LUNES, 24 DE JULIO DE 2017
El punto sobre la i
¿A usted le parece buena idea desperdigar el gobierno?
No
No sé

Arturo Damm





“No es muy poco razonable que los ricos deban contribuir al gasto público, no solo en proporción a su ingreso, sino en algo más que es proporción.”
Adam Smith

Tres preguntas debemos hacernos en torno a los impuestos: ¿para qué cobrarlos?, ¿a quién cobrarlos?, ¿cómo cobrarlos? Centro la atención, porque a ello se refiere la frase de Smith, en la última pregunta. ¿Cómo cobrarlos? La frase de Smith no deja lugar a dudas: de manera progresiva, de tal manera que los ricos paguen más que el resto de los contribuyentes, algo que parece justo. Suponiendo el impuesto al ingreso, lo acepto: quien genere más ingreso que contribuya más al gasto gubernamental. De acuerdo, ¿pero de qué manera?, porque hay dos formas de conseguirlo, una justa y la otra injusta. Y en materia de impuestos, es decir, de obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo, lo único aceptable es lo justo (justicia que, en el caso de los impuestos, tiene que ver con la pregunta: impuestos, ¿para qué?).

Supongamos a A, quien genera un ingreso de 1000 pesos, y a B que genera un ingreso de 2000. Supongamos un impuesto del 10 por ciento al ingreso. ¿Cuánto tributa A? 100 pesos. ¿Cuánto tributa B? 200. B genera el doble de ingreso que A (2000 y 1000 pesos, respectivamente) y tributa, peso sobre peso, exactamente el doble que A (200 y 100 pesos, respectivamente).

Cobrándole la misma tasa a todos los contribuyentes (A y B en este caso), se consigue la equidad (que todos paguen lo mismo) y la proporcionalidad (que quien genera más ingreso pague más impuestos). La equidad se logra por la tasa: todos pagan el 10 por ciento. La proporcionalidad se consigue por la suma aportada: quien genera más ingreso paga, peso sobre peso, más.

Si B genera el doble de ingreso que A, ¿no es justo que B contribuya al gasto gubernamental con el doble de recursos que A? Sí. Y esto, ¿cómo se logra? Tal y como se logó en el ejemplo: cobrándoles a los dos el mismo porcentaje, lo cual hace posible la equidad perfecta: a A y a B se les cobra el mismo porcentaje, y la proporcionalidad perfecta: B, que genera el doble de ingreso que A, paga, peso sobre peso, exactamente el doble que A. ¿Es esto a lo que se refiere Smith? No, seguramente él estaba pensando en un impuesto progresivo el ingreso: a mayor ingreso generado, mayor tasa. ¿Sería justo?

Supongamos que a B, por generar el doble de ingreso que A, se le aplica, no la tasa del 10 por ciento, sino el doble, un 20 por ciento. ¿Cuál sería el resultado? Que A, que genera ingreso por 1000, tributa 100, mientas que B, que genera un ingreso de 2000, tributa 400. B genera el doble de ingreso que A pero tributa, peso sobre peso, no dos veces más que A, sino cuatro veces más. A esto es a lo que se refiere Smith y, con él, todos los que están a favor del impuesto progresivo al ingreso: a mayor ingreso mayor tasa impositiva. Si B genera el doble de ingreso que A, ¿es justo que, peso sobre peso, pague cuatro veces más impuestos que A?

Tres son las preguntas que debemos hacernos con relación a los impuestos: ¿para qué cobrarlos?, ¿a quién cobrarlos?, ¿cómo cobrarlos? Primera respuesta: para financiar las legítimas tareas del gobierno (que son muchas menos de las que hoy realizan los gobiernos). Segunda: a todos, sin excepción. Tercera: de manera equitativa y proporcional, no progresiva, que resulta inequitativa. Desafortunadamente, la mayoría de quienes deciden estas cuestiones, sobre todo con relación a la tercera pregunta, responden: de manera progresiva, sobre todo si del ingreso se trata.

Por ello, pongamos el punto sobre la i.


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