Pesos y contrapesos
Jul 17, 2017
Arturo Damm

Renegociar, ¿para qué?

La renegociación del TLC tendrá sentido si se avanza en la apertura comercial, en la eliminación de los lastres y obstáculos que los gobiernos mexicano y estadounidense todavía imponen a las importaciones.

Estamos en la antesala de la renegociación del Tratado de Libre Comercio, TLC, suponiéndose que el antagonismo se da entre Estados Unidos y México, por lo que en la renegociación cada gobierno, el mexicano por su lado y el estadounidense por el suyo, tratará de jalar agua para su molino, lo que dará como resultado un ganador y un perdedor. Esta es la visión de Trump, quien no se cansa de decir que el ganador del TLC ha sido México (con superávit en su balanza comercial) y, como contrapartida inevitable, Estados Unidos ha resultado el perdedor (con déficit en su balanza comercial). Esta visión del libre comercio está equivocada.

En el comercio entre México y Estados Unidos hay dos grupos de agentes económicos, claramente diferenciados, y no son los mexicanos por un lado y los estadounidenses por el otro, sino los consumidores mexicanos y estadounidenses, por un lado, y los productores estadounidenses y mexicanos, por el otro. Los consumidores mexicanos y estadounidenses comparten el mismo interés: que se les ofrezca, al menor precio posible, la mayor cantidad y variedad de satisfactores, para lo cual hace falta que los gobiernos de ambos países permitan, sin límite alguno, la importación de mercancías. Por su parte, los productores estadounidenses y mexicanos también comparten un interés: poder cobrarle a los consumidores de su país el mayor precio posible, para lo cual requieren que la oferta sea la menor posible, para lo cual hace falta que sus gobiernos prohíban las importaciones de mercancías.

La renegociación del TLC tendrá sentido si se avanza en la apertura comercial, en la eliminación de los lastres y obstáculos que los gobiernos mexicano y estadounidense todavía imponen a las importaciones, limitando las posibilidades de un mayor bienestar para los consumidores de ambos países, y permitiendo a los productores de cada país cobrar un mayor precio del que podrían cobrar si hubiera total y absoluto libre comercio. ¿Es este el sentido en el que se llevará a cabo la renegociación? No, de ninguna manera.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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