LUNES, 13 DE ENERO DE 2014
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“El tiempo del hombre es siempre escaso. No es inmortal: su tiempo en la Tierra es limitado. Cada día de su vida tiene sólo 24 horas a lo largo de las cuales él puede lograr sus fines. Más aún, todas las acciones deben realizarse a través del tiempo. Por ello el tiempo es un recurso que debe usarse para lograr los fines. Es un medio omnipresente en toda acción humana”
Murray Rothbard

El problema económico de fondo es la escasez, y las consecuencias que, sobre la acción humana, tiene la misma. Escasez: no todo alcanza para todos, menos en las cantidades que cada uno quisiera, y mucho menos gratis. Consecuencias: ante la imposibilidad de satisfacer todas sus necesidades, sus deseos, sus gustos, sus caprichos, el ser humano debe elegir, elección que le genera un costo de oportunidad, definido como aquella opción a la que se renuncia por elegir otra, considerada más valiosa que aquella.

 

Al hablar del tema los economistas se refieren a la escasez de los factores de la producción: 1) recursos naturales; 2) trabajo, tanto el manual como el intelectual; 3) capital, tanto dinerario como físico; 4) factor empresarial, cuya tarea es coordinar, con el fin de llevar a cabo los procesos de producción, la labor de los agentes económicos que aportan los otros factores de la producción. Esta clasificación de los factores de la producción, si bien correcta, es incompleta, ya que no contempla al recurso de los recursos, aquel sin el cual todos los demás salen sobrando. Me refiero, obviamente, al tiempo, sin el cual, dado que el ser humano no es omnipotente, cualquier acción humana, y por lo tanto cualquier logro, resultan imposibles. Gracias al tiempo es que el ser humano puede ir superando las limitaciones que le impone el hecho ya señalado: no es omnipotente, lo cual no quiere decir que no pueda llegar a ser, como de hecho ha sucedido, muy potente, lo cual es posible gracia al tiempo.

 

¿Qué supone la omnipotencia? La identificación entre el querer y el lograr. Al ser omnipotente le basta con querer algo para conseguirlo. En él querer y lograr son una y la misma realidad, identificación que no se da en el caso del ser humano: en él, entre el querer y lograr está el poder, poder que antes que otra cosa supone poder usar el tiempo. El poder humano se despliega a través del tiempo, lo cual quiere decir que entre lo que el ser humano quiere y lo que el ser humano logra siempre mediará, mucho o poco, el tiempo, como claramente lo vio el primer economista que centró la atención en el tiempo. Me refiero a Carl Menger.

 

Lo interesante con relación al tiempo, que es el recurso de los recursos, y limitado a no más de 24 horas al día, y a no más días de los que le corresponden a cada quien a lo largo de su vida, es que, gracias a la técnica, el ser humano ha sido capaz de obtener, en el mismo lapso de tiempo, una mayor cantidad de producto, cualquiera que este sea –desde litros de leche hasta kilómetros recorridos, desde palabras escritas hasta hamburguesas cocinadas, desde relaciones personales hasta aspirinas, y un larguísimo etcétera– técnica que nunca logrará hacer del humano un ser omnipotente, pero que si ha logrado, ¡de manera espectacular!, hacerlo cada vez más potente. Hoy los seres humanos podemos mucho más de lo que podíamos hace cien, doscientos o trecientos años, y no porque dispongamos de más tiempo, sino porque hemos sido capaces de sacarle, a la misma unidad de tiempo (por ejemplo: una hora), un provecho mucho mayor, lo cual, dado que es el recurso omnipresente en cualquier acción humana, resulta de singular importancia.

 

Falta, desde el campo de la economía (desde el de la filosofía se ha avanzado más) la gran reflexión en torno al tiempo, el más escaso de los recursos y, sin embargo, el recurso al que el ser humano ha sido capaz de sacarle mayor provecho, lo cual ha ido de la mano de los aumentos en la productividad del trabajo, es decir, en la capacidad de hacer más con menos, empezando con menos tiempo, realidad que amerita mayor atención de parte de los economistas.

 

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

 


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