LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2017
El punto sobre la i
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Arturo Damm





“No nacemos iguales: llegamos a ser iguales como miembros de un grupo por la fuerza de nuestra decisión de concedernos mutuamente derechos iguales.”
Hannah Arendt

¿Existe o no una igualdad esencial en los seres humanos? Arendt afirma que no nacemos iguales, desigualdad que, en más de un sentido, es un dato empírico, innegable: en cuerpo, en inteligencia, en capacidades, en intereses, en carácter, y en muchas otras dimensiones, los seres humanos somos desiguales, desigualdad que nos hace complementarios, desigualdad que, al ser variedad, hace posible que cada uno de nosotros aporte algo distinto a los demás, enriqueciendo a la humanidad. En este sentido, y solo en este, los seres humanos no nacemos iguales.

Sin embargo, afirma Arendt, los seres humanos llegamos a ser iguales, como miembros de un grupo, por la decisión de concedernos los mismos derechos, lo cual quiere decir que llegamos a la igualdad no de cuerpo, inteligencia, capacidades, intereses, carácter, etc., sino de derechos, y llegamos a ella porque así lo hemos decidido, siempre dentro de los límites impuestos por un grupo, lo cual no es cierto: no tenemos los mismos derechos porque así lo hayamos decidido, sino porque así fuimos concebidos. En todo caso decidimos reconocer esos derechos y redactar y promulgar leyes para garantizarlos. Se trata de los derechos naturales, con los que la persona es concebida (es un error afirmar que los naturales son los derechos con los que la persona nace: una persona, un minuto antes de nacer, ¿no tiene derechos?), comenzando por el derecho a la vida, que debe respetarse haya o no una ley positiva que lo reconozca y garantice como derecho de todo ser humano, por el hecho de serlo, ¡y por nada más!

Los derechos naturales, ¿existen? Para responder tengamos presente que derecho es todo aquello que, con relación a X, demanda el cumplimiento de una obligación de parte de Y, obligación que puede ser negativa (no hacer algo) o positiva (sí hacer algo). Con relación a cualquier ser humano recién nacido, ¿el resto de los seres humanos tiene alguna obligación que deba cumplirse por el simple hecho de que ese ser humano recién nacido es una persona? Sí, y esa primera obligación es la de respetar su vida, obligación cuya contrapartida es el derecho a la vida, mismo que puede dar lugar a una ley positiva, redactada y promulgada por el legislador para “aclarar las cosas”, para poner “los puntos sobre las íes”, porque nunca faltará quien no esté dispuesto a respetar ese derecho a la vida, y hay que dejárselo claro. Esa es la razón de ser del mandamiento “No matarás”, consecuencia del derecho previo. Lo dice Hayek: los derechos se descubren, las leyes se inventan.

Los seres humanos no nos concedemos derechos iguales: somos concebidos con los mismos derechos, comenzando por el derecho a la vida, derechos naturales que imponen la necesidad de imponernos las mismas leyes, única igualdad, ¡la igualdad ante la ley!, deseable y posible, lo cual no quiere decir que sea fácil (posibilidad y facilidad no son sinónimos).

Si los seres humanos tenemos ciertas obligaciones para con los otros seres humanos, por el simple hecho de que son personas, estén o no esas obligaciones recogidas en leyes positivas, entonces los derechos naturales son una realidad que impone límites a las leyes positivas, cuya función es reconocerlos plenamente, definirlos puntualmente y garantizaros jurídicamente, no inventarlos. Derechos inventados por el legislador y recogidos en leyes positivas no son derechos. Son necesidades o intereses identificados arbitrariamente como derechos, identificación arbitraria que hoy es la regla, lo cual tiene como consecuencia algo grave: la degradación de los verdaderos derechos y la expansión del quehacer gubernamental por la asunción de las responsabilidades de los ciudadanos.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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