MARTES, 8 DE OCTUBRE DE 2019
Política industrial

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“Lo que menos ha hecho este gobierno es dotarnos de un entorno amigable para los negocios que genere certeza.”


Se dice, erróneamente, que desde el gobierno del presidente De la Madrid no ha habido una explícita política industrial y que al sector manufacturero se le dejó “a la buena de dios”, abandonado. En consecuencia, para demostrarnos que este gobierno sí está preocupado y ocupado, la Secretaría de Economía presentó la semana pasada los diez lineamentos generales de la política de desarrollo industrial: 1. Promover mayor competencia para fortalecer el mercado interno; 2. Aprovechar la apertura comercial para fortalecer las cadenas productivas y aumentar el contenido nacional; 3. Impulsar la mejora regulatoria en los tres niveles de gobierno; 4. Generar un entorno amigable de negocios que dé certidumbre; 5. Alentar el crecimiento de las Pymes; 6. Fomentar la digitalización del sector manufacturero que incluye, además, capacitación de la mano de obra; 7. Modernizar los procesos de normalización e impulsar la infraestructura de calidad; 8. Propiciar la economía de la salud para aumentar la productividad y la competitividad; 9. Aumentar el financiamiento de la banca de desarrollo; 10. Impulsar los proyectos industriales en las regiones más rezagadas del país.

Ocho de las diez líneas son prácticamente las mismas que se han mencionado en todos los planes de impulso al sector manufacturero durante los últimos seis gobiernos. Las únicas novedades para mostrarnos que no hicieron un simple “copia y pega” y que sí le pensaron son el punto seis (¿estarán pensando en promover la robótica?) y el punto ocho: lograr ser más productivos “propiciando la economía de la salud”, lo que además de dejar en evidencia que no entienden qué es la economía de la salud, uno podría suponer que lo que se buscaría es que los trabajadores no se enfermen con el propósito de reducir el ausentismo, aunque también podría pensarse que todos los días al inicio de la jornada laboral habrá “tablas gimnásticas”. Los restantes son, utilizando el adjetivo que le encanta al presidente, “neoliberales”, ya que la única otra opción es regresar a una política de sustitución de importaciones basada en la protección comercial al sector industrial.

A partir de que inició el proceso de apertura comercial en 1985, que se profundizó en 1988 y se coronó con diversos tratados de libre comercio, particularmente el TLCAN, la industria manufacturera ha sido una de las principales fuentes de crecimiento económico en los estados del centro y norte del país, es decir aquellos en los que esta industria se ha integrado a los mercados internacionales. Es el sur del país el que no ha crecido por, precisamente, haber mantenido métodos tradicionales de producción y por no haberse incorporado a la economía moderna y dinámica; los “dos Méxicos”. Dado esto, hay cinco puntos adicionales que mencionar.

Primero, proponen impulsar la infraestructura pero el próximo año se prevé una fuerte contracción de la inversión pública precisamente en este renglón, particularmente en comunicaciones y transportes y en líneas de transmisión de electricidad; ¿entonces? Segundo, el impulso a las Pymes ha fracasado antes porque no tienen el tamaño y por lo mismo la escala para producir a precios y calidad competitivos y esto es en gran medida debido a una excesiva carga regulatoria y al arreglo fiscal que castiga crecer. Tercero, promover la industrialización en regiones rezagadas cuando el propio presidente canceló, sin argumentos, el programa de las zonas económicas especiales. Cuarto, la mejora regulatoria, particularmente al nivel de los estados y municipios no se ha podido lograr porque es fuente de rentas, es decir corrupción, lo cual inhibe una mayor competencia.

Finalmente resalta el punto cuatro, porque lo que menos ha hecho este gobierno es dotarnos de un entorno amigable para los negocios que genere certeza. Y así, ni cómo.

*Artículo originalmente publicado en El Economista

• Política económica • “4ta transformación”

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