LUNES, 27 DE JULIO DE 2009
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“"La pregunta no debe ser cuánto necesita ganar un trabajador para sobrevivir, sino cuánto ingreso es capaz de generar y de qué manera puede incrementarlo.” ”
Othmar K. Amagi

Una de las muchas diferencias entre socialistas y liberales es que los primeros consideran que, en materia de salarios, la variable dependiente es el salario y la independiente las necesidades del asalariado, de tal manera que el primero debe fijarse en función de las segundas, mientras que los liberales reconocemos que, en el mundo real, no en de las buenas intenciones, la relación es la inversa: las necesidades del asalariado componen la variable dependiente y el salario la independiente, lo cual quiere decir que la satisfacción de las necesidades depende del monto del salario generado, de tal manera que a mayor salario generado más necesidades satisfechas y viceversa.

 

Esta relación – la satisfacción de las necesidades depende de la cantidad del ingreso generado -, no es producto del capricho del capitalista, es decir, del dueño de los medios de producción con los que trabaja el asalariado, sino del orden natural de las cosas: nadie puede consumir más del ingreso que, a la larga, genera, es decir, nadie puede, a largo plazo, consumir más de lo que produce. Pero sí es producto del capricho de los socialistas pretender que la generación del ingreso, es decir, el pago del salario, dependa de las necesidades que el salariado debe satisfacer, por lo menos de las necesidades básicas, que son aquellas que, de quedar insatisfechas, atentan contra la salud y la vida del ser humano.

 

Ojalá y fuera posible que el salario pagado dependiera de las necesidades, comenzando por las básicas, que deben satisfacerse. Si así fuera, y por ello afirmo que ojalá y así pudiera ser, simple y sencillamente no habría pobreza: todo patrón le preguntaría a cualquier trabajador ¿cuánto necesitas ganar?, el trabajador respondería “Tanto”, y esa cantidad se le pagaría, misma que podría alcanzar, no solamente para satisfacer las necesidades básicas, sino también los gustos, deseos y caprichos de la persona, todo ello con la consecuencia de que la delincuencia, al menos aquella cuyo objetivo es apropiarse de la propiedad material de alguien más, desparecería. Si basta que yo diga cuánto quiero ganar para que lo gane, ¿qué motivos tengo para robar?

 

Ojalá y fuera posible que el salario pagado dependiera de las necesidades, gustos, deseos y caprichos a satisfacer, pero ello, desde la expulsión del Paraíso, resulta imposible, y la relación es la inversa: la satisfacción de las necesidades depende de la cantidad de ingreso generado, de tal manera que, si se han de satisfacer más necesidades, o si se han de satisfacer de mejor manera, hay que generar más ingreso, para lo cual se requiere aumentar la productividad del trabajo, lo cual a su vez demanda desde mejores bienes de capital (herramientas, maquinaria y equipo) hasta mejor capacitación (para saber usar las mejores herramientas, maquinarias y equipos).

 

No basta con querer ganar más, hay que poder ganar más, poder que depende de la productividad del trabajo, algo que los liberales han reconocido desde siempre, razón por la cual aceptan la realidad tal cual es: la satisfacción de las necesidades depende de la cantidad de ingreso generado, y no, como consideran los socialistas, al revés, socialistas cuyas intenciones son buenas, pero cuyo realismo, entendiendo por tal la capacidad para ver y reconocer la realidad tal y como es, deja mucho que desear, sobre todo en materia de economía.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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