MIÉRCOLES, 12 DE OCTUBRE DE 2005
Juegos perversos

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Roberto Salinas







“El gran error de la presente administración fue no aprovechar “la luna de miel política”. El fallo fue ceder, el fallo fue dar lugar al juego perverso que vivimos hoy en día.”


La serie de conflictos y de confrontaciones que caracterizan nuestro entorno actual representan un laboratorio, si bien un tanto primitivo, para los modelos de teoría de juegos que han aportado economistas modernos—incluyendo los dos intelectuales que obtuvieron el Nóbel económico en su versión del año en curso.

 

Se trata de un juego perverso, donde los errores económicos cometidos en el curso de la presente administración han marcado la pauta para una cultura de sabotaje. Esto, a su vez, parecería generar una disyuntiva perversa entre mantener una “paz social” particular, hasta ficticia, y respetar el estado de derecho, pase lo que pase, pise a quién pise. Incluso, hasta parecería que nuestro legado liberal, la proposición que el respeto al derecho ajeno es la paz, ¡es una contradicción de términos!

 

La suspensión del proyecto de inversión para desarrollar un nuevo aeropuerto en el área metropolitana de la capital, en aras de “mantener la paz” entre los grupos organizados y los intereses militantes que se opusieron al mismo, sentó el antecedente para un juego de conflicto y confrontación. La fórmula para proteger un fuero, una causa política, un interés especial, se dio, tal como comentó Luís Enrique Mercado, por medio de las manifestaciones, de las demostraciones, de oponerse con virulencia, y a veces hasta con violencia.

 

Así pasó con varios otros nuevos proyectos de inversión, así pasó con la polémica del desafuero, así pasó con empresarios que buscaron evitar la modernización de leyes o la apertura a la competencia, así ha pasado recientemente con los cañeros, por no decir con la bomba de tiempo del sindicato del IMSS. En las palabras de Luís Enrique: el gobierno de Fox “dobló las manos y de ahí en adelante le tomaron la medida.” La presión se volvió la herramienta favorita en este juego perverso para evitar cumplir con la ley.

 

La triste ironía es que la única cauda legítima, pacífica, la marcha contra el crimen, simplemente salió sobrando. En esto otro juego de conflicto, vamos de mal en peor. Pero esa es la consecuencia de perderle el respecto a la ley, de este juego de suma (sumamente) negativa.

 

Hace exactamente cinco años, a la fecha exacta, publicamos un artículo en el Wall Street Journal, comentando sobre los problemas que veíamos en los planteamientos de esta nueva administración. El canto de “no nos falles” todavía encontraba eco en los reclamos de la sociedad civil. El compromiso de lograr alto crecimiento con estabilidad de precios era ya no materia de fantasía sino de una realidad alcanzable.

 

Han pasado muchas cosas desde ese entonces, unas buenas otras malas, pero en ese entonces, en esa nota editorial, nos preocupaba que el objetivo de esta combinación de estabilidad con crecimiento cediera ante las voces de austeridad, obsesionadas con evitar el famoso “sobrecalentamiento” de la economía.

 

En retrospectiva, podríamos decir que el gran error de la presente administración fue no aprovechar “la luna de miel política” y la oportunidad histórica para embarcar, sin titubeo, sin los tradicionales “no se puede,” en las reformas estructurales necesarias para lograr el alto crecimiento.

 

Sí, pero no. El fallo fue ceder, el fallo fue dar lugar al juego perverso que vivimos hoy en día. Vaya, después de todo, el hecho es que el respeto al derecho ajeno sí es la paz.


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