El Econoclasta
Jun 12, 2019
Isaac Katz

Abaratar el crecimiento (VIII): Regulación (II)

Moverse hacia una regulación de los mercados de bienes, servicios y factores de la producción de la cual se deriven los incentivos alineados con el objetivo de mayor crecimiento es un imperativo.

La semana pasada señalé que la regulación excesiva e ineficiente se constituye como la principal barrera de entrada y salida en los mercados lo que encarece la actividad económica, induce una asignación ineficiente de recursos e inhibe la inversión y el crecimiento. Derivado de este marco regulatorio deficiente se pueden dar tres fenómenos: la extorsión de los agentes económicos privados por parte de funcionarios públicos, el contubernio entre funcionarios y una empresa para imponer barreras de entrada a potenciales competidores y hacer más rígida la movilidad sectorial y regional de los factores de la producción.

Un efecto adicional de una regulación excesiva e ineficiente es el que tiene sobre la actividad informal en la economía. Cuando los costos regulatorios son muy elevados, se genera el incentivo para que los muy pequeños empresarios decidan crear y operar su empresa fuera del marco legal; son informales y simultáneamente son ilegales, sin que ello implique que el bien o servicio que están produciendo sea considerado ilegal (por ejemplo un salón de belleza que opera fuera del marco legal; los peinados allí producidos no son un bien ilegal). Se estima que en México alrededor del 25% del PIB es producido por este tipo de empresas.

Que una empresa opere informalmente (e ilegalmente) al no estar registrada ante las autoridades tributarias, laborales y de seguridad social (además de ante las autoridades estatales y municipales) tiene varios efectos que se constituyen como un lastre al crecimiento. Primero, al estar operando en la ilegalidad, existe el incentivo para ser una empresa muy pequeña para poder evadir la fiscalización tributaria y de seguridad social; esto implica que no generan economías a escala, utilizan trabajadores con muy bajos niveles de capital humano y operan con tecnologías obsoletas por lo que su productividad factorial total es muy baja y, peor aún, se encuentra estancada. Segundo, por operar en la ilegalidad no tienen acceso al sistema financiero por lo que su fuente de financiamiento es el mercado paralelo de crédito en donde las tasas de interés son muy elevadas y a plazos muy cortos, por lo que además de encarecer la operación corriente, no es una fuente de financiamiento de la inversión. Tercero, evaden impuestos y los pagos correspondientes a la seguridad social por lo que sus trabajadores (casi 57% de la PEA) no tienen acceso al abanico de servicios como atención médica, crédito para la vivienda y ahorro para la pensión. Una economía en donde casi 25% del PIB lo producen este tipo de empresas, empleando a más de la mitad de los trabajadores, difícilmente va a crecer tasas elevadas.

Mención especial es lo relativo a la regulación de la seguridad social a la que se enfrentan las empresas legales. Los pagos que hacen estas empresas al sistema IMSS - Infonavit - SAR, representan alrededor de 30% por cada peso bruto de salario pagado, lo que efectivamente se constituye como un impuesto al empleo formal. Muchas empresas, para evadir este impuesto así como los muy elevados costos regulatorios derivados de la excesiva e ineficiente regulación optan por operar en la ilegalidad, aportando prácticamente nada al crecimiento (aunque pagan otros “impuestos” informales como la extorsión, privada y de inspectores gubernamentales). Una propuesta, entre otras indispensables medidas a tomar, es reducir significativamente las contribuciones patronales y transitar hacia un sistema de seguridad social universal financiado con la recaudación general de impuestos, lo que hace indispensable una reforma tributaria.

Moverse hacia una regulación de los mercados de bienes, servicios y factores de la producción de la cual se deriven los incentivos alineados con el objetivo de mayor crecimiento es un imperativo.

*Artículo publicado originalmente en El Economista



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