DOMINGO, 23 DE MARZO DE 2014
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“La libertad es libertad, no es igualdad, ni justicia, ni felicidad humana, ni una conciencia tranquila.”
Isaiah Berlin

Berlin señala, atinadamente, lo que la libertad no es, lista a que le podemos añadir la omnipotencia: la libertad no es omnipotencia, es decir, poder para lograr todo lo que se quiere, sino solamente, suponiendo que estén dadas las condiciones para ello, es decir, que nadie (un déspota) ni nada (una ley injusta) lo impida o prohíba, posibilidad de intentarlo, pero sin ninguna garantía de éxito, por lo que el ejercicio de la libertad supone siempre, en mayor o menor medida, la incertidumbre: nunca estamos ciertos de lograr lo que nos proponemos, pero la probabilidad de conseguirlo aumenta considerablemente cuando podemos actuar libremente, lo cual quiere decir con una sola condición: que al hacerlo no violemos los derechos de los demás.

Confundir la libertad con la omnipotencia, lo cual supondría suscribir algún tipo de voluntarismo extremo: basta con querer algo para lograrlo (que no fue el voluntarismo propuesto, ni por Duns Scoto en la Edad Media, ni por Arthur Schopenhauer en la Modernidad), sobre todo al constatar que el ser humano dista mucho de ser omnipotente, puede desembocar en la negación de la libertad: dado que el ser humano no lo puede todo, ¡ni siquiera lo que solamente quiere (aceptando que puede no quererlo todo)!, es que no es libre, y si no es libre ¿cómo descalificar, por ejemplo, la conducta del déspota (que tampoco actuaría libremente, por lo que ¿cómo responsabilizarlo por sus acciones?), o lo exigido por las leyes injustas (que no fueron redactadas en libertad, por lo que tampoco habría manera de responsabilizar a quienes las redactaron)? Si no hay libertad no hay responsabilidad, y si no hay responsabilidad todo vale. ¿Todo vale?

No, la libertad no es omnipotencia, es decir, poder para lograr todo lo que se quiere, pero el que no sea omnipotencia no quiere decir que no sea una fuerza muy potente, tal vez la más potente de la que tengamos noticia, con la condición de que al ser humano se le deje practicarla con una sola limitante, la ya citada en el párrafo anterior: que al hacerlo no se violen los derechos de los demás. Fuerza muy potente. ¿Cuántos de los más grandes logros de la humanidad, en los múltiples terrenos de la acción humana –desde el arte hasta la ciencia, desde la especulación hasta la técnica–, no se le deben a la libertad, es decir, a la posibilidad, al margen de déspotas y leyes injustas, de intentar aquello que creemos vale la pena intentar, y que vale la pena intentarlo porque el resultado será una mejora y un avance; más prosperidad y menos precariedad; más riqueza y menos pobreza?

¿Es mera casualidad, o estricta causalidad, que los países en los cuales existe una mayor libertad económica se logren mayores niveles de bienestar? ¿Es mero capricho arbitrario, o por el contrario exigencia razonada, el acento que las buenas teorías económicas ponen en la libertad para trabajar, emprender, invertir, producir, distribuir, intercambiar, consumir y ahorrar, como condición necesaria para lograr mayor progreso económico, definido como la capacidad para producir más y mejores bienes y servicios, para un mayor número de gente? ¿Esa capacidad no supone la libertad para, de entrada, invertir, emprender y producir, todo ello con la intención de servir al consumidor?

La libertad, de entrada, es la capacidad de todo ser humano para decidir (y decidirse) y elegir (y elegirse), y, de salida, debe ser la posibilidad de intentar el logro de aquello que se ha decidido, de lo que se ha elegido, lo cual en el ámbito de la economía supone la libertad para trabajar, emprender, invertir, producir, distribuir, intercambiar, consumir y ahorrar, con la única –ojo: única– condición de que al intentarlo no se violen los derechos de los demás. La libertad, de salida, demanda un marco institucional (reglas del juego) que reconozca plenamente, defina puntualmente y garantice jurídicamente, la libertad individual, y la que es su condición de posibilidad: la propiedad privada, algo que, en vez de ser la regla, es la excepción.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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