LUNES, 20 DE JULIO DE 2009
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“"El socialismo se opone al individualismo exaltando las virtudes de la colaboración y cooperación entre los hombres para lograr un objetivo común, frente a la actitud competitiva que propugna la persecución de los intereses individuales en contra y en competencia con los intereses de los demás." ”
Felipe González

La frase de González, buen ejemplo de las confusiones mentales que aquejan a los socialistas, no tiene desperdicio, comenzando por la creencia de que individualismo es antónimo de colaboración y cooperación, creencia idiota que solamente los idiotas pueden creer. Si el individualismo fuera sinónimo de no colaboración y no cooperación, los individualistas, comenzando por el que esto escribe, deberíamos exiliarnos, a la Robinsón Crusoe, en una isla desierta, y evitar, por todos los medios a nuestro alcance, la llegada de Viernes, y, en el caso de fracasar en el intento, negarnos a colaborar y cooperar con él en las tareas diarias de la sobrevivencia, algo que, ¡obviamente!, ni el más recalcitrante de los individualistas estaría dispuesto a hacer, por una razón muy sencilla: las ventajas que, para la satisfacción de las necesidades, trae consigo la colaboración y cooperación que, en el campo de la economía, suponen la división del trabajo y, por lo tanto, el intercambio, que es la manera más eficaz de que los seres humanos colaboren y cooperen en la satisfacción de sus necesidades.

 

El individualismo no se opone a la colaboración y a la cooperación, tal y como lo comprobamos en cada intercambio comercial, al cual las partes acceden, no solamente por razones individualistas, sino, ¡horror!, por motivos egoístas, ya que tanto el comprador como el vendedor lo que pretende es satisfacer sus necesidades, no las de los demás. Cualquier intercambio comercial supone, ¡por motivos individualistas y egoístas!, la colaboración y cooperación entre los oferentes y los demandantes, lo cual muestra que el individualismo y el egoísmo no se oponen a la colaboración y cooperación entre personas.

 

Pero González va más allá y afirma que lo que el socialismo busca, por medio de la cooperación y la colaboración, es el logro de objetivos comunes que, precisamente por serlo, se oponen a los fines individualistas de cada uno, lo cual no necesariamente es cierto, ya que varias personas pueden, buscando por motivos egoístas un fin individual, coincidir en ese fin, como puede ser el caso de todos los que trabajan en una empresa y se esfuerzan por hacerla lo más competitiva posible, ya que ello es lo que le conviene a cada uno de ellos.

 

González da un paso más y llega al tema de la competencia, que concibe como la persecución de los intereses de cada quien en contra de los intereses de los demás, es decir, como el enfrentamiento de intereses individuales, lo cual es cierto: eso es la competencia. La pregunta es si ese enfrentamiento de intereses individuales, sobre todo cuando se da en el mercado, y sin que ninguna de las partes en competencia reciba privilegios del gobierno, es malo, razón por la cual hay que sustituir la competencia por la colaboración y la cooperación, lo cual daría como resultado, sobre todo en el ámbito de la economía, el monopolio que, en la visión de los socialistas, debe ser, ¡para colmo de males!, monopolio gubernamental.

 

En eso, en el monopolio gubernamental, es en lo que desembocaría, en el ámbito de la actividad económica, la eliminación, por individualista y egoísta, de la competencia, permitiéndose únicamente la colaboración y la cooperación que, ante la falta de competencia, resultarían muy poco eficaces para elevar el nivel de bienestar de la gente, pese a lo cual, y allí está la frase de González como ejemplo, hay quienes insisten en el tema.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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