DOMINGO, 9 DE FEBRERO DE 2014
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“El gobierno es un mal necesario. El que los gobernantes lo quieran convertir en un bien indispensable es un grave error”
Othmar K. Amagi

Interpreto (¿estaría él de acuerdo con mi interpretación?) lo dicho por Amagi en cuanto a que el gobierno es un mal necesario. Es necesario por el mal que debe combatir y por el bien que debe proveer. Es un mal por la manera que tiene de financiar esas dos tareas.

¿Qué mal debe combatir el gobierno? La delincuencia, es decir, la violación de los derechos de las personas ¿Qué bien debe proveer? La justicia, bien cuya provisión supone que no fue capaz de combatir eficazmente a la delincuencia, y por ello debe castigar al delincuente y procurar que se resarza a la víctima, todo lo cual supone la impartición de justicia. El combate a ese mal, y la provisión de ese bien, es la contribución del gobierno a la convivencia civilizada. Es, ni más ni menos, lo que justifica su existencia y la manera que tiene de financiar tales tareas, que de no ser por aquella justificación resultarían insufribles.

¿Cómo obtiene el gobierno los recursos necesarios para combatir a la delincuencia y, de fallar, impartir justicia? Cobrando impuestos, es decir, obligando al contribuyente a entregarle parte del producto de su trabajo, razón por la cual todo gobierno es un mal, que se justifica siempre y cuando los recursos así obtenidos (y así obtenidos quiere decir de manera coactiva) se destinen a financiar la realización de esas dos tareas: 1) combatir la violación de los derechos de las personas; 2) impartir justicia.

Desde el punto de vista liberal (desde la perspectiva anarcocapitalista el asunto se ve  de manera distinta) el que el gobierno obligue al ciudadano a entregarle parte del producto de su trabajo (lo malo) sólo se justifica sin a cambio le garantiza que nadie más lo obligará a entregar una porción adicional (lo bueno), y no sólo de su ingreso o patrimonio, sino también de su vida o su libertad. El cobro de impuestos se justifica, si y solamente si, el gobierno garantiza la seguridad contra la delincuencia y, de fallar, imparte justicia, en el entendido de que la lucha en contra de todos los otros males (por ejemplo: hambre, enfermedad, ignorancia, etc.), así como la lucha a favor de todos los otros bienes (por ejemplo: alimento, medicina, educación, etc.), es, ¡cómo debe ser en una sociedad de hombres verdaderamente libres!, responsabilidad de cada cual.

Pero resulta que a los gobernantes no les bastó nunca con ser sólo gobierno, y poco a poco intentaron convertirse en ángeles de la guarda, y como tales procurar (que lo logren es otro asunto) preservar a los gobernados de todos los males, ¡no solamente de la delincuencia!, y también en hadas madrina, y como tales procurar (que lo consigan está por verse) conceder a los gobernados todos los bienes, ¡no únicamente la justicia!,  intentos al paso de los cuales el gobierno se fue convirtiendo, de manera por demás engañosa, en un bien necesario, al que falazmente se cree capaz de hacerlo todo, no sólo garantizar derechos, sino también satisfacer necesidades y defender intereses. ¿Tienes una necesidad insatisfecha? Es obligación del gobierno, ¡en su calidad de bien indispensable!, satisfacértela. ¿Quieres defender un interés? Es responsabilidad del gobierno, ¡en su calidad de bien indispensable!, defenderlo. Y si creen que exagero nada más atiendan al discurso de los políticos, a los programas de los gobiernos, a sus prepuestos de egresos, y se darán cuenta de que no, no exagero, lo cual quiere decir que tenemos el gobierno metido hasta la cocina, exigiendo de los ciudadanos una parte de sus ingresos, de su libertad, de su responsabilidad, incompatible con la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, es decir, con la convivencia civilizada. Gobierno, ¿un bien indispensable? No, sólo un mal necesario.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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