LUNES, 12 DE DICIEMBRE DE 2016
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“Algunos elementos que explican por qué el sistema educativo nacional es un desastre.”


Todos iguales, todos jodidos. La OCDE dio a conocer los resultados de la prueba PISA aplicada en 2015 y los estudiantes mexicanos de 15 años fueron los que peor resultado obtuvieron de entre todos los países que componen dicha organización. En las tres áreas evaluadas, los resultados promedio de los chamacos mexicanos (sobre un puntaje máximo de 800) fueron: lectura: 429, ciencias: 416, matemáticas: 408. Solo el 1% de los evaluados obtuvo una calificación de excelencia, mientras que más del 50% estuvo por debajo del nivel mínimo considerado como satisfactorio. El sistema educativo nacional, en su conjunto, es un absoluto desastre; no existe diferencia significativa entre las escuelas públicas y privadas ni tampoco diferencias estadísticamente significativas por nivel socio - económico. Una verdadera tragedia, con un enorme costo en el nivel de bienestar de los individuos y sus familias y en el desarrollo económico del país.

Hay varios elementos que explican el desastre del sistema educativo nacional. Resalto algunos.

Primero, el sistema de educación pública se diseñó para atender una enorme demanda sin poner atención en la calidad del servicio. No hay que olvidar que al finalizar la guerra civil en 1916 más del 80% de la población era analfabeta; ello, junto con la dinámica demográfica exigía crear un sistema que incorporara cada vez más niños y jóvenes al sistema educativo. Así, se creó un sistema de masas y la calidad pasó a segundo término. Seguimos sacando del sistema educativo a analfabetas funcionales.

Segundo, dentro del sistema educativo público, el SNTE fue parte del sistema corporativista del PRI (y después con el gobierno de Calderón). Prebendas económicas a cambio del apoyo político. Para los líderes de las diferentes secciones era más importante estar bien con el poder político que cuidar la calidad de la educación. Inclusive, para los propios maestros era más importante tener una buena relación con sus líderes sindicales que su labor en las aulas.

Tercero, la opacidad en la labor magisterial y la ausencia de libertad de elección para los padres de familia. Los padres no conocen la calidad de la educación que reciben sus hijos y no tienen la libertad de elegir en el sistema público de educación. Indispensable, en consecuencia, ampliar el espectro de libertad de elección introduciendo el mecanismo de "bonos educativos" válidos en cualquier escuela, pública o privada. Mayor competencia derivará en mayor calidad.

Cuarto, el sistema de enseñanza, la pedagogía, es obsoleta. Se sigue privilegiando el aprendizaje de memoria (y hasta en ello hay enormes deficiencias) en lugar de inculcar el racionamiento y la investigación. Es obvio que hay "que saber cosas", pero lo más importante es inducir a los alumnos a aprender, a investigar, a razonar. Los alumnos mexicanos no sólo no tienen los conocimientos básicos; peor aún, los que los tienen no saben cómo usarlos.

Quinto, la labor de los padres de familia. En la educación de sus hijos, los padres  han descargado todo en la escuela, lo cual es un grave error. Los padres tienen que involucrarse directamente en atender el proceso de acumulación de capital humano de sus hijos, dedicando tiempo a ayudarles a hacer las tareas, induciéndolos a la lectura, etcétera. Tomar la actitud de fue a la escuela y ya con eso, es insuficiente e injustificable. Yo le enseñé a mi hijo, a sus cinco años, aritmética básica mientras desayunábamos unos molletes. El involucramiento de los padres es esencial y crucial.

Los resultados de la reforma educativa, de ser bien instrumentada, se verán en el mediano plazo. Mientras, échenle una mano a sus hijos; su futuro depende de ello.

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