LUNES, 23 DE SEPTIEMBRE DE 2013
El punto sobre la i
¿Usted está de acuerdo en que se eliminen las comisiones bancarias?
No
No sé

Arturo Damm





“La libertad no tiene su valor en sí misma: hay que apreciarla por las cosas que con ella se consiguen.”
Ramiro de Maeztu

Si por libertad entendemos, de entrada, la capacidad del ser humano para decidir y elegir, y sobre todo para decidirSE y elegirSE, es claro que la libertad sí tiene un valor en sí misma, que consiste en la autoposesión, el autogobierno y la autodeterminación, ya que sólo se puede determinar a sí mismo quien se gobierna a sí mismo, y sólo se puede gobernar a sí mismo quien se posee a sí mismo, lo cual pone de manifiesto la relación libertad – propiedad: ser libre quiere decir ser propietario de uno mismo, condición para poder ser propietario de nuestras acciones, condición que se cumple en la medida en la que somos propietarios de nuestras decisiones y elecciones. Desde este punto de vista la libertad sí tiene un valor en sí misma, y es la manifestación más clara de la condición personal del ser humano, sobre todo si aceptamos, con Boecio, que la persona es una sustancia individual de naturaleza racional, y por ello (esto lo digo yo, no Boecio), volitiva, volición que, al estar dirigida por la razón, permite superar el querer espontáneo para llegar al querer razonado, es decir, al querer querido conscientemente, lo cual es posible gracias a la decisión y elección, que nos permiten autodeterminarnos hacia el bien (querer razonado), sin que el bien nos predetermine hacia él (querer espontáneo).

Más allá del hecho de que la libertad, entendida como la capacidad para decidir y elegir del ser humano, y sobre todo como la capacidad de la persona para decidirSE y elegirSE, decidiendo el tipo de persona que será (existiendo en esencia sólo dos opciones: buena o mala, sobre todo desde el punto de vista moral), y eligiendo los medios para conseguirlo (siendo esos medios esencialmente tres: conocer la verdad, hacer el bien y contemplar la belleza), repito: más allá del hecho de que la libertad, concebida como la capacidad de autodeterminación de la persona, sí tiene un valor en sí misma, no hay que pasar por alto su eficacia, es decir, su capacidad para lograr cultura, civilización, progreso, bienestar, todo lo cual es consecuencia de la acción humana, entendida como aquella conducta que tiene como causa eficiente la autodeterminación de la persona, es decir, la persona decidiendo y eligiendo qué hacer y cómo hacerlo, con un objetivo en mente: mejorar su condición o, dicho de otra manera, obtener una ganancia (que no necesariamente tiene que ser pecuniaria), utilidad que resulta de haber sido eficaz, es decir, de haber conseguido el fin buscado, obtención de la meta que supone la ganancia: alcanzado el fin, que siempre es un bien para quien lo busca (aunque objetivamente pueda no serlo), se está mejor que antes.

El progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente, es consecuencia de la libertad, en concreto de la libertad económica, que es la libertad para trabajar, emprender, invertir, producir, ofrecer, demandar, intercambiar, consumir, ahorrar, sin más límite que el respeto de esa misma libertad en todos los demás, libertad que, en mayor o menor medida, y de una u otra manera, se limita o elimina en los sistemas comunistas, socialistas y mercantilistas, y se distorsiona en los keynesianos, con la consecuencia inevitable: el grado de progreso económico resulta menor que el que se alcanza allí donde la libertad económica está plenamente reconocida, puntualmente definida y jurídicamente garantizada, es decir, allí donde se le permite su más plena actualización posible, lo cual se logra en la economía de mercado, definida como el arreglo institucional de respeto irrestricto a la libertad individual, a la propiedad privada y a la responsabilidad personal, con un único límite: que ni el uso de la propiedad, ni la práctica de la libertad, viole los derechos de los demás, de tal manera que respetando los derechos de los demás, y sin ningún privilegio otorgado por el gobierno, cada quien pueda hacer todo lo que tenga que hacer para mejorar su condición, algo que hoy en día, desconfiando de la eficacia de la libertad, los gobiernos limitan y entorpecen.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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