LUNES, 30 DE ENERO DE 2017
El punto sobre la i
Usted cree que en estos momentos México es...
Un país estable y sin crisis
Un país en bancarrota

Arturo Damm





“El nacionalismo económico (consumir lo hecho en el país de uno, aunque sea más caro), debe ser una decisión personal, no una política gubernamental.”
Othmar K. Amagi

La tentación es considerable: prohibir las importaciones para proteger, de la competencia que las mismas traen consigo, a los productores nacionales, siempre con el pretexto de incentivar la creación de empleos, siempre con el fin de que en el país se consuma lo producido en el país. ¿Qué tenemos? Nacionalismo económico.

La tentación de prohibir las importaciones aumenta cuando el gobierno de otro país, con el que se tenían relaciones comerciales, aplica medidas proteccionistas en contra de las exportaciones de tu país. Muchos creen, desde la óptica del nacionalismo económico, que lo correcto es “proteccionismo por proteccionismo, prohibición por prohibición”, lo cual desata guerras comerciales en la cuales, como sucede en cualquier guerra, pagan justos por pecadores, guerras comerciales que son, desde el punto de vista de la ética injustas y, desde el punto de vista de la economía ineficaces. Injustas porque, al prohibir las importaciones, no se reconoce el derecho del consumidor nacional a la libertad para comprar, lo que le dé la gana, a quien le dé la gana, en donde le dé la gana. Ineficaces porque, prohibiendo las importaciones, se reduce la oferta de bienes, se incrementa la escasez de los mismos, aumentan sus precios y se reduce el bienestar del consumidor. El nacionalismo económico, cuando es impuesto por el gobierno, resulta injusto e ineficaz. En todo caso, como lo señala Amagi, debe ser el resultado de la decisión personal del consumidor, no de una política gubernamental.

Si un consumidor, por considerar (equivocadamente) que en ciertas circunstancias, o en cualquiera de ellas, lo correcto es comprar lo hecho en su país, aunque el precio sea mayor y la calidad inferior en comparación con la mercancía importada, debe tener la libertad para comprar lo hecho en su país, aunque ello afecte su nivel de bienestar (mayores precios igual a menores compras, igual a mayor escasez, igual a menor bienestar), y reduzca el incentivo más eficaz (¿único?) para que los productores nacionales se vuelvan, a partir de una mayor productividad (la capacidad para hacer más con menos), más competitivos (capaces de ofrecer a menor precio, con mayor calidad, y con mejor servicio), siempre en beneficio de los consumidores. Amagi acierta al respecto: consumir lo hecho en el país de uno, aunque sea más caro, debe ser la consecuencia de una decisión personal, no de una política gubernamental. En el primer caso, decisión personal, no hay injusticia (nadie limita la libertad del consumidor para comprar lo que le dé la gana, a quien le dé la gana, y donde le dé la gana), pero sí ineficacia (el consumidor paga un precio mayor, enfrenta mayor escasez, reduce su bienestar). En el segundo caso sí hay injusticia (el gobierno impide que el consumidor nacional compre lo que le dé la gana, a quien le dé la gana, y donde le dé la gana) y además hay ineficacia (mayor precio, más escasez, menor bienestar).

¿Qué debe hacer un país que enfrenta, de parte del gobierno de otro país, la agresión proteccionista? ¿Responder de forma proteccionista, “prohibición por prohibición”, dando lugar a una guerra comercial? No: las medidas proteccionistas del gobierno de un país en contra de otro, por sí solas, no son capaces de iniciar una guerra comercial. Lo que la inicia es la respuesta, también proteccionista, del gobierno del país agredido, proteccionismo que genera menor producción, menos empleos, menores ingresos, es decir, contracciones económicas que bien pueden desembocar en recesiones. El proteccionismo contrae los mercados y, si los mercados se contraen, hay que producir menos, despedir trabajadores, generar menos ingresos. ¿Resultado? Recesión. Esta es la consecuencia del nacionalismo económico, del proteccionismo comercial.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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