LUNES, 9 DE OCTUBRE DE 2017
El mito del Che

¿Se debe utilizar una parte de las reservas del Banco de México para financiar la reconstrucción?
No
No sé



“Existe una tiranía en el vientre de cada utopía.”
Bertrand de Jouvenel

Ian Vásquez









“La ignorancia acerca del Che lleva frecuentemente al absurdo. La verdad es que la crueldad y la intolerancia extrema es lo que más caracterizaba al Che.”


Este lunes marca el aniversario 50 de la muerte de Ernesto “Che” Guevara, ese revolucionario romántico que llegó a ser, para muchos, un símbolo noble de la lucha por la justicia social y contra la pobreza mundial. Su vida se celebrará, entre otros lugares, en Rosario, Argentina, ciudad donde nació y donde una estatua suya adorna una plaza.

Hace muchos años, quienes profesaban admiración por el Che lo hacían con cierto conocimiento y hasta convicción por la ideología comunista que él promovía. Hoy hay pocos que realmente creen en el comunismo, pero la imagen del Che se encuentra en todas partes. Su imagen se ha comercializado a tal punto que quienes usan la camiseta o cualquiera del sinfín de productos en los que figura, típicamente no saben a qué ideas y valores dedicaba su vida el rebelde.

La ignorancia acerca del Che lleva frecuentemente al absurdo. La modelo Gisele Bündchen, por ejemplo, lució un bikini con la imagen del revolucionario en una pista de modelaje, a pesar de que el Che fue enemigo declarado del capitalismo. Unos años atrás vi en Hong Kong a uno de los líderes pro democracia arropado en la camiseta clásica del argentino; eso, a pesar de que el Che odiaba la democracia. En cierto sentido, el Che, o por lo menos sus ideas, se han vuelto banales.

Pero las ideas importan, y el mito del Che dista enormemente de la realidad. Por eso, la Fundación Bases en Rosario ha llevado una campaña para remover la estatua del Che de su ciudad. No lo logrará porque no tiene el apoyo político suficiente en la municipalidad, pero sí ha logrado estimular un debate necesario acerca del Che.

La verdad es que la crueldad y la intolerancia extrema es lo que más caracterizaba al Che. Eran cualidades que definían su ideología, metodología y personalidad. Fue responsable, antes y después del triunfo de la revolución cubana, de ejecutar a cientos de individuos a sangre fría sin debido proceso alguno y a veces en juicios sumarios, frecuentemente por pensar diferente de él o por ser meramente sospechosos. “Ante la duda, mátalo”, instruyó el Che a uno de sus súbditos. En un discurso ante las Naciones Unidas en 1964, aseguró que “sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando”.

En una carta que el Che escribió a su padre, le confesó “realmente me gusta matar”. Ese sentimiento también fue parte de su “Mensaje a la Tricontinental” en 1967 en que destacó “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”.

Y, por supuesto, el Che fue figura clave en la instalación del sistema totalitario comunista cubano que asesinó a más de 10.000 personas sin contar los miles de muertos en aventuras militares en el extranjero o los más de 70.000 que fallecieron al intentar fugarse de Cuba. Fue el Che quien estableció el primer campo de concentración en Cuba para los homosexuales, religiosos y demás “contrarrevolucionarios”.

Dada la realidad, vale la pena preguntarse: ¿por qué persiste el mito del Che? El profesor Paul Hollander observa que suele haber simpatía hacia el comunismo –y no hacia el fascismo, que es igual de repugnante–, porque los comunistas profesan ideales nobles y el apoyo a ellos sirve como crítica a la sociedad de uno y señal de la supuesta superioridad moral de uno. En todo el continente deberíamos agradecer a la Fundación Bases en la ciudad natal del Che por impulsar una discusión basada en los hechos.

*Artículo publicado originalmente en Cato Institute.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus