LUNES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2009
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“"La disyuntiva entre democracia representativa y participativa es falsa... ambas se necesitan pero en equilibrio. La primera garantiza en la división de poderes el principio que protege a las minorías de los abusos de la "voluntad general", y la segunda promueve que la brecha natural entre representantes y representados disminuya." ”
Francisco Valdés Ugalde

Es cierto, si las democracias representativas y participativas fueran posibles, y no solamente posibles, sino deseables, la disyuntiva entre las unas y las otras sería falsa. El hecho es que, ni la democracia es representativa, ¡ni debe serlo!, y tampoco es participativa, ¡ni puede serlo!

 

Por democracia representativa se entiende aquel sistema de gobierno en el cual, tanto los representantes del poder Ejecutivo, como los del Legislativo, son elegidos por los ciudadanos, con la intención de que los primeros sean los representantes de los segundos, algo que de hecho no es cierto y que, por derecho, tampoco debe ser. De hecho esos representantes lo son, no de los ciudadanos que los eligieron, sino de los poderes Ejecutivo y Legislativo: a esto es a lo que me refiero cuando escribo de los representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo.

 

Primero: es un hecho que, por poner el ejemplo del Poder Legislativo, los legisladores no son los representantes de los electores. Si así fuera, ¿cómo explicar que muchas veces se redactan y promulgan leyes en contra de los intereses de dichos electores, tal y como es el caso, por ejemplo, de las leyes que avalan el aumento de impuestos, ya sea porque se crean nuevos, ya porque se cobran a tasas mayores?

 

Segundo: partiendo del hecho de que los legisladores no son los representantes de los electores debemos preguntarnos si deberían serlo. La respuesta es muy clara, ¡no!, y por una razón muy sencilla, que tiene que ver con la siguiente pregunta: ¿qué, de sus electores, representarían los legisladores? Sus intereses, respuesta que nos lleva a preguntar cómo calificar leyes que se redactan y promulgan (y eso es lo que hacen los legisladores: redactar y promulgar leyes), no con el fin de garantizar derechos (que por serlo son de todos), sino con el objetivo de promover intereses (que por serlo son, por lo general, de algunos).

 

¿Debo yo tener representantes en las cámaras legislativas para que promuevan mis intereses? ¿O debemos tener todos legisladores que, por medio de las leyes, reconozcan plenamente, defina  puntualmente y garanticen jurídicamente los derechos naturales a la vida, la libertad y la propiedad? La democracia, ¿es realmente representativa? Si no lo es, ¿debe serlo? Mi respuesta a ambas preguntas es no.

 

¿Y qué pasa con la democracia participativa, entendida como la participación directa del ciudadano, sin la representación de los legisladores (para continuar con el ejemplo del Poder Legislativo), en la redacción y promulgación de las leyes? Primera pregunta: dada la cantidad de ciudadanos, ¿se puede? Segunda: ¿cuántos ciudadanos están interesados? Tercera: si todos los ciudadanos estuvieran interesados, y todos pudieran participar, ¿deberían? En tal caso, ¿no lo harían más en función de la promoción de sus intereses que en función de la garantía de los derechos? (El problema se agrava cuando se confunden intereses con derechos)

 

Más allá de las reflexiones anteriores, es un hecho que muchos legisladores sí representan intereses, desde los de su partido hasta los del grupo que personifican, como también es un hecho que, por medio de tales representantes, los representados participan directamente en la redacción y promulgación de leyes, pero no es a esa representación, sectaria, ni a esa participación, selectiva, a la que se hace mención cuando se habla de democracias representativas y participativas, sino a la representación y participación de todos, lo cual, insisto, no puede ni debe ser.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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