DOMINGO, 22 DE MAYO DE 2016
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“El respeto al derecho ajeno es la paz o, dicho de otra manera, la práctica de la justicia es la convivencia civilizada. Esta es la esencia del liberalismo. ¿Alguna objeción?”
Arturo Damm Arnal

La frase es de Benito Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz. ¿Y qué otra cosa, sino la justicia, es el respeto a los derechos de los demás? Según la clásica definición de Ulpiano, la justicia es la constante y perene voluntad de darle a cada quien lo suyo, siendo lo suyo de cada quien el derecho de cada cual. La justicia es el respeto a los derechos de los demás, y el resultado de la justicia es la convivencia civilizada, la paz, entre las naciones y entre los individuos. Y todo ello es la esencia del liberalismo, en el sentido clásico del término.

¿Qué es el liberalismo? Es el arreglo institucional (sobre todo normas jurídicas) que reconoce plenamente, define puntualmente y garantiza jurídicamente la libertad individual y la propiedad privada. Son las normas jurídicas (parte esencial de los arreglos institucionales) a favor del laissez faire (dejar trabajar) y del laissez avoir (dejar poseer el producto del trabajo), lo cual supone, con relación al laissez faire, que no hay actividades económicas vedadas a la participación de los particulares y, con relación al laissez avoir, que no se cobran impuestos con fines redistributivos. Y eso, el respeto al laissez faire y al laissez avoir,es el respeto a los derechos de la persona y, consiguientemente, la paz.

Laissez faire (dejar trabajar) tiene que ver con el respeto a la libertad individual, siempre y cuando el trabajo que se quiera realizar no suponga la violación de algún derecho de alguien más. Laissez avoir (dejar poseer el producto del propio trabajo) tiene que ver con el respeto a la propiedad privada, siempre y cuando esa posesión no suponga la violación del derecho de alguien. Respeto a la libertad individual, respeto a la propiedad privada, ¿de parte de quién? En primer lugar del gobierno, cuya tarea esencial es hacer respetar los derechos de los ciudadanos (de entrada los naturales: vida, libertad, propiedad), para lo cual lo primero que tiene que hacer es respetarlos él mismo, algo que no sucede.

Hoy las principales agresiones en contra de los derechos de las personas provienen de los gobiernos, y su causa, paradójicamente, se encuentra en la arbitraria identificación de necesidades con derechos: “derecho” a la educación, a la alimentación, al agua, al medio ambiente sano, a la vivienda, “derechos” que tienen como contrapartida la obligación del gobierno de garantizarlos, es decir, de satisfacer esas necesidades proveyendo los satisfactores para ello, momento de preguntar de dónde saca el gobierno desde las aulas hasta las casas, siendo la única respuesta posible: de los bolsillos de los contribuyentes, lo que supone el cobro de impuestos con fines redistributivos, mismos que violan el derecho al laissez avoir.

Gobernar se ha vuelto sinónimo de redistribuir, de no respetar el derecho de la persona al producto de su trabajo, de obligar a X a ayudar a Y, obligación que ni el gobierno ni la ley hacen justa, redistribución que es injusta porque nadie, comenzando por el gobierno, tiene el derecho de obligar a X a ayudar a Y. La ayuda que X le brinde a Y debe de ser voluntaria. El problema, insisto, es que hoy gobernar se ha vuelto sinónimo de redistribuir, algo que resulta antiliberal. Y, sin embargo, pocos lo reconocen y menos hacen algo al respecto. ¿Por qué? Porque el gobierno ha tenido éxito en hacerle creer al ciudadano que las necesidades son derechos y que esos derechos (necesidades) debe garantizarlos (satisfacerlas) el mismo gobierno. Esto lo creen, inclusive, muchos liberales, que no acaban de entender la relación entre propiedad privada y libertad individual, siendo la primera la condición de posibilidad del ejercicio de la segunda. Limitas la primera (laissez avoir) y limitas la segunda (laissez faire).

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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