DOMINGO, 15 DE JUNIO DE 2014
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“Lo que es justo se ha debatido por siglos, pero permítame ofrecerle mi definición de justicia social: Yo me quedo lo que gano y usted se queda lo que gana. ¿No está usted de acuerdo? Bueno, entonces dígame cuánto de lo que gano le ‘pertenece’ y por qué.”
Walter Williams

Si hay algún sustantivo que pierde sustancia al adjetivarse ese sustantivo es justicia, sobre todo si el adjetivo es social, lo cual no quiere decir que la justicia no sea una virtud que sólo puede practicarse en sociedad, siendo la práctica de tal virtud la que le da a la convivencia entre personas el carácter de civilizada.

Si por justicia entendemos, con Ulpiano, la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo suyo, y si lo suyo de cada quien es el derecho de cada cual, entonces esa inmutable y perenne voluntad solamente puede darse allí donde hay dos o más personas, y entre ellas se establecen relaciones de convivencia (que pueden ser de complementariedad, de competencia, de ayuda mutua, etc.). En el caso de la persona aislada (por ejemplo: el náufrago) la justicia resulta imposible, y ello es así dada la definición de derecho, que es precisamente aquello que la persona justa respeta, derecho cuyo respeto que es el objeto propio de la justicia.

Derecho es todo aquello que, en alguien, demanda el cumplimiento de una obligación de parte de alguien más, de tal manera que si ese alguien más no existe (por ejemplo: en el caso del náufrago solitario), tampoco puede existir esa obligación, lo cual hace imposible la existencia de derecho alguno, definido –insisto en este punto– como todo aquello que, en una persona, exige el cumplimiento de una obligación de parte de otra persona.

Si la justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo suyo; si lo suyo de cada quien es el derecho de cada cual; si el derecho es todo aquello que en alguien demanda el cumplimiento de una obligación de parte de alguien más, de tal manera que el derecho es un fenómeno social, entonces la justicia también es ese tipo de fenómeno, social, y así es como Williams la entiende. La justicia supone que cada uno respeta los derechos de los demás, y ese respeto es un fenómeno social, ya que solamente puede darse en sociedad, es decir, allí donde existen relaciones de convivencia, por lo menos, entre dos personas, lo que no sucede con Robinson Crusoe sólo en su isla, pero sí ocurre en el momento en el cual aparece Viernes, y entre éste y aquel comienzan a darse relaciones de convivencia.

La justicia, fenómeno social por naturaleza, supone, entre otras cosas, que cada quien se queda con el producto de su trabajo, lo cual supone la obligación de cada cual de respetar el derecho de propiedad de cada quien, algo que la llamada justicia social (en el sentido en el que los socialistas/colectivistas/redistribuidores usan el término) no reconoce ni acepta, ya que quienes la defienden (prácticamente todos los gobernantes de todos los partidos políticos) están convencidos de que tienen el derecho de obligar a las personas a entregarles parte del producto de su trabajo, para dárselo a quienes lo crean más conveniente, por el motivo que consideren más adecuado (que puede ir desde dar de comer al hambriento hasta comprar el voto de un elector potencial).

La justicia social se practica quitándole a A lo que es de A para darle a B lo que no es de B, lo cual, al margen de cuánto tiene A, cuánto se le quita a A, cuánto necesita B, y cuánto se le da a B, no deja de ser un robo legal, es decir, el cobro de impuestos con fines redistributivos, sin olvidar que el cobro de impuestos no supone otra cosa sino obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo, lo cual resulta doblemente grave cuando dicho cobro se hace con fines redistributivos, tal y como es costumbre, violándose la verdadera justicia social, a la que se refiere Williams.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.

 

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