresarios de los mercados mundiales, aquí personas como Lucas, en lo que fuera su granja al pie de la cortina de la presa El molinito, nos despide agradecido de que lo hayamos escuchado en su tragedia de una tierra reseca, erosionada y sin oportunidad de florecer.

 

No nos lo dijo, pero la maseca, el fríjol y las sopas de pasta de su humilde alacena, fueron compradas con el salario que sus hijas ganan en las maquiladoras de Hermosillo. Tampoco nos los dijo, pero cuando él ya no esté, su casa se convertirá en refugio de pixteadores campiranos, una especie de fauna nociva que ha proliferado donde antes había campos de cultivo.


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