MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE DE 2005
Elba Esther hostiga a Madrazo

El PIB en todo 2019 se contrajo -0.1%. Dado que la política económica de este gobierno no cambiará, ¿cuál es su pronóstico para 2020?
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Carlos Rodríguez Braun


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“La legitimidad se pierde cuando el político se distancia de los cauces legales y recurre al hostigamiento y a la violencia para acallar una voz con la que no está de acuerdo.”


Podrá uno estar de acuerdo o no con las posiciones de Elba Esther Gordillo. Pero la campaña de hostigamiento que ha montado en contra del precandidato presidencial del PRI, Roberto Madrazo, recuerda las tácticas del fascismo.

 

No hay lugar en el que se presente públicamente Madrazo en el que grupos de elbistas no se presenten a lanzarle insultos e incluso huevos al aspirante presidencial. El propósito es dificultar o incluso impedir la campaña que está llevando a cabo el tabasqueño. La mayoría de los medios de comunicación han caído en la trampa y su cobertura se dedica exclusivamente a las agresiones sin prestar atención a las propuestas.

 

Elba Esther Gordillo tuvo los espacios para protestar por la sucesión a la presidencia del PRI. A ella le correspondía ocupar el cargo a la salida de Madrazo, pero se negó a presentarse a la reunión del consejo político nacional en que se llevó a cabo el cambio. La maestra objetó la sucesión en los órganos internos del PRI y después llevó su protesta al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, pero éste determinó que la sucesión se había llevado a cabo según los estatutos. Si Elba Esther hubiera estado presente en la reunión del consejo, y no se le hubiera dado la presidencia, habría tenido éxito en los tribunales. Fue su propia decisión de desairar al consejo lo que condenó su caso legalmente.

 

Pero en lugar de aceptar esta derrota jurídica, la maestra ha preferido recurrir a la descalificación personal, al hostigamiento y al insulto. Sus allegados han dejado en claro que hostigarán cualquier reunión pública en la que se presente Madrazo de hoy en adelante. Lo que ella no pudo conseguir por la fuerza de la razón y de la ley, lo quiere obtener por la fuerza.

 

Mal haría el PRI en ceder al chantaje. Elba Esther pudo haber tenido legitimidad como dirigente del PRI en un momento. Ella, después de todo, ganó en el 2002 una elección a la secretaría general del partido en compañía de Madrazo.

 

Pero la legitimidad se pierde cuando el político se distancia de los cauces legales y recurre al hostigamiento y a la violencia para acallar una voz con la que no está de acuerdo. Los priistas tienen derecho a escuchar las propuestas políticas de Roberto Madrazo. La intolerancia que está mostrando el grupo de Elba Esther no es positiva para el PRI.

 

Si fuera Madrazo el que estuviera promoviendo el hostigamiento de Elba Esther o de cualquier otro político, habría buenas razones para cuestionar al tabasqueño. En una inquietante hipocresía, sin embargo, una parte importante de la clase política prefiere guardar silencio ante una táctica fascista.

 

Puede uno estar de acuerdo con la maestra o con Madrazo. Eso no importa. Lo realmente significativo en este caso es que si permitimos que las diferencias políticas se diriman sobre la base del insulto, el hostigamiento o la violencia física, le abriremos las puertas a las peores tácticas del fascismo.


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