LUNES, 20 DE ABRIL DE 2009
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“"No podéis otorgar la fuerza al débil debilitando al fuerte; no podéis ayudar al pobre arruinando al rico." ”
Abraham Lincoln

¿Por qué intentaría alguien arruinar al rico? Posible respuesta: para ayudar al pobre. De acuerdo, ¿pero por qué la ayuda al pobre supone la ruina del rico? Por la redistribución del rico hacia el pobre, redistribución que se lleva a cabo cuando el poder político obliga al rico a entregar parte del producto de su trabajo al pobre, siempre con la intermediación del redistribuidor.

 

Evidentemente que la ruina del rico, a partir de la redistribución a favor del pobre, solamente tendrá lugar si la misma se lleva más allá de cierto límite, que está entre el uno y el cien por ciento. Si el redistribuidor obliga al rico a entregar el uno por ciento del producto de su trabajo a favor del pobre, difícilmente podemos hablar de la ruina del rico, ruina que será total si, por el contrario, se le obliga a entregar el cien por ciento. Es por eso que afirmo que la ruina del rico, consecuencia de la redistribución desde, tendrá lugar en algún porcentaje entre el uno y el cien por ciento, quedando claro que el redistribuidor no caerá en ninguno de los dos extremos, el primero por defecto (muy poco: no alcanza apara ayudar al pobre) y el segundo por exceso (demasiado: el rico no vuelve a generar ingreso, por lo que no habrá más ayuda para el pobre).

 

Llegados a este punto la pregunta es, ¿a partir de qué porcentaje se inicia la ruina del rico y, por ello, la mengua en la ayuda al pobre? No existe una respuesta objetiva, y quienes han tratado el tema, tal y como fue el caso del redistribuidor Abba P. Lerner, llegan a la conclusión de que lo que el poder político debe hacer el redistribuir el ingreso de manera igualitaria: cuánto ingreso generaron, en un determinado periodo de tiempo, los distintos agentes económicos; cuántas personas habitan, en ese determinado período de tiempo, el área de influencia del poder político; dividir aquel ingreso entre este número y realizar la redistribución correspondiente, todo lo cual, ¡obviamente!, resulta terriblemente arbitrario, por más que el marginalismo aporte la conclusión de que la utilidad que pierde el rico, cuando se le quita, es menor que la utilidad que recibe el pobre, cuado se le da, razón por la cual la utilidad total aumenta, lo cual, hasta cierto límite es cierto, pero no por ello la redistribución deja de ser una arbitrariedad.

 

Desde el punto de vista de la justicia la redistribución, es decir: la obligación impuesta por el poder político para que unos entreguen parte del producto de su trabajo a favor de otros, siempre es arbitraria, independientemente de que la misma sea del uno o del cien por ciento. No es una cuestión de porcentajes, tampoco de utilidades marginales y totales, sino de principio. El uno por ciento de redistribución del rico a favor del pobre no arruina al primero, pero sí viola su derecho a la propiedad privada y, dado que la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, también viola su derecho a la libertad individual.

 

El tema de la redistribución no debe analizarse desde el punto de vista de sus efectos, preguntándose, por ejemplo, ¿a partir de qué punto la misma arruina al rico? Debe analizarse desde la perspectiva de los principios y preguntarse ¿qué justifica que el poder político obligue e unos a entregar parte del producto de su trabajo a otros? O, para plantearlo más puntualmente, ¿cuál es la diferencia, más allá de la obvia, entre el ladrón que roba a punta de pistola, con el fin de redistribuir a su favor, y el gobierno que obliga al contribuyente a entregar parte de su ingreso para redistribuirlo en beneficio de alguien más?, preguntas por demás pertinentes en estos tiempos en los cuales gobernar es sinónimo de redistribuir.

 

Por ello, pongamos el p8nto sobre la i.


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