LUNES, 13 DE JUNIO DE 2016
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“El problema con el mundo es que los tontos y los fanáticos están muy seguros de sí mismos.”
Bertrand Russell

Para los guberrnamentólatras (desde mercantilistas hasta keynesianos, desde socialistas hasta comunistas, etc.), lo dicho por Russell se aplica a los liberales, a quienes los guberrnamentólatras ven como tontos (en el mejor de los casos) o como fanáticos (en el peor), y siempre prejuiciados por su visión de lo que la sociedad debe ser. Los liberales, y con ello quiero decir los verdaderos liberales, ¿tenemos prejuicios y por ello somos tontos pudiendo llegar a ser fanáticos?

Los liberales defendemos la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal. Por ello estamos a favor del laissez faire (dejar trabajar) y del laissez avoir (dejar poseer el producto del trabajo). Defendemos la libertad individual con un solo límite: el respeto a los derechos, ¡que realmente lo sean, y que no sean necesidades y/o intereses identificados falsamente como derechos!, de los demás. El liberal puede decir: “Respetando los derechos de los demás, ¡haz lo que quieras!”, paráfrasis de la frase agustiniana. “Ama, y haz lo que quieras”.

Los liberales tenemos una sola visión de la sociedad: una comunidad de personas en la cual la única virtud que se impone por la fuerza es la justicia (no dañar a los demás), dejando la práctica de la beneficencia (ayudar a los demás) y de la prudencia (no dañarse uno mismo) a la decisión de cada quien, lo cual no quiere decir que no valoremos la beneficencia y la prudencia. Al contrario: reconocemos que para que estas dos virtudes tengan valor ético se requiere que se practiquen voluntariamente. Los liberales reconocemos que a lo único a lo que debe obligarse al ser humano es a no hacerle daño a los demás (justicia), no a hacerles el bien (beneficencia), no a no dañarse (prudencia). Reconocemos que por lo único por lo que debe castigársele es por dañar a los demás (injusticia), no por no hacerles el bien (indiferencia), no por hacerse el mal (imprudencia). La justicia es una realidad legal. Le beneficencia y la prudencia son éticas.

A quien defiende la libertad individual, la propiedad privada y la responsabilidad personal, reconociendo que el único límite al ejercicio de la primera debe ser el respeto a los derechos de los demás (justicia), ¿se le puede llamar fanático? A quien tiene como único proyecto social una sociedad en la cual la justicia sea la única virtud que, por la fuerza, se le exija a los ciudadanos, dejando que sean ellos quienes decidan si también practican la beneficencia y la prudencia, ¿puede llamársele fanático? A quien defiende el laissez faire (dejar trabajar) y e laissez avoir (dejar poseer el producto del trabajo), ¿se le puede llamar fanático?

Estar a favor de la libertad individual, de la propiedad privada y de la responsabilidad personal; de la práctica obligatoria de la justicia y del ejercicio voluntario de la beneficencia y la prudencia; del dejar trabajar (laissez faire) y dejar poseer el producto del trabajo (laissez avoir), ¿supone prejuicios?

El único ideal que perseguimos los liberales es el de la sociedad de personas verdaderamente libres, verdaderamente propietarias, verdaderamente responsables. Más allá de esto no tenemos un proyecto de nación. Es más, rechazamos tales proyectos, convencidos de que lo que se requiere no es un proyecto de nación sino una nación en la cual cada quien, respetando los derechos de los demás, y sin ningún privilegio gubernamental, pueda sacar adelante sus proyectos, algo que hoy muchos no aceptan, convencidos de que lo que hace falta es un proyecto de nación, cuya causa no es más que la tontería, y cuya consecuencia bien puede ser el fanatismo.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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