LUNES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2013
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“La economía de mercado NO significa el reino del caos y de la anarquía, por mucho que lo digan los detractores antiliberales.”
Xavier Sala i Martín

Al hablar de economía de mercado hay que distinguir entre economía de mercado, en sentido literal, y economía de mercado en sentido institucional. En sentido literal son de mercado las economías en las que el intercambio es la actividad económica central, en torno a la cual giran todas las demás (por ejemplo: producción y consumo), de tal manera que se produce para vender y se compra para consumir, siendo el intercambio el que pone en contacto a productores y vendedores, por un lado, y a compradores y consumidores, por el otro,  siendo el mercado esa relación de intercambio entre oferentes y demandantes. En sentido institucional son de mercado aquellas economías que, ya siéndolo literalmente, cuentan con las reglas del juego que permiten que los intercambios se lleven a cabo de la mejor menara posible, para lo cual resulta indispensable que la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal estén plenamente reconocidas, puntualmente definidas y jurídicamente garantizadas.

La economía de mercado, en el sentido institucional del término, supone del gobierno laissez -faire y laissez - avoir, dejar hacer y dejar poseer, dejar trabajar y dejar poseer el producto del trabajo, lo cual supone el respeto irrestricto a la libertad individual y a la propiedad privada, con una sola excepción, que ni la propiedad privada ni la libertad individual se usen para violar los derechos de los demás, de tal manera que el único límite a la libertad individual, y la única frontera al uso de la propiedad privada, en el ámbito de la economía, debe ser el respeto a los derechos contractuales que, voluntariamente, adquieren quienes intercambian. Lo anterior quiere decir que el gobierno no debe intentar responder las preguntas del qué producir, cómo producirlo y para quién para producirlo, debiendo ser el productor – oferente – vendedor quien responda las dos primeras, quedando la respuesta a la tercera a cargo del demandante – comprador – consumidor.

Hay quienes creen, erróneamente, que sin algún tipo de intervención gubernamental en la respuesta al qué producir, cómo producirlo y para quién para producirlo, la actividad económica, tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda, dará malos resultados, consecuencia de creer que preguntas tan importantes, ¡de las cuales depende el grado de escasez que se enfrente y, por ello, el grado de bienestar que se alcance!, deben tener una respuesta que sea consecuencia del diseño gubernamental, no de la libertad individual, ejercida en el mercado, comprando o dejando de comprar, por millones de consumidores, quienes así, ¡comprando o dejando de comprar!, responden, ¡de la manera más eficaz posible!, para quién se produce (para quien lo compra), qué se produce (lo que se compra) y cómo se produce (al costo que permita vender al precio que los consumidores estén dispuestos a pagar), debiendo tener muy claro que esas decisiones y elecciones de los consumidores son la mejor manera de responder las tres preguntas, de cuya respuesta correcta depende que se produzca lo que la mayoría aprecia, al costo de producción correspondiente a esa apreciación, y para quienes lo aprecian.

En el ámbito del mercado, con el respeto por la libertad y propiedad del otro que todo intercambio supone, el ejercicio de la libertad en el uso de la propiedad no sólo no da como resultado el caos, sino el único orden posible, ¡en términos de justicia y eficacia!, algo que no todos, comenzando por muchos legisladores y gobernantes, reconocen.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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