LUNES, 19 DE JUNIO DE 2006
Y propuestas, ¿para qué?

Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota



“La democracia totalitaria cree que el poder de la mayoría (que nunca es la voluntad de todos) es absoluto y que ella, por definición, actúa por el bien del conjunto, representa la verdad y no puede errar. Dicho poder público no tiene limitaciones.”
Lucía Santa Cruz

Cristina Massa







“El elector al decidir el sentido de su voto se enfrenta a consideraciones futuras y evaluaciones pasadas. No sólo se pregunta por las plataformas ofrecidas por los candidatos sino por los hechos que efectivamente han protagonizado en el pasado.”


Con la colaboración de Edgar Moreno

 

Algunas críticas a la contienda presidencial se dirigen a la ausencia de propuestas por parte de los candidatos. Algunas otras a la calidad con que han sido elaboradas. De cualquier modo, la pregunta de fondo es si lo que dicen los candidatos que compiten por el poder, realmente dice algo de la forma en que gobernarán los ganadores. Más preguntas: cuál es la importancia de las propuestas de política pública en una contienda, cómo son, cómo deben ser y cómo podemos esperar que sean las campañas electorales en este sentido.

           

La democracia es un régimen político que privilegia la deliberación pública y la participación política de los ciudadanos. Las campañas deberían fomentar estos elementos. Pero la democracia también y, sobre todo, es la competencia por el poder a través del voto de los electores. Las campañas son el espacio natural, no el único pero sí el específico, donde debe darse la lucha por el poder. Una vez en él, existen factores múltiples que definen su ejercicio y sólo es uno de ellos lo prometido en contienda.

 

Los candidatos en campaña tienen motivaciones encontradas para tomar posicionamientos claros y firmes. Por un lado la definición de posturas les atraerá mayor apoyo de votantes, activistas y potenciales donadores que verán en ello un mensaje de certidumbre. Por otro, los candidatos buscarán ser ambiguos para no ahuyentar electores que estén en desacuerdo con sus posiciones y más bien intentarán diluir la decisión del votante en distintos ejes de política pública y opiniones que se muevan en amplios rangos ideológicos.

 

En la medida en que los candidatos se ven motivados en sentidos opuestos, se verán mensajes contradictorios durante las campañas, siempre y cuando el contexto de la contienda no los obligue a apostar por una sola de las alternativas. En cualquiera de los casos las definiciones ideológicas requieren de atajos informativos, de símbolos que permitan aproximar a los electores a la contienda. En ningún caso se hace necesario, ni para el elector ni para el candidato, detallar los cómo y cuándo de las propuestas. A quién le parecería razonable utilizar el siempre escaso y finito tiempo de campaña para llevar con seriedad y rigor científico el proceso de elaboración de políticas públicas. Hacerlo sería contrario al espíritu de la batalla por el voto.

 

La ambigüedad se da en la generalidad de la propuesta, la definición para la certidumbre en los grandes lineamientos. Esta circunstancia puede verse modificada por el contexto de la elección. En el caso mexicano, AMLO y Calderón se han visto obligados a pronunciarse enfáticamente por algunos puntos de sus respectivos proyectos, en subrayar las distancias y soslayar las convergencias. Las campañas negativas los han obligado a tomar esas decisiones para no perder electores, activistas ni apoyos financieros. Lo han favorecido para reducir el número de temas de discusión en donde puedan claramente ser beneficiarios de una mayoría de votantes.       

 

El elector al decidir el sentido de su voto se enfrenta a consideraciones futuras y evaluaciones pasadas. No sólo se pregunta por las plataformas ofrecidas por los candidatos sino por los hechos que efectivamente han protagonizado en el pasado. Observar las propuestas dice de la vocación técnica de los políticos pero muy poco de su calidad como gobernantes. Las propuestas en campaña se esperan ambiguas, generales, apenas indicadoras de las líneas de acción y los principios rectores. (Y eso, con sus notables excepciones: no olvidemos a Fujimori combatiendo en 1990 durante su campaña el liberalismo de Vargas Llosa, e implementándolo tal cual una vez en el gobierno; el resultado: la reelección en 1995.)

 

Pero no sólo es estratégicamente cuestionable que los candidatos definan a pie juntillas sus planes de gobierno durante la campaña; también es ingenuo esperar que el elector lo crea. He ahí una diferencia, así sea sutil, entre la promesa y la propuesta. El votante sabe que prometer no empobrece, que el incentivo de los candidatos a mentir es alto y la probabilidad de que cumplan baja, salvo que haya información retrospectiva que permita al elector tener mayor certidumbre sobre la base de la reputación de los competidores. Lo anterior, sin embargo, admite un cierto matiz: las promesas, usadas desde tiempos inmemoriales como herramientas de campaña que no eran relevantes al candidato más que para obtener el triunfo, ahora empiezan a seguir a nuestros gobernantes y a costarles durante su gestión y por eso no sólo se alejan de la propuesta técnica sino de la promesa concreta. Es distinto decir “Voy a generar empleos, voy a fomentar el crecimiento económico, voy a lograr acuerdos”, como oímos hoy, que “Voy a generar un millón de empleos al año, vamos a crecer al 7%, y voy a resolver el problema de Chiapas en 15 minutos”, como oímos hace seis años. Hoy le parece a la administración en el gobierno injusto que se les repita una y otra vez lo prometido y no cumplido. Hoy ningún candidato tiene incentivos a prometer con tal ligereza y concreción. Se quedan con la pura ligereza.

 

En fin, si las promesas cada vez menos redituables, menos aún lo es la precisión al explicar las políticas públicas propuestas. No podemos culpar a los candidatos de intentar maximizar sus beneficios electorales. La información necesaria también y sobre todo debe venir del pasado de los candidatos, y de ciudadanos que integren a su actuar político la exigencia de la rendición de cuentas.


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus